viernes, 24 de agosto de 2018

NUESTRA HISTORIA



Si en las elecciones presidenciales de este año, más de ocho millones de colombianos se mostraron partidarios de una eventual dictadura soportada en el Foro de Sao Paulo y amiga de los regímenes de Maduro, Ortega y Lula, entre otros, es completamente comprensible que la mayor parte de nuestros antepasados, con un 48 por ciento indígenas y un 25 por ciento de mestizos, apoyara el restablecimiento de la monarquía española ante la incertidumbre de un nuevo régimen controlado por una minoría de criollos o hijos ricos de españoles, en los tiempos de lo que se llamó, sin justificación, “la patria boba”.

De la misma forma, podemos establecer analogías con la actual situación fiscal del país y la reacción de la población humilde al anuncio de nuevos impuestos con los eventos que desencadenaron la rebelión de los comuneros de Charalá y Socorro por allá en 1781. Para ello, debemos recordar que los asesores del rey de España, Carlos III (1759 – 1788), habían iniciado una serie de reformas tomadas de los pensadores de la Ilustración que en materia tributaria habían producido muy buenos resultados en la economía de la colonia mexicana.

La reforma tributaria, como decimos hoy, creaba varios impuestos y el monopolio de la metrópoli sobre el negocio del aguardiente y el tabaco, lo que obviamente disgustó a quienes hoy llamamos santandereanos, grandes productores de tabaco. Era una rebelión de los ricos contra España. Como sucede hoy, los acuerdos de paz se acompañaron de decisiones bajo la mesa, aunque entre los negociadores no había ningún tahúr aspirante al premio Nobel que no existía. Como los paramilitares de hoy, las autoridades españolas descuartizaron a los líderes de la revuelta.

Si usted quiere más reflexiones sobre nuestra historia, preguntemos por el momento en que se oficializó la “mermelada” y los efectos que produjo. La asamblea constituyente de 1910 buscó mecanismos para detener la eterna guerra entre liberales y conservadores y estableció la representación proporcional de los partidos, que luego se reglamentó y ordenó dar un tercio de las curules al partido minoritario.  La “mermelada” logró carta de ciudadanía y trajo como consecuencia lógica la paz entre los partidos hasta 1948. Cuando la “mermelada” alcanzó rango constitucional, se acabaron las guerras civiles.  Tal vez en eso estaba pensando el expresidente Santos cuando llamó a las FARC para que se quedaran con una buena porción de mermelada (impunidad, curules en el Congreso, la JEP y una reforma rural que les garantiza el control de los campesinos) a cambio de que entregaran sus armas.

En las postrimerías del siglo XIX apareció Rafael Núñez, como una encarnación anterior de Álvaro Uribe, un liberal que se volvió godo y logró un acuerdo entre los liberales moderados y los conservadores para tomarse el poder no solo con un articulito sino con la nueva Constitución Nacional de 1886.

Todo colombiano debe leer la Historia Mínima de Colombia, de Jorge Orlando Melo.

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