Desde muy joven me inicié en el mundo
de los libros y pronto asumí como estrategia intelectual la investigación de
las opiniones contrarias al texto que estaba leyendo. No puedo entender a los
materialistas si no conozco las tesis de los idealistas, a Marx sin estudiar a
Smith, al cristiano sin oír al hereje; no se puede entender a Dios sin tener al
menos algunas opiniones del demonio. Tratar de entender al Otro fue la base de
mis estudios. Para ratificar ese método
he tenido la satisfacción de encontrar grandes pensadores actuales que me han
enseñado el engaño de las “diferencias”.
Para comprender esto en las actuales
condiciones de Colombia los invito a pensar en la ideología de quien ha sido
llamado “el anticristo” por algunos creyentes: Adolfo Hitler. En su análisis, los partidos convencionales,
distintos al comunista, les faltaba el fanatismo religioso o la fe ciega que
también se encontraba en el cristianismo y en el fascismo italiano. Por eso se
propuso darle este toque religioso al partido Nazi.
En nuestro caso colombiano o
latinoamericano la situación es similar. Esa forma de nueva religión laica o
sin Dios constituye el aspecto encantador de la izquierda para los jóvenes, la
comunidad LGBTI, el movimientos feminista, campesino, ecológico y alternativo. El
discurso elemental, fácil de entender, cargado de resentimiento, que siempre
está señalando a los “culpables”, de aplicación inmediata y que promete un
nuevo paraíso, identifica a la izquierda y a la derecha fascista o nazi con las
religiones dogmáticas de la verdad única.
Los partidos tradicionales
colombianos no ofrecen soluciones definitivas, carecen de fanatismo y no
motivan las locas reacciones absolutistas y dogmáticas de los Verdes,
Progresistas, Unión Patriótica y demás, fácilmente identificables con el
heroísmo de la lucha de clases y la destrucción definitiva del Otro para lograr
la paz y la libertad. Por eso, la izquierda encuentra en tales partidos
tradicionales el chivo expiatorio que debe ser sacrificado en el altar del
totalitarismo; “son ellos los malos, los corruptos, porque nosotros, el partido
de Maduro, Evo, Stalin, Lula, Ortega y Mao, somos los limpios redentores
dispuestos a dar la vida por los pobres”.
Ahora bien, lo que planteaba Hitler
hace un siglo es la más moderna teoría del siglo XXI para explicar la evolución
de la sociedad o los cambios políticos o religiosos. Si usted quiere ser un
líder político o religioso debe inventarse un cuento convincente que copie el
fanatismo de las religiones monoteístas o los partidos totalitarios. “Es la
religión la que crea las civilizaciones” y no al contrario, nos dice el
materialista Michel Onfray. Millares de estudiantes adolescentes lo seguirán si
lo logra; harán huelga de hambre y estarán dispuestos a dar la vida por su
partido o secta.
Los mismos que llevaron a Lula Da
Silva al poder, acaban de dar su voto a quien más se parece a Hitler en
Latinoamérica.
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