Iván Tabares Marín
La vinculación de
algunos funcionarios o contratistas de la alcaldía de Bogotá como
también de estudiantes y un docente universitarios a los últimos actos terroristas
genera muchas dudas e interrogantes en la comunidad más allá de la
responsabilidad de todos ellos. Como la
buena fe se presume, todos nos preguntamos por los criterios empleados por Petro
y sus mandos medios en el momento de realizar la selección de personal o de
adjudicar uno de los centenares de contratos que todos los días se firman en
sus oficinas.
Si alguno de los sospechosos resulta culpable, nos
gustará saber si el nominador o el contratante sabía de su militancia en grupos
terroristas. En el pasado reciente hemos
conocido de secuestradores que participaban en organizaciones no
gubernamentales defensoras de los derechos humanos y de un enfermero
sindicalista que murió en un hospital del Valle del Cauca mientras preparaba
una bomba. ¿Cómo distinguir al profesor
universitario que repite de buena fe su credo marxista de aquel que presta su
finca para esconder secuestrados de las FARC?
¿Cuál es el límite entre el sindicalismo y el terrorismo?
Ese mismo análisis lo podemos aplicar a los recientes
fallos judiciales contra ministros y otros funcionarios de la presidencia de
Álvaro Uribe Vélez. Si el cohecho y la
concusión son las formas habituales de gobernar y ganar votos en Colombia,
porque la ley no se aplica a todos por igual, o mejor, ¿dónde termina la
“mermelada” o clientelismo y empieza la corrupción? Si hubiera justicia, concejales, diputados y
congresistas debieran ir a la cárcel porque casi todos ellos obtienen el 10 por
ciento o más de cada contrato que favorecen. ¿Qué diferencia a Uribe de Juampa? ¿Cuál es el límite entre ellos?
Pasando a temas más serios, podemos preguntarnos por
los linderos que separan el amor del odio, la bondad de la ingenuidad, la
sensatez de la estupidez o, en fin, cuáles son los límites del territorio de
Dios o dónde empieza a mandar Satán. ¿Por
qué lo que ayer nos llenaba de orgullo y daba pleno sentido a nuestras vidas,
hoy nos avergüenza y hasta nos produce risa?
¿Quién diablos se inventó este mundo sin una tabla de salvación o un
pequeño asidero para anclar un poco de certeza o seguridad? ¿Dónde empieza el error?
Si los gobiernos de izquierda terminan siendo tan
parecidos a los fascistas y nazis, que alguien trace una línea entre sus
ideologías y sus hechos.
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