domingo, 4 de noviembre de 2018

EL OTRO



Desde muy joven me inicié en el mundo de los libros y pronto asumí como estrategia intelectual la investigación de las opiniones contrarias al texto que estaba leyendo. No puedo entender a los materialistas si no conozco las tesis de los idealistas, a Marx sin estudiar a Smith, al cristiano sin oír al hereje; no se puede entender a Dios sin tener al menos algunas opiniones del demonio. Tratar de entender al Otro fue la base de mis estudios.  Para ratificar ese método he tenido la satisfacción de encontrar grandes pensadores actuales que me han enseñado el engaño de las “diferencias”.

Para comprender esto en las actuales condiciones de Colombia los invito a pensar en la ideología de quien ha sido llamado “el anticristo” por algunos creyentes: Adolfo Hitler.  En su análisis, los partidos convencionales, distintos al comunista, les faltaba el fanatismo religioso o la fe ciega que también se encontraba en el cristianismo y en el fascismo italiano. Por eso se propuso darle este toque religioso al partido Nazi.

En nuestro caso colombiano o latinoamericano la situación es similar. Esa forma de nueva religión laica o sin Dios constituye el aspecto encantador de la izquierda para los jóvenes, la comunidad LGBTI, el movimientos feminista, campesino, ecológico y alternativo. El discurso elemental, fácil de entender, cargado de resentimiento, que siempre está señalando a los “culpables”, de aplicación inmediata y que promete un nuevo paraíso, identifica a la izquierda y a la derecha fascista o nazi con las religiones dogmáticas de la verdad única.

Los partidos tradicionales colombianos no ofrecen soluciones definitivas, carecen de fanatismo y no motivan las locas reacciones absolutistas y dogmáticas de los Verdes, Progresistas, Unión Patriótica y demás, fácilmente identificables con el heroísmo de la lucha de clases y la destrucción definitiva del Otro para lograr la paz y la libertad. Por eso, la izquierda encuentra en tales partidos tradicionales el chivo expiatorio que debe ser sacrificado en el altar del totalitarismo; “son ellos los malos, los corruptos, porque nosotros, el partido de Maduro, Evo, Stalin, Lula, Ortega y Mao, somos los limpios redentores dispuestos a dar la vida por los pobres”.

Ahora bien, lo que planteaba Hitler hace un siglo es la más moderna teoría del siglo XXI para explicar la evolución de la sociedad o los cambios políticos o religiosos. Si usted quiere ser un líder político o religioso debe inventarse un cuento convincente que copie el fanatismo de las religiones monoteístas o los partidos totalitarios. “Es la religión la que crea las civilizaciones” y no al contrario, nos dice el materialista Michel Onfray. Millares de estudiantes adolescentes lo seguirán si lo logra; harán huelga de hambre y estarán dispuestos a dar la vida por su partido o secta.

Los mismos que llevaron a Lula Da Silva al poder, acaban de dar su voto a quien más se parece a Hitler en Latinoamérica.


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