martes, 29 de diciembre de 2020

DEL ALMA AL ALGORITMO

 


Hace apenas unos setenta años o menos, se enseñaba que las facultades del alma eran la inteligencia y la voluntad; pero por esa misma época empezó a negarse la existencia del alma, cambió la visión del hombre y aprendimos lo que las ciencias habían descubierto muchos años antes: no somos cuerpo y alma, sino mente y cuerpo. Nuestros maestros viven desactualizados.

 

La mente mantuvo ciertas características que la diferenciaban del cuerpo y entonces se llamó “lo psicológico”. El cuerpo era material o genético y, por el contrario, lo psicológico conservaba ciertas connotaciones del “alma” completamente independientes de la materia. Se pensaba que la psicoterapia actuaba sobre la mente y los fármacos sobre el cerebro. Ahora sabemos que no es así.

 

Se explicaba, por ejemplo, que la disfunción sexual masculina obedecía en un 75 por ciento de los casos a factores psicológicos, en tanto que el 25 por ciento restante era causado por patologías orgánicas como la diabetes, la hipertensión y algunas drogas. Nadie hablaba por aquel entonces de que lo psicológico o adquirido pudiese modificar los genes y el cerebro. Una droga usada para el tratamiento de la hipertensión tenía un efecto secundario en la actividad sexual de los varones, el sildenafil o Viagra. Como muchos caballeros mejoraron su desempeño con el medicamento, de manera arbitraria se intercambiaron los porcentajes: el 75 % de casos de la disfunción sexual se atribuyeron al cuerpo; el resto, a problemas emocionales o psicológicos.

 

El psicólogo freudiano, Bruno Bettelheim, acuñó la expresión “madre nevera” para culpabilizar a las madres de niños autistas por el trastorno de sus hijos. Con esa expresión quería negar el carácter genético del autismo y atribuir el trastorno a la falta de afecto de la madre. Esa teoría es completamente desechada hoy. El autismo es genético por una mutación en el cromosoma 7 que transmite el padre a algunos hijos

 

Asimismo, el enfoque de género o feminismo marxista incluido en el Acuerdo de paz se creó por aquella época, segunda mitad del siglo XX, para negar el condicionamiento de la naturaleza humana o la biología en el género sexual y considerarlo exclusivamente una creación simbólica o performativa de los padres en la sociedad patriarcal y capitalista. Ser homosexual o transgénero es “culpa” de los padres. Aunque esa teoría es falsa, sigue siendo la base de la ideología marxista.

 

La mecánica cuántica borró el cuerpo porque es una simple elaboración mental; somos definidos hoy por lo que pensamos, por nuestros relatos, tanto los inscritos en nuestros genes como los grabados por los otros o la cultura en nuestro cerebro. Somos discurso o lo que creemos; seres simbólicos, programas virtuales o algoritmos cerebrales. No hay sujeto. Sin embargo, también somos lo que comemos porque la dieta ayuda a configurar nuestras emociones, la salud y la enfermedad. Lo que antes llamábamos espíritu es lo cuántico, según algunos.

 

Que el año nuevo sea mejor para todos.

 

 

 

martes, 22 de diciembre de 2020

LA ESTRELLA DE BELÉN

 


En los últimos años hemos asistido a una disminución significativa de los comentarios sobre el nacimiento de Jesús, seguramente por los avances científicos e históricos que muestran el carácter mitológico de esos eventos. Como nuestros cuatro evangelios se empezaron a escribir después del año 70, unos cuarenta años después de la muerte del crucificado, la única referencia con que contaban los seguidores de Saulo de Tarso era la Torá o escrituras sagradas de los judíos que habían sido traducidas al griego en Egipto.

La labor de los evangelistas consistió en atribuir a Jesús algunos comentarios de esas escrituras para mostrarlo como el mesías o salvador del mundo, con unas características distintas a las que imaginaban los hebreos. El evangelio de Mateo, por ejemplo, intenta presentar a Jesús como el nuevo Moisés y para ello reproduce el mito del infanticidio ordenado por el Faraón, pero esta vez atribuido a Herodes.

La prensa internacional aprovechó la alineación de los planetas Júpiter y Saturno de esta semana para recordar una de las interpretaciones de lo que pudo ser la estrella de Belén que anunció a los magos venidos de Oriente el nacimiento del Salvador, en el mismo evangelio de Mateo como parte importante del libreto. Aunque los astrónomos han descubierto que a comienzos del siglo I se presentó tal alineación, no tiene ninguna relación con el nacimiento de Jesús ocurrida años antes, tal vez en el año 6 antes de nuestra era. Además, el mito de los magos quería mostrar el sometimiento de los persas y otros pueblos al nuevo líder religioso.

El sacerdote Alfonso Llano Escobar, quien acaba de fallecer, nos recordaba en un libro que publicó en 2008, Confesión de fe crítica, que las investigaciones realizadas por teólogos, historiadores y arqueólogos nos estaban cambiando nuestra fe de carbonero desde las últimas tres décadas del siglo XX. El jesuita nos invitaba a acomodarnos a estos cambios.

La lectura del segundo libro del Dr. Carlos Jaramillo, El milagro antiestrés, y el documental de Netflix, Heal, nos pueden mostrar el camino de una nueva interpretación de los evangelios, pero no ya como ratificación de la verdad única del cristianismo, sino como la posibilidad de una nueva ética, el encuentro con las religiones de oriente y una síntesis maravillosa de las nuevas ciencias del siglo XXI con las religiones de todos los pueblos.

Entre esas nuevas ciencias me refiero a la epigenética, la medicina funcional del Dr. Jaramillo y la mecánica cuántica, entre otras. Estamos aprendiendo que debemos cambiar nuestra dieta. Somos lo que comemos. También estamos conociendo el poder de la mente y nuestro ambiente para cambiar nuestra estructura genética y producir eventos que anteriormente eran llamados “milagros”. Es una visión sobre la importancia de las relaciones con los otros y con la naturaleza para vivir sanos y felices.

Si miramos hacia el cielo por estos días de pandemia, veremos una luz de esperanza. Feliz Navidad.

martes, 15 de diciembre de 2020

NO COMA ESTO


 

Aunque hace apenas unos dos años el profesor Moisés Wasserman afirmaba que no existía el trigo transgénico, en los últimos años la modificación genética de los cereales, según la medicina funcional, es el villano que nos está matando. El gluten, proteína de esos cereales, altera la permeabilidad intestinal y permite que entren al organismo sustancias tóxicas que producen una inflamación crónica y, en consecuencia, muchas enfermedades alérgicas, cardiovasculares, autoinmunes, mentales y cáncer.

 

La caseína, proteína de la leche, produce en el intestino el mismo daño que el gluten del pan. No es la grasa de la leche la que nos produce el infarto, sino la caseína y el gluten por la reacción inflamatoria generalizada que provocan. Otros alimentos tóxicos son los carbohidratos en exceso porque aumentan la producción de insulina, nos engordan, generan inflamación, diabetes, Alzheimer y otras patologías.

