La forma más común de corrupción política en nuestro medio es
el clientelismo; es un intercambio de favores a gran escala entre los políticos
y sus clientes o votantes que a menudo requiere la participación de una serie
de intermediarios. El elector da su voto
a cambio de una fórmula médica, un mercado, puesto, dinero en efectivo, un
contrato o cualquier otra contraprestación.
El patrocinio es otra forma de corrupción. Las relaciones de
patrocinio suelen ser cara a cara, sin intercambio de favores entre los
políticos y sus clientes. Es muy común
en los regímenes y partidos totalitarios. Se ejerció inicialmente por parte de
comunismo entre los obreros a través de los sindicatos; luego infiltró a grupos
de intelectuales, especialmente a los dedicados a las ciencias humanas y a las
disciplinas literarias y artísticas en las universidades; también comprometió a
los maestros. La relación corrupta de FECODE con el marxismo tiene por patrocinadores
a líderes de izquierda como el senador Jorge Enrique Robledo.
El patrocinio no da dinero o puestos a cambio de votos. Da
ilusiones, promete mejorar el estrato o, como dicen sus voceros, “concientiza o
genera conciencia de clase”; adoctrina y da esperanzas a través de un relato
fácil, muy convincente, perfectamente adaptable a las frustraciones,
necesidades, vacíos, intereses y conflictos emocionales de sus seguidores,
generalmente jóvenes con poca educación.
El patrocinio marxista llegó a la religión católica por la
teología de la liberación. Con la pandemia se hizo evidente en las
organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud. Apareció en el proyecto marxista
de enfoque de género para impulsar el aborto y favorecer los laboratorios
productores de anticonceptivos, las organizaciones de pedófilos y las clínicas
abortistas que pagan muy bien. Recordemos que las cartillas de la comunidad
LGBTI+, que modificaban los manuales de convivencia en escuelas y colegios
colombianos para favorecer al marxismo, fueron aprobadas por la ONU. El
patrocinio mamerto sobre los campesinos e indígenas quedó plasmado en el Acuerdo
de paz.
Desde 1988, Jean Francois Revel denunció en su libro El
conocimiento inútil que la UNESCO se había convertido en una oficina al
servicio de los comunistas soviéticos. Y el reciente fallo favorable a Gustavo
Petro nos recordó que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, adscrita a
la OEA, tiene entre sus jueces al reconocido Raúl Eugenio Zaffaroni, con 81
años, asesor de los Kirchner y protegido por el peronismo, con una tendencia a
politizar sus fallos. Gracias a ese fallo, cualquier funcionario de elección
popular puede hacer cualquier daño a nuestras instituciones y al erario siempre
y cuando no incurra el algún tipo penal.
Desde cuando surgió la revolución molecular en Francia en los
años setenta del siglo pasado, el patrocinio marxista se extendió al movimiento
feminista, los inmigrantes, los drogadictos, los ecologistas, los estudiantes,
las negritudes e indígenas, entre otros. El clientelismo compra el voto; el patrocinio
promete una quimera y también es corrupción.
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