viernes, 27 de julio de 2018

El 48




Cuando en nuestra patria se empezaban a definir los partidos liberal y conservador, y España sufría los efectos de una guerra civil entre los Carlistas o seguidores de Carlos y la mediocre niña-reina Isabel II, el resto de Europa debía escoger entre una salida violenta o revolucionaria y un cambio gradual de las instituciones.

Con la derrota de Napoleón, en 1815 los regímenes monárquicos se restablecieron, se organizaron bajo la dirección del conde Klemens von Metternich, líder del imperio Austria Hungría, regentado por los Habsburgo. Príncipes, reyes y emperadores no estaban dispuestos a permitir otro alzamiento como la Revolución Francesa de 1789 para lo cual organizaron diversas formas de represión y alianzas.

Buena parte del sur de la Alemania actual era dominada por la misma casa de Austria, en tanto que otras familias nobles controlaban Prusia; en Rusia, los Romanov maltrataban al pueblo; el imperio Otomano, musulmán, con sede en Estambul, controlaba Grecia, los Balcanes y parte de Europa Oriental.  Italia estaba también repartida entre Austria, los borbones y la Iglesia Católica con algunas regiones independientes, entre ellas Piamonte Cerdeña, la más rica, al noroeste.

Con los primeros intentos revolucionarios de 1848 contra Austria, Metternich renunció mientras en Francia llegaba al trono Napoleón III. Las injusticias, los abusos de las monarquías, la crisis económica, el nacionalismo, el intento de unificar a Italia y otros pueblos, la influencia de los principios de la Revolución Francesa, el romanticismo, el socialismo naciente y hasta el anarquismo motivaron la aparición de muchos movimientos liberales, nacionalistas y libertarios.

Inglaterra, que había empezado la democracia en 1688 con la monarquía constitucional de Guillermo de Orange, más los logros de los Estados Unidos de Norteamérica con su democracia joven, inspiraron a los europeos en la búsqueda de cambios sociales graduales, precisamente ese año de 1848 cuando Marx Y Engels lanzaban su Manifiesto Comunista en el que se consagraba la lucha de clases y la violencia como la mejor forma de lograr la justicia social.

Las monarquías se hicieron constitucionales, lo que obligaban al rey a respetar la Ley; el absolutismo real fue remplazado por el gobierno del primer ministro; se amplió progresivamente el derecho al voto, se suprimieron las viejas instituciones, y la democracia se afianzó lentamente en toda Europa; el poder se distribuyó entre el gobierno, los parlamentos o asambleas y los jueces.  Los jóvenes luchaban por la libertad, no para imponer una dictadura como hoy.

Los líderes del cambio surgieron de todas las clases sociales, algo que el mismo Marx no captó cuando en 1849 participó en las manifestaciones populares de París y otras ciudades. Garibaldi, Mazzini, Cavour, Bismarck, Disraeli, Napoleón III y muchos otros iniciaron el cambio democrático que se consolidó en el siglo XX.

En 1881 Colombia se adelantó a la mayoría de los estados europeos y consagró su Constitución democrática.  Sin embargo, algo no funcionó bien aquí.

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