martes, 27 de octubre de 2020

INCENDIARON DOS IGLESIAS



Como todos tenemos algún grado de inconformidad por los problemas sociales, la educación, el sistema de salud o el mal funcionamiento de la rama judicial, creemos que las manifestaciones de protesta nos representan en alguna forma y no concebimos que puedan obedecer a un plan para afectar el orden social y crear una sensación ficticia del fracaso de nuestras instituciones que sirva de base a la toma del poder en las elecciones por parte de la de izquierda.

Ni siquiera pensamos que el incendio de dos iglesias en las últimas manifestaciones de Chile pueda tener algún interés para Colombia o que la aprobación del plebiscito en ese país para reunir una asamblea constituyente va a tener peligrosas consecuencias para esa democracia, quizás tan dañinas como ha sido para nosotros la Constitución de 1991 con su elección popular de alcaldes y la democracia participativa.

Mostré el desarrollo histórico de esta nueva versión del marxismo desde su origen, en los años setenta del siglo pasado, con un texto titulado La revolución molecular, del filósofo francés Félix Guattari (1939 – 1992), su primera aplicación en 1977 en Bolonia, Italia, y su posterior montaje en Brasil y en Chile con la asesoría directa del mismo Guattari.

También comenté que, como el proletariado ya no es el sujeto revolucionario, el marxismo busca motivar a diversos grupos sociales inconformes, como los estudiantes, los indígenas, la comunidad LGBTI y los sindicatos, para que se tomen las calles, bloqueen las vías, destruyan los medios de transporte, desacrediten a la fuerza policial, creen confusión en la comunidad y afecten la economía para que los ciudadanos entren en crisis y sean fácilmente manipulables en la campaña electoral.

La pregunta que surge es ¿por qué la minga, que buscaba humillar al presidente Duque y obligarlo a dialogar directamente, decidió regresar a sus enormes propiedades sin los tradicionales bloqueos siempre asesorada por estudiantes universitarios y líderes de izquierda? En este mismo sentido, llama la atención la marcha tranquila de FECODE y las centrales obreras (que representan apenas un 6% de los trabajadores colombianos, casi todos del sector público). No pagaron los honorarios a los encapuchados, no asaltaron bancos, almacenes o supermercados; no atacaron los CAI y no hubo necesidad de la intervención de la policía. No tenían un acuerdo sobre las justificaciones de la protesta y cada uno de los líderes entrevistado por los medios presentaba peticiones vagas y diferentes. ¿Qué traman con este interludio de en su montaje revolucionario?

Hace veinte años, los votos por la izquierda en Chile eran el 4 % de total. Como sucede en Colombia, la mayoría de los jóvenes menores de 28 años prefieren una dictadura a una democracia y la izquierda ha logrado, con sus ataques al metro y a la economía, debilitar al gobierno. Las manifestaciones violentas iniciadas en noviembre pasado, tanto en Chile como en Colombia, se inspiran en la revolución molecular que incendia iglesias.

 

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