Amores viejos
En
las cuestiones amorosas podíamos en el pasado reciente buscar la ayuda de un
sicólogo o un psicoanalista para aclarar el panorama, para resolver el entuerto
o simplemente para reconciliarnos con la pareja; pero ahora, cuando las
disciplinas del yo o del inconsciente se quedaron rezagadas, no aparece una
cartilla que guíe nuestros pasos en el mundo del amor líquido, de los
encuentros sin compromiso, de los afectos de bolsillo o desechables.
La
situación parece más enredada para los miembros de la tercera edad o para los
mayores de cuarenta que acabaron con una relación y buscan con desesperación
una compañía en la terrible soledad de internet. El hecho reciente de una mujer que asesinó a
su cónyuge alemán, atrapado en la red virtual, con el propósito de apoderarse
de sus bienes, llena de razones a los mayores que prefieren quedarse en casa
cuidando perros y gatos antes que darle oportunidad a un delincuente, como
también respalda a las damas maduras que se espantan ante la posibilidad de que
su pretendiente no sea más que un mago que desaparece después de echar un
polvo. Este último caso es el
presentado por la película chilena Gloria, aunque muchas veces el mago no sea
más que un anciano enredado en su pasado, con sus nietos, sus hijos o sus
negocios, sin la libertad suficiente para pelear por una caricia o al menos por
un poco de calor.
Más
infame es la situación de muchas mujeres que, como siempre sucede en nuestra
cultura machista, tienen la responsabilidad de cuidar al abuelo o a la abuela,
motivo por el cual no sueñan con una nueva oportunidad amorosa y terminan
bloqueando lo que tienen de la cintura para abajo. Y ¿qué tal el drama de quienes a sabiendas de
que su compañero no es más que un oportunista se lo aguantan en silencio a
cambio de un poco de afecto bien pagado?
En
la antigüedad se pensaba que una de las ventajas de la tercera edad era la
falta de deseo erótico que facilitaba encontrar satisfacciones en otros
aspectos de la vida; pero el sildenafil con la idolatría del cuerpo alborotaron
en los varones lo que estaba dormido y les negaron la paz que preparaba para
desafiar La Parca. Los veteranos ya no
pueden repetir la fascinación del “amor en los tiempos del cólera” y tal vez
por eso la muerte ya no les duele tanto.
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