Volvamos a los años sesenta del siglo
pasado y tratemos de encontrar en ese tiempo los antecedentes de la situación
actual de nuestra patria. Hagamos, para ello, una composición de tiempo y lugar
y recordemos que en 1945 había terminado la Segunda Guerra Mundial, que
Alemania nazi había sido derrotada gracias a la intervención de los Estados
Unidos de Norteamérica y al ataque, por el flanco oriental, de Rusia, gobernada
desde 1924 por el tenebroso Stalin.
Cuando después de la muerte de Stalin
en 1954 se denunciaron sus errores y los millones de seres humanos muertos
durante su dictadura, los ideólogos consideraron los escritos de Marx, los de
su madurez, como supuesta causa de las fallas del sistema comunista y
decidieron revisar sus escritos de juventud, más idealistas. De esa visión
nació el concepto de una tercera vía o del socialismo con rostro humano,
respetuoso con las libertades individuales y las metas colectivas.
El control imperial de Rusia no
permitió que esas expresiones revisionistas del dogma marxista se intentaran en
Europa del este y, por ello, el 21 de agosto de 1968 Checoslovaquia fue
invadida por una fuerza descomunal de tanques, aviones y soldados, tal como lo
hicieron en otros países comunistas que intentaban liberarse en aquellos años.
Ante el fracaso total del régimen
comunistas en casi todo el mundo, con las excepciones de Cuba y Corea del
Norte, la izquierda aceptó su derrota, descartó la guerra de guerrillas como
mecanismo para la toma del poder y decidió modificar su ideología, participar
en elecciones y tratar de adaptarse al régimen democrático y capitalista: un socialismo
con rostro humano. De todos modos, en las mentes de los intelectuales
revolucionarios quedaron rezagos de la vieja ideología y la intención, más o
menos tácita, de volver a las mañas de Stalin o del Gran Timonel chino.
América Latina ha sido el laboratorio
de ensayo del nuevo socialismo que en Venezuela se disfrazó de Bolivariano y aquí
se llama “Colombia humana”. Las demandas enormes de países como China elevaron
los precios de materias primas como el petróleo y el carbón, circunstancia que,
unida a la falta de credibilidad de los partidos tradicionales, permitió los 15
minutos de “éxito” de Chávez, Lula da Silva y Correa, entre otros. La bonanza
de las materias primas permite a los neomarxistas crear subsidios para todo, de
una manera más radical a como lo hicieron Uribe Vélez y Juan Manuel Santos.
Eso significa que, en circunstancias
como las actuales, un gobierno de la izquierda no tendría nada para repartir.
Es decir, la posibilidad de que la izquierda tenga “éxito”, en una eventual
presidencia de Petro en el 2022, depende de que a Duque le vaya bien. También
tendría una buena opción la izquierda si se aplica el fracking sostenible, al que se oponen los mamertos porque Claudia
López sabe más que todos los geólogos del país.
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