lunes, 31 de agosto de 2015

Hablemos del amor


Iván Tabares Marín

El romanticismo apenas aguantó dos siglos.  Eran los tiempos de la pasión, del amor bravío, del estremecimiento extremo por una caricia, del inminente desvanecimiento por un beso, de la locura causada por un “sí” y del cielo a la vuelta de la esquina.  Ciencia, religión e ideologías habían elaborado todo un imaginario sobre la virginidad y el matrimonio, necesario para mantener una organización familiar adecuada a la organización económica y política de la sociedad de la libre empresa.  Se decía que, como sucedía en muchas etnias, el macho de la especie humana prefería a la hembra no promiscua que garantizara que los hijos habidos no fueran de otro.  Como es apenas obvio tal sistema permitió el matrimonio de mujeres con las más variadas patologías relacionadas con el miedo al sexo, con las consiguientes frustraciones para los inexpertos hombres, mientras que la mujer liberada y deseosa de vivir su sexualidad a plenitud terminó estigmatizada o prostituida.

A medida que la mujer desataba las cadenas de la moral y la religión, los hijos de otros caballeros distintos al marido empezaron a entrometerse en el hogar.  Hace algunos años, las estadísticas norteamericanas mostraban que el 25% de los hijos no eran del señor.  Sin embargo, la infidelidad del hombre siempre fue tolerada en ese sistema machista o tribal, tanto que el Islam permite la poligamia, mientras que el Cristianismo y otras religiones la ignoran como un mal necesario.

Antes de que los cambios culturales modificaran nuestro cerebro y de que la producción de dopamina y serotonina, mediadores químicos de la pasión, nos hicieran enloquecer de tal forma que viéramos en cualquier Dulcinea a una reina o en un ogro a un príncipe azul,  los seres humanos se casaban por razones puramente económicas, mediante un pacto realizado por los padres de la pareja y el pago de la dote.  Se suponía que el amor llegaba después, como en efecto sucedía generalmente.  Claro que el dinero siguió determinando en alguna forma más o menos inconsciente las condiciones del matrimonio hasta nuestros días.  Los expertos nos enseñaban que así como las hembras de todas las especies preferían al macho alfa que les garantizara su seguridad, las hembras del homo sapiens se interesaban en un  macho proveedor, así no tuviera la pinta de Brad Pitt.  Por nuestra parte, los hombres buscábamos en ellas belleza y juventud --además de que fueran puras, como ya anoté-- aunque con frecuencia la química nos alteraba la visión.

Pero hoy las cosas han cambiado de manera sustancial y todavía no sabemos si para bien o para mal. El romanticismo pasó a la historia; la promiscuidad es  habitual entre muchos adolescentes; ni siquiera hablan; apenas chatean un poco y se van a la cama; cambian compañía sexual de una semana a otra.  Como ya sucede en los países desarrollados, nuestros muchachos no van a querer tener hijos pues ello se considera un anacronismo y los críos son un estorbo para la calidad de vida en una sociedad competitiva.  Todos los incentivos reales e imaginarios que nos permitían soportar la cruz del matrimonio están desapareciendo muy rápido.  La maternidad adolescente se está convirtiendo en una epidemia con sus secuelas de hijos no deseados y miseria. Las puertas a todo tipo de perversiones, al maltrato, al asesinato y al suicidio están abiertas…





sábado, 29 de agosto de 2015

De toros y esclavos

De toros y esclavos

Iván Tabares Marín

En la visión simplista, propia de nuestra cultura folletinesca y de redes sociales, el público  de la plaza de toros está conformado por bárbaros que se divierten con la muerte de un animal, según la expresión de Gustavo Petro.  Sin embargo, vemos que a la fiesta brava asisten los estratos altos de la sociedad, por lo general personas mayores de edad, cultas y que representan los sectores conservadores o aristocráticos.  Por el contrario, entre quienes rechazan esa fiesta y llaman asesinos a los taurinos, se incluyen jóvenes de  los estratos pobres, proclives a la fácil ideología de izquierda, desconocedores de  la tradición y los motivos positivos de los mayores.


