martes, 15 de diciembre de 2020

NO COMA ESTO


 

Aunque hace apenas unos dos años el profesor Moisés Wasserman afirmaba que no existía el trigo transgénico, en los últimos años la modificación genética de los cereales, según la medicina funcional, es el villano que nos está matando. El gluten, proteína de esos cereales, altera la permeabilidad intestinal y permite que entren al organismo sustancias tóxicas que producen una inflamación crónica y, en consecuencia, muchas enfermedades alérgicas, cardiovasculares, autoinmunes, mentales y cáncer.

 

La caseína, proteína de la leche, produce en el intestino el mismo daño que el gluten del pan. No es la grasa de la leche la que nos produce el infarto, sino la caseína y el gluten por la reacción inflamatoria generalizada que provocan. Otros alimentos tóxicos son los carbohidratos en exceso porque aumentan la producción de insulina, nos engordan, generan inflamación, diabetes, Alzheimer y otras patologías.

 

Esta es la lista de alimentos que usted no debe consumir, según el Dr. Carlos Jaramillo en su libro El milagro metabólico: nada de azúcar, lácteos, embutidos industriales, enlatados, jugos de frutas, maní, comida procesada, alcohol, cereales de caja, productos de panadería y pastelería, pastas y carne de cerdo (tiene histamina); salsas industriales, aceites vegetales, alimentos hidrogenados o margarinas. La lactosa se compone de dos tipos de azúcares; el fabricante las separa y por eso la leche deslactosada es dulce y no se debe consumir.

 

Frutos y vegetales contaminados con insecticidas y químicos: fresas, espinacas, manzanas, uvas, duraznos, cerezas, peras, tomates, apio, papas, pimientos marrones; la terbutil hidroquinona, derivado del petróleo usado en margarinas, cereales de caja y chocolates; preservantes como los nitritos y nitratos; los alimentos con sabor artificial; el color caramelo de algunas gaseosas produce o induce cáncer; frutales y vegetales transgénicos; los batidos milagrosos, como los terminados en life; los suplementos de gimnasio; las carnes importadas; mejor la sal del Himalaya que la corriente.

 

¿Entonces qué comemos? El libro tiene su respuesta, pero muchos de los alimentos propuestos son muy caros: el aceite de coco ($ 68.000), la leche de coco ($ 56.000, por 6 cajas de 946 ml.), precio igual al de la leche de almendras sin azúcar; la sal rosada del Himalaya ($ 22.000 por 400 g.) y quesos importados, entre otros.

 

Para remplazar muchos vegetales contaminados propone el consumo de los orgánicos. La crítica del Dr. Jaramillo a los alimentos genéticamente modificados incluye el maíz. Entre las carnes, solo salva la de reses alimentadas con pasto, y rechaza las importadas de vacunos alimentados con transgénicos. El mercurio en los peces, con los transgénicos más las hormonas y otros tóxicos aplicados a pollos y vacunos, nos dejarán sin carne en pocos años.

 

La Revolución Verde de cereales genéticamente modificados resolvió el problema del hambre en países como la India, México y muchos otros; hoy, esos mismos cereales no están llevando a la muerte. Las autoridades sanitarias y el Congreso de la República tienen la palabra.

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