En la vida tomamos decisiones por determinadas razones
cuando, en verdad, los motivos son otros, inconscientes. Y eso pasa en los
asuntos más importantes como cuando elegimos una carrera, nos enamoramos u optamos
por un empleo. Nos engañamos pensando que en nuestra profesión vamos a prestar
un servicio social, pero en realidad buscamos dinero, prestigio u otro objetivo
menos confesable.
Todo político jura que quiere prestar un servicio a la
comunidad, especialmente a los más pobres y, en los últimos años, a los perros
callejeros. Esos mismos políticos aparecen poco tiempo después negociando la
alimentación escolar, la construcción de una vía o los mercados para los pobres
con un delincuente a cambio de una buena “mordida”.
Los grandes salarios del sector público, en comparación con
los del sector privado, se convierten en una atractivo para muchos mediocres. Y
esto vale en todos los partidos. Miremos los “aparecidos” parlamentarios del
Centro Democrático y de la Alianza Verde. Unos y otros estarían ganando tres o
cinco millones en una empresa privada en el mejor de los casos. Claudia López y
su señora, con algunos uribistas, probablemente estarían desempleadas.
La Alianza encontró su elector en Antanas Mockus, y el CD, en
Álvaro Uribe Vélez. Sin preparación académica y sin experiencia en cargos
públicos o administrativos unos y otros empezaron a ganar $ 32 millones
mensuales. En cada una de esas organizaciones políticas son tres o cuatro los
parlamentarios conocidos por sus intervenciones; la mayoría de ellos calientan
sus curules, mas nunca dicen nada. No se atreven a presentar un proyecto serio que
intente resolver los problemas económicos. La vida se les va en pelear en las
redes.
Si el Centro Democrático está conformado por un grupo que
quiere imponer su visión mojigata del cristianismo y si la izquierda Verde quiere
destruir nuestra organización política, económica y familiar para improvisar su
socialismo proguerrillero, ninguno de esos movimientos representa a la mayoría
de los colombianos. Gracias a la campaña de más de veinte años contra el
expresidente Uribe Vélez, impulsada por los maestros en colegios y
universidades, la izquierda ha creado esa falsa dicotomía: uribista o socialista.
Eso llevó a que Gustavo Petro y Sergio Fajardo sumaran más de 14 millones de
votos en las últimas elecciones. Muchos eran votos, injustos sin duda, contra
Uribe; pero el CD no lo ha entendido.
Pensaba en estas cosas mientras leía la lista de los
proyectos de ley presentados en esta legislatura por Verdes y uribistas. ¡Qué
decepción! Con todos los problemas que tenemos, más los que nos esperan, a los
Verdes solo se les ocurren proyectos intrascendentes, como homenajes al mejor
vocero de la guerrilla, Alfredo Molano Bravo, o la exaltación de la masacre de
las Bananeras, convertida por García Márquez y las guerrillas en el mito
fundacional de la Colombia socialista. Miren los proyectos uribistas: ¡qué
frustración! Es muy oscuro el futuro de la nación con nuestros mediocres
partidos.
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