Al aficionado no le divierte la muerte del animal; le emociona el espectáculo de hombre que se juega la vida para dominar la fiera y recibir el reconocimiento del público.  De la misma forma que la misa católica no es un ritual caníbal, la lidia no es una fiesta bárbara sino el acto sublime del hombre que se encuentra consigo mismo.  Además,  si desde la basura de las redes sociales se va a definir la cultura tolerada, mañana los muchachos van a querer  desaparecer otras expresiones culturales “bárbaras” de los viejos como su música y su religión.

La ideología esclavista odia y desprecia la ideología burguesa y trata  de destruirla.  Como otros guerrilleros integrados a la vida civil, Petro entregó las armas pero no ha podido desarmar su espíritu y es probable que siga amargado por su odio de clase.  En contraste con lo que pasa en un país totalitario, añorado por Petro, la Corte respalda la fiesta brava como expresión cultural de grupos sociales minoritarios.  Por eso, es una jugada sucia el intento de someter a consulta popular este asunto.

Hay algo irónico en esta polémica: el torero se parece al guerrillero, a quien está dispuesto a dar su vida por defender los animales, al soldado de Estado Islámico o al sacerdote misionero en África.   Todos ellos se mueven en el plano de lo simbólico y se juegan la vida por lo que para la mentalidad infantil es una estupidez o una barbarie.  Aparentemente luchan por un trapo, dinero, un libro, un animal o una ideología, cuando en realidad nos están gritando, todos ellos a su manera, que no somos  solo animales y que nada hay más humano que ser reconocido, valorado, respetado o dignificado por los otros.  Y ante eso, la vida no vale nada.




 

 








viernes, 28 de agosto de 2015

El último romántico



Iván Tabares Marín

Para Isaías Berlin, uno de los eventos decisivos en la historia del pensamiento político occidental se inició en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII, se extendió hasta la segunda mitad del XIX y es conocido como el Romanticismo.   También cambió el arte, revolucionó la religión, inició una nueva orientación de la filosofía y cuestionó la muy sofisticada Ilustración.

Mientras París, motivada por la razón, implantaba su revolución burguesa, los románticos exaltaban otros elementos de la condición humana como el sentimiento, la creatividad del artista, el retorno a la naturaleza, el individuo, las expresiones culturales del pueblo, los marginados y explotados, las mujeres reprimidas, la imaginación, lo oculto, el terror, los sueños, las diferencias y los detalles.  Los artistas se rebelaron contra los moldes establecidos en la época clásica para buscar en lo más íntimo de su ser nuevas formas de expresión; la acción y la voluntad sustituyeron el éxtasis medieval; más que hacia Dios, se va tras la libertad; el nuevo héroe es el hombre trágico, el perseguido, el mártir, el hereje.  

Mientras esto ocurría en Europa, los neogradinos intentábamos traducir la Declaración de los Derechos del Hombre en las primeras imprentas que por aquellos días nos habían permitido los españoles.  Nadie nos contó de lo que estaba sucediendo en toda Europa.  Debimos esperar para que algunos románticos nos transportaran a esos tiempos.

Entre estos hombres se destacó un autodidacta, Estanislao Zuleta, quien no creía en el sistema educativo colombiano y dedicó toda su vida a dos pioneros, Carlos Marx y Sigmund Freud, activos cuando el movimiento romántico se encontraba en el ocaso.  Formados en esa corriente maravillosa, el primero puso su vida al servicio de los oprimidos por la revolución industrial, en tanto que el otro se dedicó a escarbar ese  sórdido mundo que todos tratamos de ocultar, el inconsciente.