 

Esta es la lista de alimentos que usted no debe consumir, según el Dr. Carlos Jaramillo en su libro El milagro metabólico: nada de azúcar, lácteos, embutidos industriales, enlatados, jugos de frutas, maní, comida procesada, alcohol, cereales de caja, productos de panadería y pastelería, pastas y carne de cerdo (tiene histamina); salsas industriales, aceites vegetales, alimentos hidrogenados o margarinas. La lactosa se compone de dos tipos de azúcares; el fabricante las separa y por eso la leche deslactosada es dulce y no se debe consumir.

 

Frutos y vegetales contaminados con insecticidas y químicos: fresas, espinacas, manzanas, uvas, duraznos, cerezas, peras, tomates, apio, papas, pimientos marrones; la terbutil hidroquinona, derivado del petróleo usado en margarinas, cereales de caja y chocolates; preservantes como los nitritos y nitratos; los alimentos con sabor artificial; el color caramelo de algunas gaseosas produce o induce cáncer; frutales y vegetales transgénicos; los batidos milagrosos, como los terminados en life; los suplementos de gimnasio; las carnes importadas; mejor la sal del Himalaya que la corriente.

 

¿Entonces qué comemos? El libro tiene su respuesta, pero muchos de los alimentos propuestos son muy caros: el aceite de coco ($ 68.000), la leche de coco ($ 56.000, por 6 cajas de 946 ml.), precio igual al de la leche de almendras sin azúcar; la sal rosada del Himalaya ($ 22.000 por 400 g.) y quesos importados, entre otros.

 

Para remplazar muchos vegetales contaminados propone el consumo de los orgánicos. La crítica del Dr. Jaramillo a los alimentos genéticamente modificados incluye el maíz. Entre las carnes, solo salva la de reses alimentadas con pasto, y rechaza las importadas de vacunos alimentados con transgénicos. El mercurio en los peces, con los transgénicos más las hormonas y otros tóxicos aplicados a pollos y vacunos, nos dejarán sin carne en pocos años.

 

La Revolución Verde de cereales genéticamente modificados resolvió el problema del hambre en países como la India, México y muchos otros; hoy, esos mismos cereales no están llevando a la muerte. Las autoridades sanitarias y el Congreso de la República tienen la palabra.

martes, 8 de diciembre de 2020

MEDICINA FUNCIONAL

 

 

En pocos años, las panaderías, pastelerías, fábricas de gaseosas y alimentos procesados desaparecerán porque sus productos no tendrán demanda. Asimismo, los cultivadores de papa, yuca, arracacha y otros alimentos ricos almidones o carbohidratos tendrán que dedicarse a otras labores porque nadie va a querer sus productos ni regalados.

 La razón de esa crisis social y económica, que ya produjo sus efectos en la producción de papa, reside en los avances de la medicina en las últimas décadas que han mostrado el carácter dañino del gluten y los carbohidratos o azúcares que hasta ahora han sido la base de nuestra alimentación en Occidente. Es un cambio de paradigmas establecido por la Medicina Funcional. A la lista de venenos con que nos alimentamos se suman las margarinas y aceites vegetales generadores de las grasas trans. Si los restaurantes no cambian estos tóxicos para freír y hornear, nadie volverá a visitarlos.

Hace pocos años hice una reseña sobre el libro Cerebro de pan, del médico inglés David Perlmutter, en el que se denunciaba el error en que incurrieron las autoridades mundiales de salud, de acuerdo con los conocimientos de la época, al recomendar los carbohidratos como principal fuente de calorías y vetar todas las grasas como determinantes de la obesidad y muchas enfermedades, en especial de los infartos cardíacos y las trombosis cerebrales.

Esa dieta nos llevó a un aumento inusitado de la obesidad, la diabetes y muchas enfermedades mentales, en particular del Alzheimer, conocida como la Diabetes tipo 3 por su relación con la insulina, los carbohidratos y el gluten. El gluten es la proteína del pan que le da ese carácter elástico o “tirudo” que tanto nos gusta. Un cerebro de pan o de gluten es un cerebro enfermo.

Hasta la pandemia ha contribuido a reconocer el problema de base en todas esas enfermedades crónicas. Tal problema es la inflamación que se produce en todo nuestro organismo por ese tipo de dieta, además de otros tóxicos que se encuentran en el medio ambiente y los cosméticos o elementos de aseo que nos aplicamos todos los días, para no hablar de licores y los hábitos de vida como el sedentarismo.

Un médico norteamericano lanzó hace pocas semanas una teoría que condiciona a la dieta la respuesta que el organismo presenta a la COVID-19. Si usted come sano, sin carbohidratos y sin gluten, el virus no podrá hacerle mucho daño a su organismo poco inflamado; pero si su dieta lo ha llevado a la inflamación y a enfermedades crónicas como las anotadas, la obesidad, las autoinmunes, el cáncer o las mentales (depresión, Alzheimer, Párkinson, demencia, etc.), el virus lo llevará a una UCI o a la muerte.

Para corroborar el Cerebro de pan, ha llegado un médico colombiano, discípulo de Perlmutter, el Dr. Carlos Jaramillo, con varios libros, entre ellos El milagro metabólico, todo un éxito; además puede seguirlo en Instagram y en YouTube.

 

martes, 1 de diciembre de 2020

EL PATROCINIO COMO OTRA FORMA DE CORRUPCIÓN


La forma más común de corrupción política en nuestro medio es el clientelismo; es un intercambio de favores a gran escala entre los políticos y sus clientes o votantes que a menudo requiere la participación de una serie de intermediarios.  El elector da su voto a cambio de una fórmula médica, un mercado, puesto, dinero en efectivo, un contrato o cualquier otra contraprestación.

El patrocinio es otra forma de corrupción. Las relaciones de patrocinio suelen ser cara a cara, sin intercambio de favores entre los políticos y sus clientes.  Es muy común en los regímenes y partidos totalitarios. Se ejerció inicialmente por parte de comunismo entre los obreros a través de los sindicatos; luego infiltró a grupos de intelectuales, especialmente a los dedicados a las ciencias humanas y a las disciplinas literarias y artísticas en las universidades; también comprometió a los maestros. La relación corrupta de FECODE con el marxismo tiene por patrocinadores a líderes de izquierda como el senador Jorge Enrique Robledo.

El patrocinio no da dinero o puestos a cambio de votos. Da ilusiones, promete mejorar el estrato o, como dicen sus voceros, “concientiza o genera conciencia de clase”; adoctrina y da esperanzas a través de un relato fácil, muy convincente, perfectamente adaptable a las frustraciones, necesidades, vacíos, intereses y conflictos emocionales de sus seguidores, generalmente jóvenes con poca educación.

