El dios que no
nació
Iván Tabares Marín
La Reforma protestante cambió la manera de vivir el cristianismo
para buena parte de Europa y Norteamérica al negar la autoridad de la Iglesia
Católica, facilitar la lectura de los libros sagrados a todos los creyentes y
enfatizar la fe como la única vía de salvación.
Además, cuando propuso que la relación con Dios era un acto
absolutamente personal que no requería de intermediarios, abrió las puertas a
la mitología individualista de la sociedad capitalista, a la soberbia de la
razón y a la democracia. Por esa puerta
ingresaron la Ilustración, la separación de la Iglesia y el Estado, la
revolución industrial, los derechos del ciudadano y la convicción de que la
autoridad del rey no viene de Dios.
Todos esos avances llevaron a que muchos pensadores
desconfiaran del clero y a que elaboraran una especie de mitología en la que
Dios o Cristo aparecía como el resultado místico de una sociedad justa e
igualitaria. Para ello, tal vez, no
habría necesidad de ritos, sacerdotes, dogmas o cosas de ese estilo. Para expresarlo en otros términos, el cristianismo
mismo había puesto las bases para matar a Dios, como lo interpretó Nietzsche.
Entonces vino la Primera Guerra Mundial y la soberbia
del hombre moderno se vino a tierra. Tal
masacre significó el despertar de la humanidad: no éramos tan buenos como
habíamos pensado. Ese dios de la
sociedad sin religión nunca apareció, no nació.
El joven suizo Karl Barth, uno de los más destacados teólogos luteranos,
pasó cuenta de cobro a la diosa Razón y “condenó toda la especulación teológica
tradicional sobre el mundo natural y la
historia” en su famosa Carta a los romanos, publicada en 1919. Según Barth, el liberalismo estaba equivocado
y había que reivindicar la religión cono el único camino hacia Dios.
Pero las cosas se complicaron. En 1917 triunfó en Rusia otro intento de construir
un mundo sin Dios con el comunismo; Alemania, resentida, se postró ante un loco
que divinizó su raza; marxistas y nazis tuvieron un primer encuentro en
España(1936- 1939) como entrenamiento para la Segunda Guerra; miles de
católicos o “cristeros” murieron en México (1926-1929) defendiendo su fe…
Sigue teniendo validez la discusión sobre la necesidad
de la religión como soporte o fundamento de la Ética. ¿Será que el hombre puede superar esas
instituciones “sagradas” y construir una sociedad igualitaria sin Dios? (Lea el
libro El dios que no nació, de Mark Lilla, editorial Debate)
Fuete, escribí mi primer libro, secuestro, venganza y perdón. Y, para mi el mejor libro que existe es: LA BIBLIA.
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