martes, 17 de noviembre de 2020

LA POLÍTICA COMO EMPLEO

 

En la vida tomamos decisiones por determinadas razones cuando, en verdad, los motivos son otros, inconscientes. Y eso pasa en los asuntos más importantes como cuando elegimos una carrera, nos enamoramos u optamos por un empleo. Nos engañamos pensando que en nuestra profesión vamos a prestar un servicio social, pero en realidad buscamos dinero, prestigio u otro objetivo menos confesable.

Todo político jura que quiere prestar un servicio a la comunidad, especialmente a los más pobres y, en los últimos años, a los perros callejeros. Esos mismos políticos aparecen poco tiempo después negociando la alimentación escolar, la construcción de una vía o los mercados para los pobres con un delincuente a cambio de una buena “mordida”.

Los grandes salarios del sector público, en comparación con los del sector privado, se convierten en una atractivo para muchos mediocres. Y esto vale en todos los partidos. Miremos los “aparecidos” parlamentarios del Centro Democrático y de la Alianza Verde. Unos y otros estarían ganando tres o cinco millones en una empresa privada en el mejor de los casos. Claudia López y su señora, con algunos uribistas, probablemente estarían desempleadas.

La Alianza encontró su elector en Antanas Mockus, y el CD, en Álvaro Uribe Vélez. Sin preparación académica y sin experiencia en cargos públicos o administrativos unos y otros empezaron a ganar $ 32 millones mensuales. En cada una de esas organizaciones políticas son tres o cuatro los parlamentarios conocidos por sus intervenciones; la mayoría de ellos calientan sus curules, mas nunca dicen nada. No se atreven a presentar un proyecto serio que intente resolver los problemas económicos. La vida se les va en pelear en las redes.

Si el Centro Democrático está conformado por un grupo que quiere imponer su visión mojigata del cristianismo y si la izquierda Verde quiere destruir nuestra organización política, económica y familiar para improvisar su socialismo proguerrillero, ninguno de esos movimientos representa a la mayoría de los colombianos. Gracias a la campaña de más de veinte años contra el expresidente Uribe Vélez, impulsada por los maestros en colegios y universidades, la izquierda ha creado esa falsa dicotomía: uribista o socialista. Eso llevó a que Gustavo Petro y Sergio Fajardo sumaran más de 14 millones de votos en las últimas elecciones. Muchos eran votos, injustos sin duda, contra Uribe; pero el CD no lo ha entendido.

Pensaba en estas cosas mientras leía la lista de los proyectos de ley presentados en esta legislatura por Verdes y uribistas. ¡Qué decepción! Con todos los problemas que tenemos, más los que nos esperan, a los Verdes solo se les ocurren proyectos intrascendentes, como homenajes al mejor vocero de la guerrilla, Alfredo Molano Bravo, o la exaltación de la masacre de las Bananeras, convertida por García Márquez y las guerrillas en el mito fundacional de la Colombia socialista. Miren los proyectos uribistas: ¡qué frustración! Es muy oscuro el futuro de la nación con nuestros mediocres partidos.

 

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