El patrocinio marxista llegó a la religión católica por la teología de la liberación. Con la pandemia se hizo evidente en las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud. Apareció en el proyecto marxista de enfoque de género para impulsar el aborto y favorecer los laboratorios productores de anticonceptivos, las organizaciones de pedófilos y las clínicas abortistas que pagan muy bien. Recordemos que las cartillas de la comunidad LGBTI+, que modificaban los manuales de convivencia en escuelas y colegios colombianos para favorecer al marxismo, fueron aprobadas por la ONU. El patrocinio mamerto sobre los campesinos e indígenas quedó plasmado en el Acuerdo de paz.

 

Desde 1988, Jean Francois Revel denunció en su libro El conocimiento inútil que la UNESCO se había convertido en una oficina al servicio de los comunistas soviéticos. Y el reciente fallo favorable a Gustavo Petro nos recordó que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, adscrita a la OEA, tiene entre sus jueces al reconocido Raúl Eugenio Zaffaroni, con 81 años, asesor de los Kirchner y protegido por el peronismo, con una tendencia a politizar sus fallos. Gracias a ese fallo, cualquier funcionario de elección popular puede hacer cualquier daño a nuestras instituciones y al erario siempre y cuando no incurra el algún tipo penal.

Desde cuando surgió la revolución molecular en Francia en los años setenta del siglo pasado, el patrocinio marxista se extendió al movimiento feminista, los inmigrantes, los drogadictos, los ecologistas, los estudiantes, las negritudes e indígenas, entre otros. El clientelismo compra el voto; el patrocinio promete una quimera y también es corrupción.

martes, 24 de noviembre de 2020

PROHIBIDO HARARI

 

Prohibido Harari

Iván Tabares Marín

El profesor Beethoven Herrera nos sorprendió en su columna del periódico Portafolio con la noticia de la prohibición de los libros del escritor Yuval Noah Harari por los gobiernos de Irán e Israel, algo completamente previsible en países fundamentalistas como esos, uno musulmán y el otro judío, como también es posible en países totalitarios o de verdad única. La revista de izquierda, Arcadia, de la editorial Semana, publicó el año pasado una sátira contra el último de los libros de Harari.

Si un historiador como Harari afirma que “todo relato religioso o político es engañoso”, era de esperarse el veto. Sin embargo, otros autores han dicho lo mismo y no han sido prohibidos. Entre estos podemos incluir los representantes de la Teoría Francesa, conformada por la mayoría de los filósofos de los movimientos estructuralista y posmoderno, muchos de ellos marxistas, que coinciden en el carácter metafísico de las religiones y las ideologías políticas.

Prohíben 21 lecciones del siglo XXI de Harari, pero no lo hacen con los textos de Michel Foucault, Jacques Derrida o Slavoj Zizek, mucho más críticos de la religión y del mismo marxismo. Los libros de Harari tienen el mérito de presentar en una forma sencilla los planteamientos muy complicados de los filósofos. Por esta razón, les dediqué buena parte de los artículos del año pasado, en particular a su afirmación “soy un algoritmo”, que muchos de nuestros intelectuales no entienden o no quieren entender porque desvela las falacias de su marxismo.

Si los colombianos leyéramos a Harari, especialmente las 21 lecciones, podríamos superar todo ese debate tonto en que nos mantienen los medios y las redes sociales. Aprenderíamos que estamos condenados a vivir en un mundo imaginario y que fuera de él no podemos encontrar el sentido a la vida; que ninguna religión o partido político tiene la verdad absoluta ni conoce el fin de la historia; que la única verdad del ateísmo es que el ateo no existe; que todos los políticos, como los brujos y culebreros, son expertos en el juego del lenguaje; que la mitología democrática responde a las aspiraciones de la naturaleza humana y al afán de reconocimiento de todos como ninguna otra.

Dos capítulos de las 21 lecciones ayudan a comprender la prohibición. Uno es el capítulo 8, titulado Religión, con el subtítulo “Dios sirve ahora a la nación”. En palabras mías, las religiones no resuelven nada, pero dan identidad y eso es muy importante. Agrega una crítica a los nazis y comunistas porque sus “intentos para determinar de manera científica las identidades humanas de raza y clase demostraron ser una pseudociencia peligrosa (…)”. El capítulo 14, Laicismo, es una explicación hermosa del ideal laico, resumido en el compromiso con la verdad, la compasión y la igualdad.

Si usted no ha leído a Harari, corra a hacerlo antes de que llegue un mamerto a la presidencia y lo prohíba por ser políticamente incorrecto.

martes, 17 de noviembre de 2020

LA POLÍTICA COMO EMPLEO

 

En la vida tomamos decisiones por determinadas razones cuando, en verdad, los motivos son otros, inconscientes. Y eso pasa en los asuntos más importantes como cuando elegimos una carrera, nos enamoramos u optamos por un empleo. Nos engañamos pensando que en nuestra profesión vamos a prestar un servicio social, pero en realidad buscamos dinero, prestigio u otro objetivo menos confesable.

Todo político jura que quiere prestar un servicio a la comunidad, especialmente a los más pobres y, en los últimos años, a los perros callejeros. Esos mismos políticos aparecen poco tiempo después negociando la alimentación escolar, la construcción de una vía o los mercados para los pobres con un delincuente a cambio de una buena “mordida”.

Los grandes salarios del sector público, en comparación con los del sector privado, se convierten en una atractivo para muchos mediocres. Y esto vale en todos los partidos. Miremos los “aparecidos” parlamentarios del Centro Democrático y de la Alianza Verde. Unos y otros estarían ganando tres o cinco millones en una empresa privada en el mejor de los casos. Claudia López y su señora, con algunos uribistas, probablemente estarían desempleadas.

La Alianza encontró su elector en Antanas Mockus, y el CD, en Álvaro Uribe Vélez. Sin preparación académica y sin experiencia en cargos públicos o administrativos unos y otros empezaron a ganar $ 32 millones mensuales. En cada una de esas organizaciones políticas son tres o cuatro los parlamentarios conocidos por sus intervenciones; la mayoría de ellos calientan sus curules, mas nunca dicen nada. No se atreven a presentar un proyecto serio que intente resolver los problemas económicos. La vida se les va en pelear en las redes.

Si el Centro Democrático está conformado por un grupo que quiere imponer su visión mojigata del cristianismo y si la izquierda Verde quiere destruir nuestra organización política, económica y familiar para improvisar su socialismo proguerrillero, ninguno de esos movimientos representa a la mayoría de los colombianos. Gracias a la campaña de más de veinte años contra el expresidente Uribe Vélez, impulsada por los maestros en colegios y universidades, la izquierda ha creado esa falsa dicotomía: uribista o socialista. Eso llevó a que Gustavo Petro y Sergio Fajardo sumaran más de 14 millones de votos en las últimas elecciones. Muchos eran votos, injustos sin duda, contra Uribe; pero el CD no lo ha entendido.

Pensaba en estas cosas mientras leía la lista de los proyectos de ley presentados en esta legislatura por Verdes y uribistas. ¡Qué decepción! Con todos los problemas que tenemos, más los que nos esperan, a los Verdes solo se les ocurren proyectos intrascendentes, como homenajes al mejor vocero de la guerrilla, Alfredo Molano Bravo, o la exaltación de la masacre de las Bananeras, convertida por García Márquez y las guerrillas en el mito fundacional de la Colombia socialista. Miren los proyectos uribistas: ¡qué frustración! Es muy oscuro el futuro de la nación con nuestros mediocres partidos.