Cuando conmemoramos 25 años de la muerte del maestro Zuleta, Colombia sigue anquilosada en el romanticismo, procurando un acuerdo con la última guerrilla de la historia, discutiendo los derechos de los marginados y los desplazados; esperando que el bueno de Francisco nos enseñe una nueva forma de entender al Nazareno; soñando con otra  democracia sin la espantosa venalidad de los jueces y añorando una nueva estética que dé sentido a este drama.

Cuando cayó el Muro de Berlín y las teorías del inconsciente entraron en crisis, el maestro Estanislao, el último romántico, decidió irse...

jueves, 27 de agosto de 2015

El crepúsculo de un ídolo



IVÁN TABARES MARÍN

Aunque palabras como “edipo”, “inconsciente”, “superyó”, “libido” o “madre simbólica” nada o casi nada significan para la mayoría de los ciudadanos, constituyen elementos básicos de la Teoría Psicoanalítica, propuesta en los primeros cuarenta años del siglo pasado por Sigmund Freud, cuya influencia en el campo de las humanidades no tiene discusión, en particular después de su revisión y modernización, en un enfoque lingüístico o estructural, por grandes pensadores como el médico y filósofo Jacques Lacan (1901-1981) o el profesor turco Cornelio Castoriadis (1922- 1997).  En nuestro país, Estanislao Zuleta (1935-1990) fue uno de los principales divulgadores del Psicoanálisis en la versión lacaniana. 

El aporte freudiano al estudio del comportamiento humano puede simplificarse diciendo que demostró el condicionamiento cultural o emocional del mismo, más allá de los determinantes biológicos, sobre los que siempre se ha fundado la Psiquiatría o la Medicina.  Un ejemplo nos puede aclarar el asunto.  Antes del descubrimiento del Sildenafil o Viagra, se pensaba que la mayor parte de los trastornos sexuales, como la disfunción eréctil, se debían a factores psicológicos o no biológicos.  Como ese medicamento benefició a la mayoría de los hombres con ese problema, hoy se acepta que el condicionante físico y orgánico es más importante de lo que creímos, a pesar de que la respuesta al Sildenafil no significa necesariamente que la causa de la disfunción sea biológica.

El Psicoanálisis postula que hay enfermedades emocionales que se curan hablando, es decir, asociando libremente las palabras que primero se nos vienen a la cabeza en presencia de un analista sin necesidad de recurrir a medicamentos.  Durante el último siglo ese tratamiento ha funcionado para millones de pacientes en todo el mundo, como lo demuestran estadísticas y estudios científicamente controlados.  No obstante, vienen apareciendo en los últimos años investigaciones que cuestionan a Freud por haber plagiado sus teorías, mentido en los resultados de su tratamiento y proyectado en sus análisis los propios conflictos emocionales.

Si la Antropología había demostrado la universalidad del tabú del incesto, esa norma inconsciente que lleva a los machos de la especie humana a buscar para reproducirse una hembra distinta a su madre y sus hermanas, Freud quiso demostrar que en el desarrollo del crío humano ese tabú actúa a través de una estructura o complejo, padre-madre-hijo, llamado complejo de Edipo.  Ese nombre viene de la tragedia escrita por Sófocles en el siglo V antes de Cristo, en la que el pobre Edipo termina, sin saberlo, casado con su propia madre y asesinando a su padre.  Ese cuento es una metáfora, “el sueño de Freud”, como diría Lacan, pero explica, como ninguna otra  teoría, la aparición del sujeto, de la consciencia de sí, en el niño, como lo demuestran los numerosos casos de los “niños lobos”, esos niños que accidentalmente, antes de hablar, pierden el contacto con sus familia para ser criados en la selva  por una manada de animales, por lo que su proceso de humanización queda frustrado.  Tales niños no hablan, no tienen conciencia de sí y no se  tienen sexualidad como los niños humanos normales. Sin una madre o sin una persona que desempeñe esa función (madre simbólica) no hay conciencia de sí, no hay humanización del bebé.  Hace pocos años se publicó el libro del filósofo francés Michel Onfray, titulado “Freud. El Crepúsculo de un Ídolo”, con un ataque demoledor contra Freud y sus teorías.  Esperamos la respuesta de los psicoanalistas.  El debate promete ser espectacular.

