Cuando en nuestra patria se empezaban
a definir los partidos liberal y conservador, y España sufría los efectos de
una guerra civil entre los Carlistas o seguidores de Carlos y la mediocre niña-reina
Isabel II, el resto de Europa debía escoger entre una salida violenta o revolucionaria
y un cambio gradual de las instituciones.
Con la derrota de Napoleón, en 1815
los regímenes monárquicos se restablecieron, se organizaron bajo la dirección
del conde Klemens von Metternich, líder del imperio Austria Hungría, regentado
por los Habsburgo. Príncipes, reyes y emperadores no estaban dispuestos a permitir
otro alzamiento como la Revolución Francesa de 1789 para lo cual organizaron
diversas formas de represión y alianzas.
Buena parte del sur de la Alemania
actual era dominada por la misma casa de Austria, en tanto que otras familias
nobles controlaban Prusia; en Rusia, los Romanov maltrataban al pueblo; el
imperio Otomano, musulmán, con sede en Estambul, controlaba Grecia, los Balcanes
y parte de Europa Oriental. Italia
estaba también repartida entre Austria, los borbones y la Iglesia Católica con
algunas regiones independientes, entre ellas Piamonte Cerdeña, la más rica, al noroeste.
Con los primeros intentos
revolucionarios de 1848 contra Austria, Metternich renunció mientras en Francia
llegaba al trono Napoleón III. Las injusticias, los abusos de las monarquías,
la crisis económica, el nacionalismo, el intento de unificar a Italia y otros
pueblos, la influencia de los principios de la Revolución Francesa, el
romanticismo, el socialismo naciente y hasta el anarquismo motivaron la
aparición de muchos movimientos liberales, nacionalistas y libertarios.
Inglaterra, que había empezado la
democracia en 1688 con la monarquía constitucional de Guillermo de Orange, más
los logros de los Estados Unidos de Norteamérica con su democracia joven,
inspiraron a los europeos en la búsqueda de cambios sociales graduales,
precisamente ese año de 1848 cuando Marx Y Engels lanzaban su Manifiesto Comunista
en el que se consagraba la lucha de clases y la violencia como la mejor forma
de lograr la justicia social.
Las monarquías se hicieron
constitucionales, lo que obligaban al rey a respetar la Ley; el absolutismo
real fue remplazado por el gobierno del primer ministro; se amplió
progresivamente el derecho al voto, se suprimieron las viejas instituciones, y
la democracia se afianzó lentamente en toda Europa; el poder se distribuyó
entre el gobierno, los parlamentos o asambleas y los jueces. Los jóvenes luchaban por la libertad, no para
imponer una dictadura como hoy.
Los líderes del cambio surgieron de
todas las clases sociales, algo que el mismo Marx no captó cuando en 1849
participó en las manifestaciones populares de París y otras ciudades.
Garibaldi, Mazzini, Cavour, Bismarck, Disraeli, Napoleón III y muchos otros
iniciaron el cambio democrático que se consolidó en el siglo XX.
En 1881 Colombia se adelantó a la
mayoría de los estados europeos y consagró su Constitución democrática. Sin embargo, algo no funcionó bien aquí.
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