 

martes, 10 de noviembre de 2020

LAVADO DE CEREBRO

 

Cuando se quiere cuestionar la decisión de una persona por vincularse a una organización de cualquier tipo, sea religiosa, política, comercial o de servicio social, recurrimos a la fórmula irrespetuosa: “al pobre le lavaron el cerebro”. La descalificación oculta la situación de quien la pronuncia porque a él también le han “lavado el cerebro” varias veces a todo lo largo de su vida sin que se diera cuenta. 

Desde cuando empezamos a hablar, la familia, los medios de comunicación y la sociedad toda nos llenan la mente de creencias de las que no tenemos forma de defendernos. Una mente que nace limpia de relatos es impregnada por una cantidad de mitos que aceptamos para regir nuestra vida. La forma de pensar, las tradiciones de la sociedad, el significado de las palabras, las costumbres, la comida, el vestido y la orientación política de los padres se inscriben en el cerebro de todos nosotros.

Luego vamos a la universidad a recibir un nuevo “lavado de cerebro”. Terminamos convencidos de que la mejor forma de vida es la profesión que escogemos para recibir un salario miserable de un millón y medio de pesos mensuales y enriquecer a otros con unos trabajos basura o “de mierda” (como los llama el antropólogo David Graeber) hasta cuando logremos la pensión de jubilación y, amargados, nos sentemos a esperar el virus.

Esa grosera fórmula para humillar a quien ha tomado la decisión de cambiar el rumbo de su vida en una nueva religión, otro partido político o, simplemente, porque se niega a seguir siendo explotado y maltratado en un oficio aburrido y alienante, nace del rebaño, de los otros, de los conformes y de los miedos que todos tenemos al cambio, porque la sociedad se desequilibra con los rebeldes. 

He ahí una explicación del choque generacional en que nos encontramos. Nuestros hijos, especialmente los menores de treinta años no quieren saber nada de ese mundo mediocre en que los formamos, todo ello porque el contacto con otras culturas en sus viajes reales o virtuales les ha mostrado un mundo nuevo de posibilidades y de libertad que los padres jamás imaginamos.

Las nuevas generaciones quieren borrar de su cerebro todas esas ideologías o libretos porque saben que somos eso, cerebros en que se plasmó una vida rutinaria y repetida hasta la muerte con la esperanza de otra vida más allá, en el imposible cielo o en el nirvana que suprime el ciclo eterno de las rencarnaciones.

No existe un sujeto o persona en cada uno de nosotros que pueda programar su cerebro y escribir en el mismo uno proyecto de vida al gusto de cada cual. No programamos la mente; es la mente la que nos programa. Son los otros, aunque no lo queramos ni entendamos, los que, más que lavar el cerebro, cambian nuestros chips o programas mentales. “Lavar el cerebro” significa querer cambiar. Y eso puede ser bueno.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

CAPITALISMO Y/O DEMOCRACIA

 

 

En una entrevista concedida por Agustín Laje a María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, se refirió al binomio economía y relato para mostrar su análisis de la guerra cultural entre la izquierda y la derecha en todo el mundo. Para el autor de El libro negro de la nueva izquierda, el error cometido por la derecha en esta confrontación reside en su énfasis exclusivo en los buenos resultados económicos de sus gobiernos y en su olvido del relato. Del relato se ha apropiado la izquierda.

 

Para comprender mejor esa posición es necesario aclarar que el relato se refiere a la mitología o ideología democrática. Es evidente que el nuevo discurso de la izquierda enfatiza los derechos humanos, la tolerancia, la paz y la igualdad, el feminismo, la ecología, entre otros valores, que hacen parte de las constituciones de los países democráticos. Ese nuevo sermón es su estrategia para ganar el voto de la comunidad mal informada, especialmente en los países latinoamericanos. Una vez controlan el Estado, su proyecto es otro, en que no valen los derechos humanos ni la igualdad, como lo hemos visto en Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, etc.

 

Además, el relato de que habla Laje es también una mitología, es decir, un cuento que no es verdadero y que hace parte del contrato social de los países democráticos. Los derechos humanos son una ficción como lo es la persona humana. No somos iguales y el sujeto de derechos no es más que un algoritmo o una idea, una creación imaginaria, soporte de nuestra organización política.

 

Entonces Laje propone un nuevo partido de derecha, similar al Vox de los españoles, que ataque a la izquierda en ese terreno ideológico y cultural. Que, por ejemplo, enfatice que no es feminista y está en contra del enfoque de género de los zurdos; que abiertamente defienda lo políticamente incorrecto; que se oponga a la manipulación del lenguaje de los seguidores de Stalin y Mao en las redes sociales y en los medios de comunicación.

 

Mi análisis es diferente al de Agustín Laje. Pienso que los países subdesarrollados estamos enfrascados en una lucha por el relato o la democracia y nos hemos olvidado de la economía o del capitalismo. La democracia es nuestro fetiche, como dice el filósofo marxista Alain Badiou. Hicimos una reforma constitucional en 1991 para modificar el relato: la tutela, un estado laico, Participación comunitaria, ampliación de los derechos humanos a las minorías, etc.; pero de desarrollo económico, poco.

 

Hicimos un acuerdo de paz con una guerrilla perdida en los vericuetos del marxismo del siglo XIX y no incluimos un solo punto para favorecer el desarrollo capitalista; por el contrario, condenamos a los campesinos a una miseria eterna y, a nuestros planes de desarrollo, a permanecer bloqueados. Por otro lado, los proyectos de ley que derecha e izquierda presentaron en estos días se centran en el relato, precisamente ahora.  

 

martes, 27 de octubre de 2020

INCENDIARON DOS IGLESIAS



Como todos tenemos algún grado de inconformidad por los problemas sociales, la educación, el sistema de salud o el mal funcionamiento de la rama judicial, creemos que las manifestaciones de protesta nos representan en alguna forma y no concebimos que puedan obedecer a un plan para afectar el orden social y crear una sensación ficticia del fracaso de nuestras instituciones que sirva de base a la toma del poder en las elecciones por parte de la de izquierda.

Ni siquiera pensamos que el incendio de dos iglesias en las últimas manifestaciones de Chile pueda tener algún interés para Colombia o que la aprobación del plebiscito en ese país para reunir una asamblea constituyente va a tener peligrosas consecuencias para esa democracia, quizás tan dañinas como ha sido para nosotros la Constitución de 1991 con su elección popular de alcaldes y la democracia participativa.

Mostré el desarrollo histórico de esta nueva versión del marxismo desde su origen, en los años setenta del siglo pasado, con un texto titulado La revolución molecular, del filósofo francés Félix Guattari (1939 – 1992), su primera aplicación en 1977 en Bolonia, Italia, y su posterior montaje en Brasil y en Chile con la asesoría directa del mismo Guattari.

