martes, 21 de agosto de 2018

LOS "INTELECTUALES"




Toda mi vida he guardado cierta bronca a los personajes que se autodenominan “intelectuales”, que también se aplican el remoquete de “progresistas” y presumen ser los paladines de la humanidad, los mejores, los especiales, a quienes el resto debemos escuchar y seguir con devoción. Con frecuencia leemos sus comunicados en los medios; pero si examinamos la lista, constatamos que son literatos, artistas, actores, profesores universitarios y estudiosos de las ciencias sociales, entre otros. Casi nunca aparecen auténticos científicos en el grupo.

Son defensores de lo políticamente correcto o de los postulados de la izquierda, como también admiradores de líderes políticos ignorantes como el chofer de bus venezolano, Evo-que-no-lee o el genocida dictador de Nicaragua.  Aunque se llaman “progresistas” todos ellos odian el progreso.  Desprecian la sociedad burguesa y el dinero, pero casi todos disfrutan de enormes ingresos.

Aunque se llaman intelectuales, desprecian los logros de la ciencia y viven convencidos de que su ideología resolverá los problemas de la humanidad a pesar de que en ningún país ha dado resultados positivos importantes y, por el contrario, solo ha generado hambrunas, injusticia y fracasos.  Tienen una inclinación especial a cuanta teoría de la conspiración se les ocurre y son los maestros del resentimiento y de la mala fe. No tienen ninguna moral a la hora de imponer sus convicciones.

Otro calificativo que los identifica es el de “alternativos” como si llevar la contraria a todos los logros humanos fuera su bandera. Son los obsesivos de la contracultura. Prefieren la acupuntura y la fitoterapia a la medicina convencional; les repugna el tratamiento penitenciario que la sociedad da a los criminales y, más bien, proponen un derecho penal alternativo, con penas irrisorias como los aplicadas por Santos a los crímenes de lesa humanidad de las FARC.  Claro que todo eso es de dientes para afuera porque cundo sienten el dolor opresivo precordial corren a pagar la mejor clínica de la ciudad y, cuando se ven involucrados en procesos penales, exageran el debido proceso que no reconocen a sus adversarios.  

Todos ellos han sabido aprovechar las oportunidades que ofrece nuestra maltrecha democracia y han convertido su actividad en un lucrativo negocio. Revistas, periódicos, canales de televisión, noticieros, fundaciones humanitarias, organizaciones no gubernamentales han sido una excelente oportunidad para enriquecer a estos negociantes de la fatalidad y el resentimiento. En un país con tantas falencias e injusticias, con la tradición religiosa que todo lo espera de la Divina Providencia o de los subsidios del Estado, hacer contracultura vende.

Como es muy fácil identificar los especímenes locales del resentimiento, señalaré los pensadores extranjeros que han inspirado a nuestros intelectuales de la revolución: Carlos Marx, Mao Zedong, Marcuse, Foucault, Nietzsche, Sartre, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Piketty, Stiglitz y todos los profetas de los desastres ecológicos, entre otros.  Algunos de ellos son conocidos como los maestros de la sospecha, calificativo perfectamente aplicable a nuestro “intelectuales” colombianos.

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