martes, 29 de diciembre de 2020

DEL ALMA AL ALGORITMO

 


Hace apenas unos setenta años o menos, se enseñaba que las facultades del alma eran la inteligencia y la voluntad; pero por esa misma época empezó a negarse la existencia del alma, cambió la visión del hombre y aprendimos lo que las ciencias habían descubierto muchos años antes: no somos cuerpo y alma, sino mente y cuerpo. Nuestros maestros viven desactualizados.

 

La mente mantuvo ciertas características que la diferenciaban del cuerpo y entonces se llamó “lo psicológico”. El cuerpo era material o genético y, por el contrario, lo psicológico conservaba ciertas connotaciones del “alma” completamente independientes de la materia. Se pensaba que la psicoterapia actuaba sobre la mente y los fármacos sobre el cerebro. Ahora sabemos que no es así.

 

Se explicaba, por ejemplo, que la disfunción sexual masculina obedecía en un 75 por ciento de los casos a factores psicológicos, en tanto que el 25 por ciento restante era causado por patologías orgánicas como la diabetes, la hipertensión y algunas drogas. Nadie hablaba por aquel entonces de que lo psicológico o adquirido pudiese modificar los genes y el cerebro. Una droga usada para el tratamiento de la hipertensión tenía un efecto secundario en la actividad sexual de los varones, el sildenafil o Viagra. Como muchos caballeros mejoraron su desempeño con el medicamento, de manera arbitraria se intercambiaron los porcentajes: el 75 % de casos de la disfunción sexual se atribuyeron al cuerpo; el resto, a problemas emocionales o psicológicos.

 

El psicólogo freudiano, Bruno Bettelheim, acuñó la expresión “madre nevera” para culpabilizar a las madres de niños autistas por el trastorno de sus hijos. Con esa expresión quería negar el carácter genético del autismo y atribuir el trastorno a la falta de afecto de la madre. Esa teoría es completamente desechada hoy. El autismo es genético por una mutación en el cromosoma 7 que transmite el padre a algunos hijos

 

Asimismo, el enfoque de género o feminismo marxista incluido en el Acuerdo de paz se creó por aquella época, segunda mitad del siglo XX, para negar el condicionamiento de la naturaleza humana o la biología en el género sexual y considerarlo exclusivamente una creación simbólica o performativa de los padres en la sociedad patriarcal y capitalista. Ser homosexual o transgénero es “culpa” de los padres. Aunque esa teoría es falsa, sigue siendo la base de la ideología marxista.

 

La mecánica cuántica borró el cuerpo porque es una simple elaboración mental; somos definidos hoy por lo que pensamos, por nuestros relatos, tanto los inscritos en nuestros genes como los grabados por los otros o la cultura en nuestro cerebro. Somos discurso o lo que creemos; seres simbólicos, programas virtuales o algoritmos cerebrales. No hay sujeto. Sin embargo, también somos lo que comemos porque la dieta ayuda a configurar nuestras emociones, la salud y la enfermedad. Lo que antes llamábamos espíritu es lo cuántico, según algunos.

 

Que el año nuevo sea mejor para todos.

 

 

 

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