lunes, 17 de agosto de 2015



Amores viejos

En las cuestiones amorosas podíamos en el pasado reciente buscar la ayuda de un sicólogo o un psicoanalista para aclarar el panorama, para resolver el entuerto o simplemente para reconciliarnos con la pareja; pero ahora, cuando las disciplinas del yo o del inconsciente se quedaron rezagadas, no aparece una cartilla que guíe nuestros pasos en el mundo del amor líquido, de los encuentros sin compromiso, de los afectos de bolsillo o desechables.

La situación parece más enredada para los miembros de la tercera edad o para los mayores de cuarenta que acabaron con una relación y buscan con desesperación una compañía en la terrible soledad de internet.  El hecho reciente de una mujer que asesinó a su cónyuge alemán, atrapado en la red virtual, con el propósito de apoderarse de sus bienes, llena de razones a los mayores que prefieren quedarse en casa cuidando perros y gatos antes que darle oportunidad a un delincuente, como también respalda a las damas maduras que se espantan ante la posibilidad de que su pretendiente no sea más que un mago que desaparece después de echar un polvo.    Este último caso es el presentado por la película chilena Gloria, aunque muchas veces el mago no sea más que un anciano enredado en su pasado, con sus nietos, sus hijos o sus negocios, sin la libertad suficiente para pelear por una caricia o al menos por un poco de calor. 

Más infame es la situación de muchas mujeres que, como siempre sucede en nuestra cultura machista, tienen la responsabilidad de cuidar al abuelo o a la abuela, motivo por el cual no sueñan con una nueva oportunidad amorosa y terminan bloqueando lo que tienen de la cintura para abajo.  Y ¿qué tal el drama de quienes a sabiendas de que su compañero no es más que un oportunista se lo aguantan en silencio a cambio de un poco de afecto bien pagado?

En la antigüedad se pensaba que una de las ventajas de la tercera edad era la falta de deseo erótico que facilitaba encontrar satisfacciones en otros aspectos de la vida; pero el sildenafil con la idolatría del cuerpo alborotaron en los varones lo que estaba dormido y les negaron la paz que preparaba para desafiar La Parca.  Los veteranos ya no pueden repetir la fascinación del “amor en los tiempos del cólera” y tal vez por eso la muerte ya no les duele tanto.


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