domingo, 2 de agosto de 2015


Saulo el mentiroso (segunda parte)

Iván Tabares Marín
  
No hay concordancia entre los datos biográficos de Pablo  en los Hechos  de los apóstoles y los contenidos en sus cartas.   Para aquéllos, Pablo era un judío, nacido en Tarso de Cilicia, en el extremo suroriental de la península de Anatolia,  formado en la mejor escuela farisea de la época en Jerusalén y que orientaba el sabio Gamaliel.  Fabricante de tiendas, ciudadano romano, enemigo fanático de los primeros seguidores del Nazareno y convertido milagrosamente a la secta de sus perseguidos en el camino a Damasco cuando escuchó la voz: “Saulo, Saulo, por qué me persigues”.  Pues bien, a excepción de su condición judía los otros datos de los Hechos no son corroborados en las cartas y no contamos con otra fuente para contrastarlos.  Además, muchas investigaciones cuestionan con buenos argumentos la veracidad de esos datos.  No se explica, por ejemplo, cómo podía ser ciudadano romano un judío fariseo fundamentalista; si recibió las enseñanzas de Gamaliel, ¿por qué terminó elaborando una ideología religiosa ecléctica, inspirada en las religiones mistéricas o paganas, en la gnosis y en las enseñanzas de la Yahad o comunidad redactora de los rollos encontrados en el Qumrán, cerca al mar muerto?, como se mostrará más adelante.  

La conversión milagrosa en el camino a Damasco aparece tres veces en los Hechos –capítulos 9, 22 y 26—pero no en los escritos de Pablo, en los que se limita a señalar la aparición de Cristo resucitado para comunicarle su mensaje y encargarle su misión de transmitirlo a los gentiles.  Es decir, Pablo no fue formado por los apóstoles de Jesús.  A pesar de la poca credibilidad que merece un libro fantástico como los Hechos, muchos eruditos especulan todavía en el siglo XXI para darle una explicación científica a la pérdida súbita de la visión en el camino a Damasco, la voz que oyó y la transformación milagrosa de su ideología  y su vida.  Algunos interpretan el episodio como una crisis epiléptica o como un síntoma de una histeria.  Sin embargo, no se percatan de que el episodio muy probablemente no fue real y de que sus hipótesis no aclaran la nueva programación del cerebro de Pablo: una episodio convulsivo del  hemisferio temporal del cerebro y un ceguera histérica no explican que un simple judío vendedor de tiendas o de artículos de cuero –como creen otros—empiece a delirar, a creerse enviado de Dios y proponer una nueva religión, distinta a la que predicaba el mismo Jesús, en cuya autoridad o divinidad Pablo se apoyaba.

Si un milagro no es aceptable en este caso, debemos suponer la vinculación de Saulo a alguna de las sectas, distinta a la farisea, o su dedicación al estudio de las religiones paganas y judías de la época antes de lanzar su propia mitología.  A favor de esta hipótesis nos encontramos con un vacío o período oscuro en la biografía paulina, sobre el cual nada sabemos por los Hechos o por las cartas, y que comprende un lapso de unos diez años, entre su conversión, hacia el año 35, y su primer viaje misionero alrededor de los años 46 y 47.  Pablo cuenta que parte de ese tiempo lo dedicó a viajar por Arabia, Siria y Cilicia; pero no explica sus actividades o contactos.  De todas maneras, si dedicó ese tiempo  a prepararse, no tenemos todavía un explicación para su conversión, a no ser que nos valgamos de la hipótesis del “retiro- retorno”, fenómeno sicológico repetido en numerosas experiencias reales y literarias de todos los tiempos. (Continuará)





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