De toros y esclavos
Iván Tabares Marín
En la visión simplista, propia de nuestra cultura
folletinesca y de redes sociales, el público de la plaza de toros está conformado por
bárbaros que se divierten con la muerte de un animal, según la expresión de
Gustavo Petro. Sin embargo, vemos que a
la fiesta brava asisten los estratos altos de la sociedad, por lo general
personas mayores de edad, cultas y que representan los sectores conservadores o
aristocráticos. Por el contrario, entre quienes
rechazan esa fiesta y llaman asesinos a los taurinos, se incluyen jóvenes
de los estratos pobres, proclives a la
fácil ideología de izquierda, desconocedores de la tradición y los motivos positivos de los
mayores.
Al aficionado no le divierte la muerte del animal; le
emociona el espectáculo de hombre que se juega la vida para dominar la fiera y
recibir el reconocimiento del público. De
la misma forma que la misa católica no es un ritual caníbal, la lidia no es una
fiesta bárbara sino el acto sublime del hombre que se encuentra consigo mismo. Además,
si desde la basura de las redes sociales se va a definir la cultura
tolerada, mañana los muchachos van a querer
desaparecer otras expresiones culturales “bárbaras” de los viejos como
su música y su religión.
La ideología esclavista odia y desprecia la ideología
burguesa y trata de destruirla. Como otros guerrilleros integrados a la vida
civil, Petro entregó las armas pero no ha podido desarmar su espíritu y es
probable que siga amargado por su odio de clase. En contraste con lo que pasa en un país
totalitario, añorado por Petro, la Corte respalda la fiesta brava como
expresión cultural de grupos sociales minoritarios. Por eso, es una jugada sucia el intento de
someter a consulta popular este asunto.
Hay algo irónico en esta polémica: el torero se parece
al guerrillero, a quien está dispuesto a dar su vida por defender los animales,
al soldado de Estado Islámico o al sacerdote misionero en África. Todos ellos se mueven en el plano de lo
simbólico y se juegan la vida por lo que para la mentalidad infantil es una
estupidez o una barbarie. Aparentemente
luchan por un trapo, dinero, un libro, un animal o una ideología, cuando en
realidad nos están gritando, todos ellos a su manera, que no somos solo animales y que nada hay más humano que
ser reconocido, valorado, respetado o dignificado por los otros. Y ante eso, la vida no vale nada.
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