También comenté que, como el proletariado ya no es el sujeto revolucionario, el marxismo busca motivar a diversos grupos sociales inconformes, como los estudiantes, los indígenas, la comunidad LGBTI y los sindicatos, para que se tomen las calles, bloqueen las vías, destruyan los medios de transporte, desacrediten a la fuerza policial, creen confusión en la comunidad y afecten la economía para que los ciudadanos entren en crisis y sean fácilmente manipulables en la campaña electoral.

La pregunta que surge es ¿por qué la minga, que buscaba humillar al presidente Duque y obligarlo a dialogar directamente, decidió regresar a sus enormes propiedades sin los tradicionales bloqueos siempre asesorada por estudiantes universitarios y líderes de izquierda? En este mismo sentido, llama la atención la marcha tranquila de FECODE y las centrales obreras (que representan apenas un 6% de los trabajadores colombianos, casi todos del sector público). No pagaron los honorarios a los encapuchados, no asaltaron bancos, almacenes o supermercados; no atacaron los CAI y no hubo necesidad de la intervención de la policía. No tenían un acuerdo sobre las justificaciones de la protesta y cada uno de los líderes entrevistado por los medios presentaba peticiones vagas y diferentes. ¿Qué traman con este interludio de en su montaje revolucionario?

Hace veinte años, los votos por la izquierda en Chile eran el 4 % de total. Como sucede en Colombia, la mayoría de los jóvenes menores de 28 años prefieren una dictadura a una democracia y la izquierda ha logrado, con sus ataques al metro y a la economía, debilitar al gobierno. Las manifestaciones violentas iniciadas en noviembre pasado, tanto en Chile como en Colombia, se inspiran en la revolución molecular que incendia iglesias.

 

martes, 20 de octubre de 2020

EL DILAMA DE LAS REDES SOCIALES

 


Hay una clara relación entre el abuso de los medios y el enorme peligro que implica para la democracia, la salud mental de todos y el futuro de la humanidad el enorme poder de las nuevas tecnologías de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial. Esta amenaza se aprecia en el impactante documental de Netflix, El dilema de las redes sociales. También es evidente la influencia de medios y redes sociales en la polarización universal que se expresa entre nosotros en las corrientes de derecha e izquierda.

Hay una pregunta clave al final del documental: “¿Cómo despiertas de la Matrix si no sabes que estás en la Matrix?” Esa referencia a la muy exitosa película marca la diferencia en la interpretación que damos al problema. Una persona culta evitará escuchar aquellas emisoras que todas las mañanas manipulan a sus oyentes con un numeral orientado a generar odios y polarizaciones, como a desprestigiar al gobierno que no les compra publicidad; pero los adictos a esas emisoras no se dan cuenta de que los están utilizando con fines políticos y lucrativos.

Es exactamente lo mismo que hacen Google, Facebook, Twitter y el resto de las empresas de algoritmos: “si no pagas por lo que venden, entonces tú eres la mercancía”. La W radio y otros medios se están enriqueciendo con tu ingenuidad. Te crees importante porque te dan un micrófono para expresar tu ignorancia o porque participas en una red para mostrar tu mascota y liberar tu rencor contra el partido contrario.  Mientras te haces más idiota y agresivo, ellos se enriquecen.

Cuando aprendemos a hablar ingresamos a una matrix, a un mundo simbólico o de palabras en el cual creemos o al cual aceptamos porque nos es impuesto por la familia y/o los otros. Internet, las redes sociales, la radio y la televisión son la nueva matrix en que vivimos y somos sometidos con poca posibilidad de defendernos: determinan nuestras vidas y nos convierten en sus esclavos. Ingenuamente pensamos que somos autónomos frente a esos monstruos; pero somos algoritmos; el ego no existe.

 

Citas del documental: Por Dios, ¿qué les pasa a nuestros hijos?; eres una rata de laboratorio; colocamos el engaño en el centro de todo lo que hacemos; Facebook es el arma más peligrosa jamás creada; los algoritmos y los políticos han aprendido a bombardearnos con noticias falsas; la tecnología está dominando la naturaleza humana y es un jaque mate a la humanidad.

Más: las empresas de internet condicionan todos tus actos, pueden afectar tu comportamiento, tus posiciones políticas y tus emociones sin que te des cuenta. La generación Z, nacida después de 1997, es más ansiosa, más agresiva, toma menos riesgos, ha disminuido sus citas románticas, su teléfono es su chupo digital y tras cada uno de ellos, hospitalizado por depresión o intento de suicidio, hay una familia sufriendo.

Es hora de apagar las redes y la radio.

martes, 13 de octubre de 2020

Pasaron muchas cosas 3

 

Después de haber estudiado filosofía y de estar ejerciendo la medicina, en 1986 terminé estudios de derecho en la Universidad Libre de Pereira. Por esa época muchos de los actuales magistrados de las altas cortes estaban terminando sus carreras o especialidades, circunstancia que me sirve para hacer algunas reflexiones sobre sus sentencias.

Mi profesor de Filosofía del derecho, magistrado del Tribunal Superior de Pereira, era tan mediocre en este campo como seguramente los de otras universidades. Ese hecho puede ayudarnos a entender las equivocaciones en que incurren hoy las cortes colombianas y que viene ocasionando choques con las otras ramas del poder público. Hace unos dos años me referí, por ejemplo, a la ridícula jurisprudencia que considera que todo ser humano tiene derecho a elegir su género sexual y, como lo pronostiqué entonces, ya tuvimos el primer caso de un hombre que reclamó su pensión a los 58 años porque se percibía mujer, y la corte se la reconoció. ¿Una mujer que “decide” ser hombre debe esperar los 62 para pensionarse? No es una broma, aunque lo parezca.

La mala formación que reciben nuestros abogados explica también el golazo que anotaron las Farc al imponernos el enfoque de género en el Acuerdo de paz. Las cortes, el Congreso y hasta el mismo presidente Santos con sus asesores no se dieron cuenta de la aberración a la que dieron carácter de constitucional. Lo he discutido en otras columnas.

La década de 1980 fue importante para los estudios del derecho por la forma como la teoría marxista afectó algunas de sus disciplinas, en particular el derecho penal y la política criminal. De esa influencia surgió el Código Penal Alternativo, con sus penas simbólicas y a veces ridículas en que se inspiró la Jurisdicción Especial para la Paz. Me dediqué a estudiar los textos de criminología de Emiro Sandoval Huertas, magistrado auxiliar del presidente de la Corte Suprema de Justicia, ambos asesinados en la toma del Palacio de Justicia por el M-19, financiada por el cartel de Medellín en noviembre de 1985. Algunos magistrados privilegian hoy el método marxista aprendido de Sandoval.

