martes, 15 de septiembre de 2020

EL LIBRETO DE FECODE

 

La víctima no era un buen ciudadano; era un antisocial que como miles de otros colombianos no dejan dormir a sus vecinos porque la Corte Constitucional dejó sin vigencia la norma del Código de Policía que habilitaba la intervención de los agentes. Aunque los medios más importantes del país se adelantaron a fijar responsabilidades para estimular la violencia cuando no se han concluido la necropsia y la investigación, un imprudente abogado lanzó la hipótesis de una fibrilación ventricular condicionada por el exceso de licor del taxista que cambiaría completamente la culpabilidad de los policías.

Los revoltosos, que no representan a la mayoría de los colombianos, generaron más muertes para radicalizar su locura. No son personas desadaptadas. ¿Desadaptadas con relación a qué? Es obvio que se trata de jóvenes que ya no se identifican con las doctrinas religiosas y mucho menos con las democráticas de los derechos humanos o con ese humanismo ramplón de algunos medios. En su gran mayoría son muchachos condicionados como el perro de Pávlov a reaccionar a ciertos estímulos muy precisos como si estuvieran sometidos a un plan preconcebido y bien orquestado. De hecho, no tiran una sola piedra cuando las víctimas son cadetes de la policía, los líderes sociales, los exguerrilleros de las FARC o un ciudadano asesinado por un atracador.

El hecho de que ataquen al mismo tiempo, con las mismas armas y capuchas, con objetivos y estrategias similares, nos permite suponer que su actuación no es espontánea, sino la representación de un papel que les fijaron y pagaron otros, los directores de escena. Las personas no existen; el comportamiento que a ellas se atribuye no es más que un libreto inscrito en su cerebro, como nos pasa a todos en el proyecto de vida que creemos nuestro, pero que en realidad nos impusieron.

El montaje de los anarquistas es la representación del drama que aprendieron en el colegio, la universidad y las redes sociales; es el sueño de Gustavo Petro y Claudia López; es el capítulo segundo de una tragedia iniciada en el mes de noviembre, cuando no existió un abuso policial como coartada hasta la muerte de Dylan, pero que se fundamentó en cien motivos imaginarios; es el proyecto del marxismo internacional, del Foro de Sao Paulo o de Puebla; es la misma revolución molecular. Un buen título para la obra podría ser “El espectáculo de FECODE”.

La ingenuidad del partido de gobierno y del mismo presidente Duque, más la excelente labor de los organismos de derechos humanos, infiltrados por el marxismo para anular a la policía y al Ejército en el control del orden público, han creado las condiciones favorables para la acción del comunismo internacional. La actitud pasiva y complaciente con el terrorismo de los alcaldes de izquierda en las principales ciudades del país han construido el escenario perfecto para la tragedia. Los colombianos somos el público pasivo en la platea. Preparémonos para lo peor.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario