Señalaba en la nota anterior que
algunos pensadores contemporáneos han tomado una posición crítica frente a toda
la cultura occidental, en particular contra la filosofía y la tradición
judeocristiana. Para entendernos mejor,
partiré de los orígenes de la religión judía, tal como aparece en sus libros
sagrados, antes de referirme a la filosofía.
La validez del judaísmo se basa en una presencia, la de Yahvé, que
hablaba a los patriarcas y le entregó los diez mandamientos a Moisés en medio
de gran aparato.
Por los mismos años, en los siglos VI
y V antes de Cristo, los griegos iniciaban la filosofía o la versión de la
razón sobre el mundo y la condición humana. Allí también el soporte del
discurso o de la verdad es una “presencia” llamada “el Ser”. Como correspondía
a esa edad precientífica, los pensadores creían estar conociendo la realidad,
explicando el mundo y lo humano, por medio de su razón, y se imaginaban que la
presencia, el ser, estaba ahí, al frente, como el Dios de los hebreos, el
logos, la verdad.
Con el cristianismo, Dios y el Ser se
convierten en uno. Dios mismo toma un
cuerpo en Cristo, y el evangelista Juan lo llamaría el “logos”, la verdad o la
razón. La síntesis del pensamiento griego, politeísta y pagano, con el
judaísmo, monoteísta y trascendente, es lograda por san Pablo. Recordemos que
Pablo era judío, hablaba griego, y pensaba que con el cristianismo se acababan
todas las diferencias, somos una hermandad con un solo Dios, con una palabra
que solo tiene un significado y que no admite nuevas interpretaciones. Un solo
padre, una humanidad, un Dios, una autoridad, una verdad, una presencia, un
dogma.
Solo faltaba una espada como garantía
o condición del pensamiento único. Cuando el evangelista puso en labios de
Jesús aquello de “dad a Dios lo que es del Dios y a Cesar…” comenzó ese
coqueteo con el imperio que terminaría con un dañado y punible ayuntamiento en
las postrimerías del siglo IV. Un emperador cristiano y español, Teodosio el
Grande, y un papa también español, Dámaso I, fundaron la única verdad.
Occidente comenzó la oscura y larga noche de la Edad Media.
En el siglo XIII, se consolidó la
unión del cristianismo con la filosofía griega a través de la Escolástica y de
la Suma Teológica de Tomás de Aquino. Sin embargo, poco tiempo después empezaron
a surgir pensadores inconformes como el monje franciscano Guillermo de Ockham que
cuestionaba el sentido del lenguaje. También apareció por ese entonces en el
sur de Francia un movimiento místico y de nueva interpretación de los libros
sagrados del judaísmo conocido como la cábala.
La cábala buscaba un nuevo sentido en
los libros sagrados dando, por ejemplo, un número a cada letra, relacionando
distintos párrafos o textos e intentando explicar la situación adversa del
pueblo elegido. (Continuará)
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