domingo, 23 de agosto de 2015



El guerrillero

Dicen que cuando alguien agoniza ve pasar en pocos segundos, como en una película, toda su vida.  Eso le sucedió a Tomás cuando esperaba la ráfaga que cerraría su vida.  Acababa de ser condenado a muerte por un tribunal revolucionario de las FARC-EP por el delito de indisciplina.  Algunos camaradas asistentes a la ejecución comentaron con prudencia que iba a morir por ingenuo o por amor, más que por lo que decía el expediente.

Todos sus compañeros recordaban la historia.  Tomás era un joven campesino de la vereda Los Naranjos, en un lejano municipio del Caquetá, Colombia, dedicado a colaborar con la comunidad en cuanto proyecto se proponía.  Sus cualidades de líder eran evidentes y le habían ganado el respeto y la admiración de todos.

Un día llegó a la zona una mujer un poco mayor que el muchacho al que convirtió en objeto de sus deseos.   Loco de amor accedió a acompañarla al campamento guerrillero y se vistió de camuflaje con la condición de que siempre estuviese  cerca de la chica.  Para su sorpresa, ella, llamada Irma, cambió la pasión  por indiferencia y luego por rencor.   Hasta la trasladaron a otro campamento para evitarle el contacto con el enamorado.  Las protestas del chico colmaron la paciencia del comandante del frente, quien con gran enojo montó un rápido consejo de guerra para liberarse de ese estorbo.

El día de la ejecución Tomás despertó atado de un árbol.  Mientras examinaba su corta vida, no podía entender la situación  absurda en que se encontraba cuando su único pecado había sido amar a una mujer.  Su dolor se hizo insoportable al levantar su cabeza y ver entre los asistentes el rostro que consideraba más hermoso.  Irma alzó su fusil, se paró con absoluta frialdad frente al muchacho y esperó la orden de su comandante…

(La narración anterior se refiere a hechos reales, contados en el libro Operación Gato Negro, aunque los nombres y algunos detalles son creaciones del autor)



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