martes, 24 de noviembre de 2020

PROHIBIDO HARARI

 

Prohibido Harari

Iván Tabares Marín

El profesor Beethoven Herrera nos sorprendió en su columna del periódico Portafolio con la noticia de la prohibición de los libros del escritor Yuval Noah Harari por los gobiernos de Irán e Israel, algo completamente previsible en países fundamentalistas como esos, uno musulmán y el otro judío, como también es posible en países totalitarios o de verdad única. La revista de izquierda, Arcadia, de la editorial Semana, publicó el año pasado una sátira contra el último de los libros de Harari.

Si un historiador como Harari afirma que “todo relato religioso o político es engañoso”, era de esperarse el veto. Sin embargo, otros autores han dicho lo mismo y no han sido prohibidos. Entre estos podemos incluir los representantes de la Teoría Francesa, conformada por la mayoría de los filósofos de los movimientos estructuralista y posmoderno, muchos de ellos marxistas, que coinciden en el carácter metafísico de las religiones y las ideologías políticas.

Prohíben 21 lecciones del siglo XXI de Harari, pero no lo hacen con los textos de Michel Foucault, Jacques Derrida o Slavoj Zizek, mucho más críticos de la religión y del mismo marxismo. Los libros de Harari tienen el mérito de presentar en una forma sencilla los planteamientos muy complicados de los filósofos. Por esta razón, les dediqué buena parte de los artículos del año pasado, en particular a su afirmación “soy un algoritmo”, que muchos de nuestros intelectuales no entienden o no quieren entender porque desvela las falacias de su marxismo.

Si los colombianos leyéramos a Harari, especialmente las 21 lecciones, podríamos superar todo ese debate tonto en que nos mantienen los medios y las redes sociales. Aprenderíamos que estamos condenados a vivir en un mundo imaginario y que fuera de él no podemos encontrar el sentido a la vida; que ninguna religión o partido político tiene la verdad absoluta ni conoce el fin de la historia; que la única verdad del ateísmo es que el ateo no existe; que todos los políticos, como los brujos y culebreros, son expertos en el juego del lenguaje; que la mitología democrática responde a las aspiraciones de la naturaleza humana y al afán de reconocimiento de todos como ninguna otra.

Dos capítulos de las 21 lecciones ayudan a comprender la prohibición. Uno es el capítulo 8, titulado Religión, con el subtítulo “Dios sirve ahora a la nación”. En palabras mías, las religiones no resuelven nada, pero dan identidad y eso es muy importante. Agrega una crítica a los nazis y comunistas porque sus “intentos para determinar de manera científica las identidades humanas de raza y clase demostraron ser una pseudociencia peligrosa (…)”. El capítulo 14, Laicismo, es una explicación hermosa del ideal laico, resumido en el compromiso con la verdad, la compasión y la igualdad.

Si usted no ha leído a Harari, corra a hacerlo antes de que llegue un mamerto a la presidencia y lo prohíba por ser políticamente incorrecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario