viernes, 28 de agosto de 2015

El último romántico



Iván Tabares Marín

Para Isaías Berlin, uno de los eventos decisivos en la historia del pensamiento político occidental se inició en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII, se extendió hasta la segunda mitad del XIX y es conocido como el Romanticismo.   También cambió el arte, revolucionó la religión, inició una nueva orientación de la filosofía y cuestionó la muy sofisticada Ilustración.

Mientras París, motivada por la razón, implantaba su revolución burguesa, los románticos exaltaban otros elementos de la condición humana como el sentimiento, la creatividad del artista, el retorno a la naturaleza, el individuo, las expresiones culturales del pueblo, los marginados y explotados, las mujeres reprimidas, la imaginación, lo oculto, el terror, los sueños, las diferencias y los detalles.  Los artistas se rebelaron contra los moldes establecidos en la época clásica para buscar en lo más íntimo de su ser nuevas formas de expresión; la acción y la voluntad sustituyeron el éxtasis medieval; más que hacia Dios, se va tras la libertad; el nuevo héroe es el hombre trágico, el perseguido, el mártir, el hereje.  

Mientras esto ocurría en Europa, los neogradinos intentábamos traducir la Declaración de los Derechos del Hombre en las primeras imprentas que por aquellos días nos habían permitido los españoles.  Nadie nos contó de lo que estaba sucediendo en toda Europa.  Debimos esperar para que algunos románticos nos transportaran a esos tiempos.

Entre estos hombres se destacó un autodidacta, Estanislao Zuleta, quien no creía en el sistema educativo colombiano y dedicó toda su vida a dos pioneros, Carlos Marx y Sigmund Freud, activos cuando el movimiento romántico se encontraba en el ocaso.  Formados en esa corriente maravillosa, el primero puso su vida al servicio de los oprimidos por la revolución industrial, en tanto que el otro se dedicó a escarbar ese  sórdido mundo que todos tratamos de ocultar, el inconsciente.

Cuando conmemoramos 25 años de la muerte del maestro Zuleta, Colombia sigue anquilosada en el romanticismo, procurando un acuerdo con la última guerrilla de la historia, discutiendo los derechos de los marginados y los desplazados; esperando que el bueno de Francisco nos enseñe una nueva forma de entender al Nazareno; soñando con otra  democracia sin la espantosa venalidad de los jueces y añorando una nueva estética que dé sentido a este drama.

Cuando cayó el Muro de Berlín y las teorías del inconsciente entraron en crisis, el maestro Estanislao, el último romántico, decidió irse...

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