En la visión del derecho penal como una proyección de la lucha de clases influyeron mucho los estudios estructuralistas que hablan de la función performativa del lenguaje, a la que le dediqué una columna cuando explicaba la asignación cultural del género sexual de niños y niñas. Como el género sexual, el carácter de delincuente no es una condición esencial o personal del individuo, sino una aplicación de una marca o de una identidad por parte del aparato judicial de un sistema opresor o burgués.

Si hay varias interpretaciones en la comunidad sobre las manifestaciones de grupos organizados estudiantiles y guerrilleros enfrentados a la policía, y la Corte privilegia una, la de la izquierda, está haciendo política, no administrando justicia: está prevaricando; agudizando la polarización y tomando partido por los delincuentes.

martes, 6 de octubre de 2020

PASARON MUCHAS COSAS 2

 


En 1985 prestaba mis servicios médicos al Seguro Social en la clínica Pío XII. En una cartilla del Ejército apareció un fotografía y reseña de uno de los médicos compañeros de trabajo buscado por pertenecer al comando del EPL, Ejército Popular de Liberación. Lo sorpresa fue enorme porque el Doctor siempre ha sido un ser humano especial, comparable al bonachón de José Mujica o a un cura de pueblo, siempre amable, sencillo, dispuesto a prestar un servicio a quien se lo solicitara.

El año anterior, el EPL había suscrito un documento de paz con el presidente Belisario Betancur. Como nos recuerda Enrique Santos Calderón, en la comisión de paz participaron él mismo, John Agudelo Ríos y la exguerrillera y escritora Laura Restrepo, entre otros. Santos no cuenta en su libro, El país que me tocó, que ese preacuerdo fue utilizado por esa guerrilla para reorganizarse, hacer reclutamientos y organizar nuevos frentes. El EPL se burló del poeta de Amagá.

El EPL suscribió en 1991 un verdadero acuerdo de paz y conformó el movimiento Esperanza, Paz y Libertad. Se desmovilizaron 2.556 combatientes. En los años siguientes, las Farc-Ep asesinaron a unos 200 exguerrilleros del EPL con la colaboración de sus milicias urbanas, según un informe de HRW. El genocidio realizado por las Farc se extendió a sus camaradas marxistas del MOIR, del actual senador Robledo, entre otras razones porque no respaldaban la lucha armada como estrategia para la toma del poder.

Sobra señalar que el acuerdo con el EPL no fue una entrega descarada de los intereses de la Nación como sería el acuerdo con las Farc en el 2016. Aunque Judith Butler ya había escrito su texto fundamental sobre el enfoque de género marxista, de eso no se dijo nada; no hubo Reforma Rural para engañar a los campesinos con una pedazo de tierra y  para fortalecer a la guerrilla en las zonas rurales que habían controlado; no se creó una inútil y costosa JEP, como tampoco comisiones de la verdad o centros de memoria histórica para convertir la ideología marxista en nuestra verdad y en nuestra historia; simplemente, el EPL se acogió a las condiciones de la democracia porque el presidente César Gaviria Trujillo no estaba buscando el botín del Nobel de Paz.

Veamos una rápida relación de lo que ocurría en por esos años en el Mundo. El Partido Comunista Chino, después del fracaso repetido en sus planes de desarrollo, el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural de Mao Zedong, decidió imponer el capitalismo como nuevo sistema económico. Los resultados espectaculares están a la vista.  En la URSS, el joven Putin era un burócrata de la KGB en la mal llamada República Democrática Alemana. Allí lo sorprendió la caída del Muro de Berlín en 1989. Sería el presidente de Rusia desde el año 2.000.

Mi amigo guerrillero del ISS logró refugiarse en España.

martes, 29 de septiembre de 2020

LA PLANTILLA DE ARCADIA


Ha existido desde hace muchos años una tendencia izquierdista en muchos profesores de ciencias humanas y en los artistas, especialmente en los escritores de novelas latinoamericanos, que se refleja en todo lo que escriben o hacen como si su cerebro funcionara como una plantilla a la que acomodan todo evento, cuento o teoría.  Es como unos lentes de realidad virtual que les impide ver lo que pasa a su alrededor; es un juego de metáforas que siempre dice lo mismo como el sermón dominical del pastor; es una aplicación o un algoritmo que se fija en su cerebro para interpretar cualquier evento.
Reapareció revista Arcadia en la pandemia con nuevos columnistas que mantienen la misma línea de pensamiento. Esta vez invitaron al muy conocido novelista mexicano Jorge Volpi para que hiciera lo mismo que hacían quienes ahora no están. El ensayo se titula Tiempo de virus. Comienza con “un fantasma recorre el mundo” para que los lectores se enteren de la carga ideológica que viene. “Un virus desconocido que se extiende por el mundo como el fantasma de Marx decidido a destruir las sociedades que hemos amalgamado en los últimos decenios”, dice luego para hacer más patético el escrito.
“El covid-19 luce como la enfermedad prototípica de la globalización neoliberal”. ¡Qué tal! En este punto, el lector no sabe si llorar o reír. Para tomar altura filosófica cita a Foucault, el pensador francés que se oponía todo como adolescente frustrado: asistimos a “una nueva distopia: la vigilancia de los cuerpos a través de la tecnología”. No evita la referencia a los millones de seres humanos que muere de hambre cada año, pero se abstiene de hablar de Corea del Norte, Cuba y Venezuela o de los más de 120 millones de muertos que dejó su marxismo, la mayoría de ellos por inanición. 
Y no podía faltar la lucha de clases como en los programas adoctrinadores de la alcaldesa de Bogotá. Comenta que la cuarentena es de izquierda, mientras el regreso a la normalidad es de derecha. Esta última opción es “una medida típicamente neoliberal, pues privilegia la economía y el lucro sobre salvar vidas”. Cualquier falacia sirve cuando de hacer política se trata; son opiniones que ofenden el sentido común de sus lectores.
He relacionado algunos de los apuntes más importantes del artículo de Volpi en la muy mamerta revista, que no hacen más que transcribir los discursos de Gustavo Bolívar, Iván Cepeda, Aída Avella o de cualquiera de los senadores terroristas y violadores de niños que hoy estorban en nuestro Congreso. ¿Qué sentido tiene publicar una revista en la que cada entrega es una repetición de la anterior? Es una revista del relato único. Mantiene el mismo discurso marxista obsoleto presentado de una manera maliciosa sin explorar su evolución o el carácter cultural que hoy tiene en todo el mundo. El hecho que sea una revista de Semana explica muchas cosas.

martes, 22 de septiembre de 2020

PASARON MUCHAS COSAS

 

En aquella época, los encapuchados de las marchas universitarias no recibían ninguna remuneración por atacar a los policías como ahora; lo hacían por puro romanticismo, por la inspiración revolucionaria que recibían de la ideología comunista o por cierta pasión contracultural que se apodera de los adolescentes en todos los tiempos y lugares cuando tratan de asumir la identidad que les da un relato terrorista.

