sábado, 29 de agosto de 2015

De toros y esclavos

De toros y esclavos

Iván Tabares Marín

En la visión simplista, propia de nuestra cultura folletinesca y de redes sociales, el público  de la plaza de toros está conformado por bárbaros que se divierten con la muerte de un animal, según la expresión de Gustavo Petro.  Sin embargo, vemos que a la fiesta brava asisten los estratos altos de la sociedad, por lo general personas mayores de edad, cultas y que representan los sectores conservadores o aristocráticos.  Por el contrario, entre quienes rechazan esa fiesta y llaman asesinos a los taurinos, se incluyen jóvenes de  los estratos pobres, proclives a la fácil ideología de izquierda, desconocedores de  la tradición y los motivos positivos de los mayores.


Al aficionado no le divierte la muerte del animal; le emociona el espectáculo de hombre que se juega la vida para dominar la fiera y recibir el reconocimiento del público.  De la misma forma que la misa católica no es un ritual caníbal, la lidia no es una fiesta bárbara sino el acto sublime del hombre que se encuentra consigo mismo.  Además,  si desde la basura de las redes sociales se va a definir la cultura tolerada, mañana los muchachos van a querer  desaparecer otras expresiones culturales “bárbaras” de los viejos como su música y su religión.

La ideología esclavista odia y desprecia la ideología burguesa y trata  de destruirla.  Como otros guerrilleros integrados a la vida civil, Petro entregó las armas pero no ha podido desarmar su espíritu y es probable que siga amargado por su odio de clase.  En contraste con lo que pasa en un país totalitario, añorado por Petro, la Corte respalda la fiesta brava como expresión cultural de grupos sociales minoritarios.  Por eso, es una jugada sucia el intento de someter a consulta popular este asunto.

Hay algo irónico en esta polémica: el torero se parece al guerrillero, a quien está dispuesto a dar su vida por defender los animales, al soldado de Estado Islámico o al sacerdote misionero en África.   Todos ellos se mueven en el plano de lo simbólico y se juegan la vida por lo que para la mentalidad infantil es una estupidez o una barbarie.  Aparentemente luchan por un trapo, dinero, un libro, un animal o una ideología, cuando en realidad nos están gritando, todos ellos a su manera, que no somos  solo animales y que nada hay más humano que ser reconocido, valorado, respetado o dignificado por los otros.  Y ante eso, la vida no vale nada.




 

 








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