El asunto de los condicionantes biológicos y/o culturales (simbólicos e imaginarios) del comportamiento humano cobra actualidad con el lanzamiento del “viagra rosa” o femenino, que apenas sí supera el efecto placebo.  ¿Un negocio más?



miércoles, 26 de agosto de 2015

Acoso sexual y laboral



Iván Tabares Marín

Andrés Pastrana había llegado a la presidencia de la República y nombrado a Jaime Arias Ramírez en la presidencia del Seguro Social.  El partido Conservador decidió sacar a un profesional del volante de su taxi y llevarlo a una de las gerencias de la seccional del ISS en Pereira.  Este sujeto trató de acariciar contra su voluntad a una doctora liberal, con el argumento de que como ahora mandaban los godos, ella tenía que “aguantarse” si no quería perder el puesto.  El presidente del Seguro prometió que destituiría al delincuente; pero pasaron los meses y no cumplió.  Unos cuatro meses después La Tarde publicó una denuncia mía sobre el caso, previa autorización de la víctima.  Al día siguiente, Jaime Arias destituyó al infame. 

La historia tiene sus efectos colaterales que la comunidad no conoce.  Dos semanas después fui llamado a indagatoria por la Fiscalía, acusado por todos los gerentes seccionales, como cinco, de injuria y calumnia pues, en su cínica opinión, yo no había dado el nombre del agresor y todos se sintieron afectados, a pesar de que todos conocían el asunto.  El bandido se presentó con éxito unos meses después a las elecciones para el Concejo de Dosquebradas.  La Fiscalía archivó el proceso contra él porque la justicia nuestra es ciega, sorda y vive en cruceros por el Caribe.

El objetivo de mi denuncia no era la destitución del acosador; quería mostrar los extremos a que se puede llegar cuando los trabajadores y las trabajadoras no tienen estabilidad laboral que  garantice sus derechos y su dignidad.  Por ese entonces se habían generalizado en el sector asistencial los contratos de prestación de servicios que, como lo ha repetido la Corte Suprema de Justicia, sirven para robarles a los empleados sus prestaciones y de contera –cosa que no ha dicho la Corte- acosar a las damas y mantener una forma de esclavitud o de acoso laboral manejado por los políticos de todos los partidos: “si no me consigues votos, te quito el respaldo y perderás el puesto en el hospital”; “si no vas a mi catre, tu familia morirá de hambre”.

De nada han servido las reiteradas solicitudes de los sindicatos y los movimientos de izquierda para que el Congreso cumpla con el mandato constitucional de expedir un estatuto del trabajo.  Por el contrario, ahora se están inventando mil artificios para eludir la discusión de la reforma a la seguridad social.  Por la presión de las EPS  que no quieren perder su tajada en el negocio, como también por los intereses de los partidos, que no van a sacrificar su oportunidad de ganar votos mediante el acoso sexual y laboral,  la reforma fracasó.

La doctora ultrajada fue citada a una reunión con el agresor y con otros gerentes para tratar de convencerla de que no denunciara el hecho.  En esa reunión uno de los gerentes del ISS dijo que él se acostaba con todas las funcionarias de su oficina y ninguna había dicho nada (existe una grabación de esa reunión).  Si bien algunas empleadas se dejan seducir voluntariamente por su superior, otras aceptan por el temor de ser reubicadas o perder su puesto.

