Prohibido Harari
Iván Tabares Marín
El profesor Beethoven Herrera nos sorprendió en su columna
del periódico Portafolio con la noticia de la prohibición de los libros del
escritor Yuval Noah Harari por los gobiernos de Irán e Israel, algo
completamente previsible en países fundamentalistas como esos, uno musulmán y
el otro judío, como también es posible en países totalitarios o de verdad única.
La revista de izquierda, Arcadia, de la editorial Semana, publicó el año pasado
una sátira contra el último de los libros de Harari.
Si un historiador como Harari afirma que “todo relato
religioso o político es engañoso”, era de esperarse el veto. Sin embargo, otros
autores han dicho lo mismo y no han sido prohibidos. Entre estos podemos
incluir los representantes de la Teoría Francesa, conformada por la mayoría de
los filósofos de los movimientos estructuralista y posmoderno, muchos de ellos
marxistas, que coinciden en el carácter metafísico de las religiones y las
ideologías políticas.
Prohíben 21 lecciones del siglo XXI de Harari, pero no lo
hacen con los textos de Michel Foucault, Jacques Derrida o Slavoj Zizek, mucho
más críticos de la religión y del mismo marxismo. Los libros de Harari tienen
el mérito de presentar en una forma sencilla los planteamientos muy complicados
de los filósofos. Por esta razón, les dediqué buena parte de los artículos del
año pasado, en particular a su afirmación “soy un algoritmo”, que muchos de
nuestros intelectuales no entienden o no quieren entender porque desvela las
falacias de su marxismo.
Si los colombianos leyéramos a Harari, especialmente las 21
lecciones, podríamos superar todo ese debate tonto en que nos mantienen los
medios y las redes sociales. Aprenderíamos que estamos condenados a vivir en un
mundo imaginario y que fuera de él no podemos encontrar el sentido a la vida; que
ninguna religión o partido político tiene la verdad absoluta ni conoce el fin
de la historia; que la única verdad del ateísmo es que el ateo no existe; que
todos los políticos, como los brujos y culebreros, son expertos en el juego del
lenguaje; que la mitología democrática responde a las aspiraciones de la
naturaleza humana y al afán de reconocimiento de todos como ninguna otra.
Dos capítulos de las 21 lecciones ayudan a comprender la prohibición.
Uno es el capítulo 8, titulado Religión, con el subtítulo “Dios sirve ahora a
la nación”. En palabras mías, las religiones no resuelven nada, pero dan
identidad y eso es muy importante. Agrega una crítica a los nazis y comunistas
porque sus “intentos para determinar de manera científica las identidades
humanas de raza y clase demostraron ser una pseudociencia peligrosa (…)”. El
capítulo 14, Laicismo, es una explicación hermosa del ideal laico, resumido en
el compromiso con la verdad, la compasión y la igualdad.
Si usted no ha leído a Harari, corra a hacerlo antes de que
llegue un mamerto a la presidencia y lo prohíba por ser políticamente
incorrecto.
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