lunes, 29 de octubre de 2018

UNA GUÍA PARA EUROPA




Viajar por en Europa en uno de esos planes baratos es una oportunidad para cuestionarnos a nosotros mismos y, también, para escudriñar la opinión que las guías españolas o tal vez todos los europeos tienen de los latinoamericanos en materia cultural.

En Madrid, por ejemplo, nos señalaron el edificio de donde se arrojó la bomba que por poco le quita la vida al rey Alfonso XIII y, una cuadra más adelante, el edificio donde probablemente estuvo encarcelado el rey de Francia, Francisco II. Entonces me pregunté por qué no se ampliaba la información: si era por la velocidad de esos paseos, porque la guía suponía que todos sabíamos de las circunstancias de esos hechos o simplemente se pensaba que a esos “pobres indiecitos” no les importa la historia.

Ya en Alemania sucedió algo más desconcertante. Mientras tomaba un café con la guía le pregunté por qué no había dedicado una parte de sus comentarios al evento tan importante de la Reforma protestante con motivo de sus 500 años. “Ya lo hice”, me contestó sin disimular cierto fastidio. “Cierto -le contesté- pero solo hablaste un minuto”. “Es suficiente”, me dijo.

Luego, dedicó la guía más de media hora a contarnos los chismes y desamores de Isabel de Baviera, mejor conocida como Sissi, esposa del emperador de Austria Hungría, Francisco José, de la dinastía de los Habsburgo. Recordemos que la historia de la neurótica y enferma Sissi se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX, después de revolución de 1848 que marcó el principio del fin de las monarquías europeas. Sin embargo, de aquello nada se dijo. Entonces empecé a dudar de la preparación de estas señoras.

Estuve a punto de parar el bus para bajarme cuando la guía, una italiana, nos informaba que estábamos pasando por el campo de Fiori en Roma. Quería rendir un homenaje a Giordano Bruno, llevado a la hoguera allí mismo por la Inquisición en el año 1600; también quería recordar la tragedia del pueblo judío cuando en esa misma plaza fueron quemados en el siglo XIII sus libros sagrados, como el Talmud y los textos de la cábala, porque contenían doctrinas que no se acomodaban a los dogmas católicos. Los libros eran “los herejes mudos” entonces

En Venecia sucedió un episodio muy desagradable. La guía italiana explicaba los orígenes de la devoción al evangelista san Marcos que da nombre a la plaza. “Debe ser una leyenda porque no se sabe quién o quiénes escribieron los evangelios”, comenté. “Es la fe, señor”, dijo la señora elevando su voz sin ocultar su fastidio.
Fuera de algunas referencias a los estilos arquitectónicos y a las obras de arte en los museos, la información histórica es escasa. Las guías europeas prefieren hablarnos del caníbal de Rotemburgo que de nuestras raíces culturales. Algo está fallando en las agencias de viaje. Tendré que viajar con Diana Uribe

No hay comentarios:

Publicar un comentario