De esta historia debe quedar muy claro que el sistema empleado por los políticos para alimentar la nómina del sector público es una conducta perfectamente bien tipificada como acoso laboral.   Necesitamos ciudadanos y ciudadanas con valor, sometidos a esa forma moderna de esclavitud, que denuncien penalmente  a los políticos que se aprovechan de la miseria y el desempleo para sus fechorías.



martes, 25 de agosto de 2015

El dios que no nació

El dios que no  nació

Iván Tabares Marín

La Reforma protestante cambió la manera de vivir el cristianismo para buena parte de Europa y Norteamérica al negar la autoridad de la Iglesia Católica, facilitar la lectura de los libros sagrados a todos los creyentes y enfatizar la fe como la única vía de salvación.  Además, cuando propuso que la relación con Dios era un acto absolutamente personal que no requería de intermediarios, abrió las puertas a la mitología individualista de la sociedad capitalista, a la soberbia de la razón y a la democracia.  Por esa puerta ingresaron la Ilustración, la separación de la Iglesia y el Estado, la revolución industrial, los derechos del ciudadano y la convicción de que la autoridad del rey no viene de Dios.

Todos esos avances llevaron a que muchos pensadores desconfiaran del clero y a que elaboraran una especie de mitología en la que Dios o Cristo aparecía como el resultado místico de una sociedad justa e igualitaria.  Para ello, tal vez, no habría necesidad de ritos, sacerdotes, dogmas o cosas de ese estilo.  Para expresarlo en otros términos, el cristianismo mismo había puesto las bases para matar a Dios, como lo interpretó Nietzsche. 

Entonces vino la Primera Guerra Mundial y la soberbia del hombre moderno se vino a tierra.  Tal masacre significó el despertar de la humanidad: no éramos tan buenos como habíamos pensado.  Ese dios de la sociedad sin religión nunca apareció, no nació.  El joven suizo Karl Barth, uno de los más destacados teólogos luteranos, pasó cuenta de cobro a la diosa Razón y “condenó toda la especulación teológica tradicional  sobre el mundo natural y la historia” en su famosa Carta a los romanos, publicada en 1919.  Según Barth, el liberalismo estaba equivocado y había que reivindicar la religión cono el único camino hacia Dios.

Pero las cosas se complicaron.  En 1917 triunfó en Rusia otro intento de construir un mundo sin Dios con el comunismo; Alemania, resentida, se postró ante un loco que divinizó su raza; marxistas y nazis tuvieron un primer encuentro en España(1936- 1939) como entrenamiento para la Segunda Guerra; miles de católicos o “cristeros” murieron en México (1926-1929) defendiendo su fe…
Sigue teniendo validez la discusión sobre la necesidad de la religión como soporte o fundamento de la Ética.  ¿Será que el hombre puede superar esas instituciones “sagradas” y construir una sociedad igualitaria sin Dios? (Lea el libro El dios que no nació, de Mark Lilla, editorial Debate)





Anoymous

Anonymous

Después de que el libidinoso Enrique VIII se rebeló contra el papa, por no anular su matrimonio con Catalina de Aragón y permitir su unión con la bella Ana Bolena, decidió crear su propia Iglesia Anglicana.  Ana Bolena tuvo una hija, Isabel, que ocupó el trono de su padre en 1558.  La reina virgen -como se le conoce y por ello un estado americano se llama Virginia- ejecutó a la católica reina de Escocia, María Estuardo, porque había conspirado con el también católico rey de España, Felipe II.   

El hijo protestante de María Estuardo sucedió a Isabel en el año 1603 con el nombre de Jacobo I.  Un fanático católico, llamado Guy Fawkes, participó en un complot para volar la Cámara de los Lores en el momento en que el rey la inaugurara el 6 de noviembre de 1605.  Ese evento se conoce como la Conspiración de la Pólvora y fue descubierto la víspera de su realización cuando se detuvo Fawkes con unos barriles de pólvora en una cripta bajo el Parlamento.

La película V de Vendetta se inspiró en la Conspiración de la Pólvora. La máscara usada en la película por los revolucionarios representa a  Guy Fawkes, según una pintura de la época, y se la ponen hoy los rebeldes de la Red.  “Recuerda, recuerda el 5 de noviembre” es el lema, que rima en inglés, creado para celebrar la salvación del rey de Inglaterra.