En las tardes del año 1969, solía asistir a las protestas de los estudiantes de la Universidad Nacional de Bogotá en compañía de una amiga pereirana que vivía en las residencias estudiantiles. Aunque yo tenía la misma edad de los revoltosos, su actividad me parecía un montaje teatral sin mucho sentido, salido de todo contexto político y social como lo sigo considerando hoy.

Ya hacía diez años que Fidel Castro había tomado el poder en Cuba, y hacía cinco que se habían fundado las Farc en Colombia, cuando un grupo de universitarios preparados en la Unión Soviética convencieron a alias Tirofijo de transformar sus autodefensas liberales campesinas en un grupo marxista. Luego aparecieron el ELN y el EPL.

En 1966, Mao Zedong había iniciado la Revolución Cultural que se extendería por más de un lustro en toda la China y tenía en los niños y adolescentes sus principales gestores con el propósito de destruir el más mínimo vestigio de la cultura burguesa y occidental. Hasta hablar un idioma extranjero, usar lentes o leer libros no aprobados por el Partido Comunista eran considerados delitos, en un movimiento parecido al de lo políticamente correcto que lleva hoy a los muchachos gringos y a nuestros indígenas ingenuos a derribar estatuas “incorrectas”.

El mejor contraste de las revueltas de la “Nacho” lo dieron los jóvenes parisinos de mayo del 68. Aunque nuestros revolucionarios del barrio El Chicó de Bogotá (como el impulsor del Acuerdo de paz con las Farc, Enrique Santos Calderón) sigan manteniendo el mito romántico de ese movimiento y lo llamen “glorioso”, de revolucionario no tuvo nada y tampoco de marxista. “La revuelta no estaba dirigida contra los males que provoca esta sociedad sino contra sus beneficios”, escribió Herbert Marcuse.

Mientras hace medio siglo los estudiantes de la Nacional intentaban incinerar a los policías colombianos en la calle 26 de Bogotá con sus bombas artesanales, dos jóvenes se prendían fuego en Europa para protestar contra los abusos del régimen soviético en Checoslovaquia. Ilia Rips y Jan Palach protestaban contra la invasión de los tanques soviéticos para reprimir la Primera de Praga, ese intento por construir un socialismo con rostro humano y democrático.

Este movimiento se había iniciado hacia 1948. En 1952, su principal líder, Rudolf Slánský, fue ahorcado con diez funcionarios comunistas de gobierno checo, casi todos judíos, después de un juicio montado con testigos falsos, exactamente como lo siguen haciendo hoy nuestros marxistas. Fue uno de los últimos crímenes de Stalin un año antes de su muerte. Pasaron muchas cosas.

martes, 15 de septiembre de 2020

EL LIBRETO DE FECODE

 

La víctima no era un buen ciudadano; era un antisocial que como miles de otros colombianos no dejan dormir a sus vecinos porque la Corte Constitucional dejó sin vigencia la norma del Código de Policía que habilitaba la intervención de los agentes. Aunque los medios más importantes del país se adelantaron a fijar responsabilidades para estimular la violencia cuando no se han concluido la necropsia y la investigación, un imprudente abogado lanzó la hipótesis de una fibrilación ventricular condicionada por el exceso de licor del taxista que cambiaría completamente la culpabilidad de los policías.

Los revoltosos, que no representan a la mayoría de los colombianos, generaron más muertes para radicalizar su locura. No son personas desadaptadas. ¿Desadaptadas con relación a qué? Es obvio que se trata de jóvenes que ya no se identifican con las doctrinas religiosas y mucho menos con las democráticas de los derechos humanos o con ese humanismo ramplón de algunos medios. En su gran mayoría son muchachos condicionados como el perro de Pávlov a reaccionar a ciertos estímulos muy precisos como si estuvieran sometidos a un plan preconcebido y bien orquestado. De hecho, no tiran una sola piedra cuando las víctimas son cadetes de la policía, los líderes sociales, los exguerrilleros de las FARC o un ciudadano asesinado por un atracador.

El hecho de que ataquen al mismo tiempo, con las mismas armas y capuchas, con objetivos y estrategias similares, nos permite suponer que su actuación no es espontánea, sino la representación de un papel que les fijaron y pagaron otros, los directores de escena. Las personas no existen; el comportamiento que a ellas se atribuye no es más que un libreto inscrito en su cerebro, como nos pasa a todos en el proyecto de vida que creemos nuestro, pero que en realidad nos impusieron.

El montaje de los anarquistas es la representación del drama que aprendieron en el colegio, la universidad y las redes sociales; es el sueño de Gustavo Petro y Claudia López; es el capítulo segundo de una tragedia iniciada en el mes de noviembre, cuando no existió un abuso policial como coartada hasta la muerte de Dylan, pero que se fundamentó en cien motivos imaginarios; es el proyecto del marxismo internacional, del Foro de Sao Paulo o de Puebla; es la misma revolución molecular. Un buen título para la obra podría ser “El espectáculo de FECODE”.

La ingenuidad del partido de gobierno y del mismo presidente Duque, más la excelente labor de los organismos de derechos humanos, infiltrados por el marxismo para anular a la policía y al Ejército en el control del orden público, han creado las condiciones favorables para la acción del comunismo internacional. La actitud pasiva y complaciente con el terrorismo de los alcaldes de izquierda en las principales ciudades del país han construido el escenario perfecto para la tragedia. Los colombianos somos el público pasivo en la platea. Preparémonos para lo peor.  

miércoles, 9 de septiembre de 2020

LOS SONDEOS DE OPINIÓN


En una encuesta publicada hace pocos días se preguntó la opinión de los colombianos sobre el manejo que el Gobierno le ha dado a la pandemia. Al margen de la respuesta, preguntas como esa se parecen a los numerales que todos los días algunas cadenas radiales ponen a consideración de sus oyentes, porque revelan las torcidas intenciones de quienes los hacen. Aunque traten de disimularlos, sus objetivos son claramente sectarios y políticos para estimular la polarización de los colombianos y, por lo general, para desacreditar al Gobierno nacional.
En cuanto a la encuesta o sondeo, la pregunta misma sobre el manejo de la pandemia genera muchas inquietudes debido a las numerosas variables que implica y al nivel de formación académica que se requiere para responder. ¿Se preguntó al encuestado si tenía algún título universitario en epidemiología o economía? Si no fue así, que es lo más probable, ese tipo de sondeos están llenos de mala fe y deberían ser reglamentados por el Estado porque de seguir así, el próximo encuentro en nuestra guerra ideológica será con armas.
¿Se indagó al encuestado sobre el tipo de información que recibe? ¿Ha leído algún libro sobre el tema, qué noticiero ve habitualmente o solo se informa por las redes o por lo que comentan sus amigos y familiares? ¿Cuántos grados cursó en el colegio, fue a la universidad o tiene un título académico? Si no se tienen en cuenta estas variables culturales como el nivel económico o la militancia política de los encuestados, el estudio no tiene ningún valor y, más bien, busca objetivos políticos turbios y crear caos. 
No es lo mismo el manejo de la pandemia en todo el país. Muchos municipios tienen como referente las órdenes y orientaciones del presidente de la República; pero las principales ciudades, como Bogotá, Medellín, Cali y Santa Marta, entre otras, tienen gobernantes que buscan imponer su propia ideología de izquierda antes que los criterios de los expertos que asesoran a Duque.
El caso de Bogotá es el más dramático porque la alcaldesa busca contrariar al presidente en todo e imponer sus ideas, aunque hagan daño a la economía. De hecho, el desempleo aumentó el 26 por ciento en la Capital, seis puntos por encima al promedio nacional. Por tanto, la pregunta es tendenciosa porque busca responsabilizar al partido de gobierno cuando en realidad las ciudades con más casos de la Covid-19 tienen alcaldes de izquierda. La cuarentena es usada como arma política para crear caos, generar desempleo y quebrar pequeñas empresas.
Las malas intenciones encubiertas en los numerales propuestos a la opinión publica cada mañana en alguna cadena radial, con una respuesta implícita o sugerida con total desfachatez, así como las semanales encuestas de opinión en las que tienen más aprobación en la comunidad los guerrilleros terroristas que un expresidente, ratifican que estamos perdiendo la lucha por la democracia. Los medios y las encuestadoras no son inocentes.

