Una perspectiva para analizar la violenta pelea que se viene presentando en Colombia a través de los medios y las redes sociales podemos encontrarla en la vieja discusión en torno a la ciencia, esto es, entre razón y fe, ciencia e ideología, misioneros y científicos, ilustración y romanticismo.
El pensamiento mágico dominó el mundo occidental hasta muy entrada la edad media cuando un clérigo inglés, Robert Grosseteste, muerto en 1253, inventó o planteó claramente el método científico. Como la iglesia tenía en Europa el monopolio de los libros o la cultura, las primeras reacciones contra la fe o el primitivismo cristiano aparecieron entre los mismos sacerdotes, motivo por la cual algunos de ellos terminaron en la hoguera.
Con la aparición de la imprenta en el siglo XV, la Reforma luterana en el XVI, los primeros grandes avances de la ciencia, la ilustración y la revolución industrial, la confrontación entre civilización y barbarie se tornó más fuerte, especialmente cuando en Inglaterra y Prusia (la Alemania actual) apareció el romanticismo como una respuesta a la revolución burguesa de la razón y de la democracia. En el mundo contemporáneo se mantiene ese pugna como un enfrentamiento entre la ciencia y las ideologías, sobre todo en países mal educados como el nuestro, pero que también se da en el primer mundo desarrollado.
Google y las redes están llenas de basura que sin fundamento atacan los cultivos transgénicos; en las consultas sobre minería en Colombia predomina la visión romántica de la izquierda que genera desempleo y miseria pero que no toca la minería ilegal; cuando se publican cartas abiertas de intelectuales, por lo general las firman poetas, artistas o literatos sin formación científica para impulsar consignas ideológicas; en las discusiones sobre los acuerdos de paz y la corrupción son más los planteamientos fáciles sin mayor soporte en las verdades económicas y políticas de la nación; muchas de las leyes aprobadas por el Congreso misionero terminan siendo inútiles o generando más daños que beneficios porque la ciencia no es convocada en las discusiones.
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