En una entrevista concedida por Agustín Laje a
María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, se refirió al binomio economía y
relato para mostrar su análisis de la guerra cultural entre la izquierda y la
derecha en todo el mundo. Para el autor de El libro negro de la nueva
izquierda, el error cometido por la derecha en esta confrontación reside en su
énfasis exclusivo en los buenos resultados económicos de sus gobiernos y en su
olvido del relato. Del relato se ha apropiado la izquierda.
Para comprender mejor esa posición es necesario
aclarar que el relato se refiere a la mitología o ideología democrática. Es
evidente que el nuevo discurso de la izquierda enfatiza los derechos humanos,
la tolerancia, la paz y la igualdad, el feminismo, la ecología, entre otros
valores, que hacen parte de las constituciones de los países democráticos. Ese
nuevo sermón es su estrategia para ganar el voto de la comunidad mal informada,
especialmente en los países latinoamericanos. Una vez controlan el Estado, su
proyecto es otro, en que no valen los derechos humanos ni la igualdad, como lo
hemos visto en Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia,
etc.
Además, el relato de que habla Laje es también una
mitología, es decir, un cuento que no es verdadero y que hace parte del
contrato social de los países democráticos. Los derechos humanos son una
ficción como lo es la persona humana. No somos iguales y el sujeto de derechos no
es más que un algoritmo o una idea, una creación imaginaria, soporte de nuestra
organización política.
Entonces Laje propone un nuevo partido de derecha,
similar al Vox de los españoles, que ataque a la izquierda en ese terreno
ideológico y cultural. Que, por ejemplo, enfatice que no es feminista y está en
contra del enfoque de género de los zurdos; que abiertamente defienda lo
políticamente incorrecto; que se oponga a la manipulación del lenguaje de los
seguidores de Stalin y Mao en las redes sociales y en los medios de
comunicación.
Mi análisis es diferente al de Agustín Laje. Pienso
que los países subdesarrollados estamos enfrascados en una lucha por el relato
o la democracia y nos hemos olvidado de la economía o del capitalismo. La
democracia es nuestro fetiche, como dice el filósofo marxista Alain Badiou. Hicimos
una reforma constitucional en 1991 para modificar el relato: la tutela, un
estado laico, Participación comunitaria, ampliación de los derechos humanos a
las minorías, etc.; pero de desarrollo económico, poco.
Hicimos un acuerdo de paz con una guerrilla
perdida en los vericuetos del marxismo del siglo XIX y no incluimos un solo
punto para favorecer el desarrollo capitalista; por el contrario, condenamos a
los campesinos a una miseria eterna y, a nuestros planes de desarrollo, a
permanecer bloqueados. Por otro lado, los proyectos de ley que derecha e
izquierda presentaron en estos días se centran en el relato, precisamente ahora.
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