martes, 1 de septiembre de 2020

EL OTRO DE DIOS


“Cuando tenía doce años imaginé por mi cuenta una maravillosa trinidad: Dios Padre, Dios Hijo (Jesucristo) y Dios Demonio. Mi deducción era que Dios, pensando por sí mismo, creaba la segunda persona de la divinidad, pero para ser capaz de pensar tenía que pensar en su contrario, y por tanto tenía que crearlo. Así fue como empecé a filosofar”. La cita anterior es tomada del libro Soy dinamita: una biografía de Nietzsche, escrito por Sue Prideaux. Esta nota es una invitación a profundizar en la clave de nuestro tiempo: la inexistencia del sujeto o de la persona. 
Como el ser humano nace prematuro y no puede proveerse por sí mismo lo necesario para vivir, siempre necesita de otros. En más de cincuenta casos conocidos, niños y niñas, que no han aprendido a hablar, han sido criados por manadas de animales salvajes porque fueron abandonados por sus padres o han quedado solos después de un accidente aéreo, por ejemplo. Cuando son rescatados o vuelven al contacto con humanos, no tienen consciencia de sí, no hablan, no se perciben como humanos o como personas, no se creen sujetos y no tienen inclinaciones sexuales hacia otros humanos. Sin otro humano no existimos. Si Dios es persona, necesita de Otro, como nosotros. Consciencia es solo pensamiento.  
Esa puede ser, en términos actuales, la reflexión que un niño de doce años en el año 1856 y que ha sido el problema central de las religiones occidentales monoteístas. Una persona solitaria es impensable, experiencia que han corroborado el 18 por ciento de colombianos que viven solos en esta cuarentena de cuarenta semanas. El mito de que soy una realidad, una entidad, una esencia, solo se sostiene con la mirada de otro. Si alguien no me habla o al menos me mira, mi yo desaparece y prefiero morir. 
En otra columna explicaba cómo las tres religiones de un solo Dios han buscado una salida a la imposibilidad de que Dios sea una persona como nosotros y optaron por la mística, disciplina con muy poca trascendencia en el cristianismo, con la única excepción, quizás, de la iglesia ortodoxa oriental. La búsqueda mística de Dios en el islam se llama sufismo, y en el judaísmo, jasidismo.  
Como Oriente nunca ha creído en la existencia del sujeto, el budismo tomó la meditación como medio de superar la cadena de encarnaciones y alcanzar el nirvana; pero no reencarna la persona, sino la consciencia, algo completamente ininteligible para la mente occidental contemporánea. La consciencia budista se parece al concepto de “espíritu”, sin identidad, que aprendimos del clero.  Dios Persona es inconcebible sin su Otro, el Demonio, pensaba el niño F. Nietzsche.  
Slavoj Zizek afirma que el cristianismo oculta el abismo que nos separa de Dios proporcionando una respuesta tranquilizadora: Dios nos ama. Creo que es una tontería decir que Dios no existe; somos nosotros quienes no existimos, no somos entidades; somos algoritmos, pensamientos, idea 

martes, 25 de agosto de 2020

UNA POLÍTICA MACABRA


Uno de los fenómenos más sorprendentes de la guerra cultural en que estamos involucrados con la izquierda es la incoherencia de su discurso. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de una revolución comunista o socialista? Ni siquiera se ponen de acuerdo sus líderes; se contradicen de un día para otro; pero no se sonrojan, no reconocen sus errores y no dan explicaciones porque en su discurso todo vale; no hay moral alguna en su estrategia.
El sujeto revolucionario ya no es la clase obrera y, mucho menos, sus anacrónicas guerrillas. Decidieron desde el siglo pasado que, si no hay un conflicto social, hay que inventarlo, y optaron por llamar, con paga incluida, a todos los inconformes a colaborar en las manifestaciones, bloqueos y en la destrucción de nuestra economía. Como su campo de batalla es el lenguaje, repiten en los medios a su servicio y en las redes sociales las mismas consignas, todas las calumnias y mentiras posibles porque saben que al menos muchos adolescentes y los mal informados las tomarán como hechos reales.
Ese es el contexto para comprender el nuevo rumbo del discurso mamerto. Hasta hace unos días trataban de convencernos de que la paz se había logrado con el Acuerdo y que quienes no lo vimos así, estábamos equivocados. Por fin aceptaron la contundencia de los hechos y entonces decidieron culpar con todo tipo de exageraciones al presidente Duque y al resto de los colombianos. El país, dicen, está matando a sus jóvenes. 
No aprendieron los seguidores de Petro y Claudia López la lección de sus maestros sobre el fetichismo de la ley, de la mercancía o de la democracia.  Ley, mercancía, democracia y país son entes ideales o imaginarios que no hacen nada. A los jóvenes de Samaniego no los matamos los colombianos y, mucho menos, el presidente devoto de la Virgen de Chiquinquirá; los asesinos no eran de la región y alguno tenía acento mexicano.
No los asesinaron para truncar sus sueños. Fueron identificados y muertos con tiros de gracia porque hacían parte de una banda criminal enemiga. Por más sádico que sea un ser humano no asesina a unos estudiantes universitarios porque bailaban sin tapabocas en la pandemia; tampoco, por el simple hecho de “sembrar terror”, como repitieron la última semana los muchos miles seguidores, reales o ficticios, de la serie El Matarife.  
No deja de ser abominable cualquier homicidio, pero si algo aprendimos del proceso de paz con las FARC es el desprecio por la vida humana, en particular de los niños y niñas, que tiene la izquierda. Las masacres, las violaciones y los genocidios no son más que oportunidades para su política macabra, sin ningún respeto por la dignidad humana o por las autoridades que elegimos. Si el presidente fuera Iván Cepeda o alias Tornillo, el discurso de sus cómplices nacionales e internacionales, incluidos HRW y la ONU, sería otro.