En los últimos años hemos asistido a una disminución
significativa de los comentarios sobre el nacimiento de Jesús, seguramente por
los avances científicos e históricos que muestran el carácter mitológico de esos
eventos. Como nuestros cuatro evangelios se empezaron a escribir después del
año 70, unos cuarenta años después de la muerte del crucificado, la única
referencia con que contaban los seguidores de Saulo de Tarso era la Torá o
escrituras sagradas de los judíos que habían sido traducidas al griego en
Egipto.
La labor de los evangelistas consistió en atribuir a Jesús
algunos comentarios de esas escrituras para mostrarlo como el mesías o salvador
del mundo, con unas características distintas a las que imaginaban los hebreos.
El evangelio de Mateo, por ejemplo, intenta presentar a Jesús como el nuevo
Moisés y para ello reproduce el mito del infanticidio ordenado por el Faraón,
pero esta vez atribuido a Herodes.
La prensa internacional aprovechó la alineación de los
planetas Júpiter y Saturno de esta semana para recordar una de las
interpretaciones de lo que pudo ser la estrella de Belén que anunció a los
magos venidos de Oriente el nacimiento del Salvador, en el mismo evangelio de
Mateo como parte importante del libreto. Aunque los astrónomos han descubierto
que a comienzos del siglo I se presentó tal alineación, no tiene ninguna
relación con el nacimiento de Jesús ocurrida años antes, tal vez en el año 6
antes de nuestra era. Además, el mito de los magos quería mostrar el
sometimiento de los persas y otros pueblos al nuevo líder religioso.
El sacerdote Alfonso Llano Escobar, quien acaba de fallecer,
nos recordaba en un libro que publicó en 2008, Confesión de fe crítica, que las
investigaciones realizadas por teólogos, historiadores y arqueólogos nos
estaban cambiando nuestra fe de carbonero desde las últimas tres décadas del
siglo XX. El jesuita nos invitaba a acomodarnos a estos cambios.
La lectura del segundo libro del Dr. Carlos Jaramillo, El
milagro antiestrés, y el documental de Netflix, Heal, nos pueden mostrar el
camino de una nueva interpretación de los evangelios, pero no ya como
ratificación de la verdad única del cristianismo, sino como la posibilidad de
una nueva ética, el encuentro con las religiones de oriente y una síntesis
maravillosa de las nuevas ciencias del siglo XXI con las religiones de todos
los pueblos.
Entre esas nuevas ciencias me refiero a la epigenética, la medicina
funcional del Dr. Jaramillo y la mecánica cuántica, entre otras. Estamos
aprendiendo que debemos cambiar nuestra dieta. Somos lo que comemos. También
estamos conociendo el poder de la mente y nuestro ambiente para cambiar nuestra
estructura genética y producir eventos que anteriormente eran llamados
“milagros”. Es una visión sobre la importancia de las relaciones con los otros
y con la naturaleza para vivir sanos y felices.
Si miramos hacia el cielo por estos días de pandemia, veremos
una luz de esperanza. Feliz Navidad.
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