viernes, 12 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS II

LA PRESENCIA


Señalaba en la nota anterior que algunos pensadores contemporáneos han tomado una posición crítica frente a toda la cultura occidental, en particular contra la filosofía y la tradición judeocristiana.  Para entendernos mejor, partiré de los orígenes de la religión judía, tal como aparece en sus libros sagrados, antes de referirme a la filosofía.  La validez del judaísmo se basa en una presencia, la de Yahvé, que hablaba a los patriarcas y le entregó los diez mandamientos a Moisés en medio de gran aparato.

Por los mismos años, en los siglos VI y V antes de Cristo, los griegos iniciaban la filosofía o la versión de la razón sobre el mundo y la condición humana. Allí también el soporte del discurso o de la verdad es una “presencia” llamada “el Ser”. Como correspondía a esa edad precientífica, los pensadores creían estar conociendo la realidad, explicando el mundo y lo humano, por medio de su razón, y se imaginaban que la presencia, el ser, estaba ahí, al frente, como el Dios de los hebreos, el logos, la verdad.

Con el cristianismo, Dios y el Ser se convierten en uno.  Dios mismo toma un cuerpo en Cristo, y el evangelista Juan lo llamaría el “logos”, la verdad o la razón. La síntesis del pensamiento griego, politeísta y pagano, con el judaísmo, monoteísta y trascendente, es lograda por san Pablo. Recordemos que Pablo era judío, hablaba griego, y pensaba que con el cristianismo se acababan todas las diferencias, somos una hermandad con un solo Dios, con una palabra que solo tiene un significado y que no admite nuevas interpretaciones. Un solo padre, una humanidad, un Dios, una autoridad, una verdad, una presencia, un dogma.

Solo faltaba una espada como garantía o condición del pensamiento único. Cuando el evangelista puso en labios de Jesús aquello de “dad a Dios lo que es del Dios y a Cesar…” comenzó ese coqueteo con el imperio que terminaría con un dañado y punible ayuntamiento en las postrimerías del siglo IV. Un emperador cristiano y español, Teodosio el Grande, y un papa también español, Dámaso I, fundaron la única verdad. Occidente comenzó la oscura y larga noche de la Edad Media.

En el siglo XIII, se consolidó la unión del cristianismo con la filosofía griega a través de la Escolástica y de la Suma Teológica de Tomás de Aquino. Sin embargo, poco tiempo después empezaron a surgir pensadores inconformes como el monje franciscano Guillermo de Ockham que cuestionaba el sentido del lenguaje. También apareció por ese entonces en el sur de Francia un movimiento místico y de nueva interpretación de los libros sagrados del judaísmo conocido como la cábala.

La cábala buscaba un nuevo sentido en los libros sagrados dando, por ejemplo, un número a cada letra, relacionando distintos párrafos o textos e intentando explicar la situación adversa del pueblo elegido.  (Continuará)

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