Este detalle pintoresco nos da pie para recordar ese período negro de la historia cristiana cuando católicos, anglicanos, luteranos y calvinistas nos enfrascamos en una guerra fratricida durante dos siglos y que hoy se continúa por otros medios.

Cinco años después, en 1610, otro fanático católico asesinó al rey de Francia, Enrique IV, un protestante que se había convertido al catolicismo para tomar el trono y que por ello se le atribuye la frase “Paris bien vale una misa.”

La Guerra de los Treinta Años (1618- 1648), determinada por motivos religiosos, políticos y económicos, generó una alianza de la Francia católica con los protestantes del norte para tratar de morigerar el poder de la católica casa de Austria.  Prusia (Alemania de hoy), como buena parte de Europa, quedó desolada y en ruinas.  Así como Dios estimuló las conspiraciones, magnicidios y guerras de aquellos siglos, Alá y Yahvé comparten responsabilidad en el terror del siglo XXI.  “Dios no es bueno”.  Malditos quienes asesinan niños en nombre del Señor.




lunes, 24 de agosto de 2015

Buscando a Dios en la historia



Buscando a Dios en la historia

La pregunta trajo tantas consecuencias para mi vida que hoy me reprocho por no haberla planteado antes: ¿en qué momento y bajo qué circunstancias el pueblo de Israel empezó a aceptar que solo hay un dios, en contraste con otras naciones de su entorno mucho más desarrolladas en materia cultural y económica que  eran politeístas? 

La investigación se tornó difícil pues después de haber leído más de diez libros sobre el tema y consultado en internet me sorprendió que ninguno de los  autores abordara el asunto y apenas hacían referencias  indirectas o se limitaban a hablar del período oscuro de la historia de Israel, ese tiempo comprendido entre su regreso a Jerusalén y el siglo I antes de Cristo.  Pronto comprendería que en esa época oscura de tres o cuatro siglos estaba la clave de mi indagación.  Hoy sabemos, gracias a la arqueología, que antes del exilio Israel era politeísta y que Yahvé era uno más entre sus dioses.

La  mayoría de los exiliados no quisieron regresar a Jerusalén cuando fueron autorizados por el rey de Persia, Ciro el Grande, en el año 539 a de C., probablemente porque sus negocios eran prósperos.  Quienes retornaron lo hicieron en oleadas en el siglo siguiente pero no fueron bien recibidos por quienes habían tomado posesión de esas tierras, razón por la cual los invasores debieron formar un ejército que protegiera a los trabajadores que construyeron las murallas de la nueva Jerusalén cerca al año 450 a de C.  Así nació el estado judío falocrático y teocrático; así se formó un régimen racista que prohibía a sus súbditos el matrimonio con extranjeros o no judíos.

El rey de reyes persa había otorgado su representación a los sacerdotes con la facultad de cobrar los impuestos imperiales.  Como ya no había poder civil, los sacerdotes manipularon esa pequeña comunidad ignorante, la convencieron de  que hay un solo Dios y de que los dioses de otros pueblos eran falsos.  Pero ¿cómo no iban a aceptar los textos traídos por los sacerdotes si narraban la mitología en que Dios prometía esas tierras al pueblo elegido?  Los textos sagrados habían empezado a elaborarse poco antes del exilio y se perfeccionaron durante el mismo.  Por esta razón, la primera declaración franca de monoteísmo en la Biblia aparece en la segunda parte del libro de Isaías, escrita en el exilio.  Hasta hoy Dios  no ha cumplido su promesa de dar a los judíos las tierra que van desde Egipto hasta el río Éufrates.


No encontré a Dios en la historia.

domingo, 23 de agosto de 2015



El guerrillero

Dicen que cuando alguien agoniza ve pasar en pocos segundos, como en una película, toda su vida.  Eso le sucedió a Tomás cuando esperaba la ráfaga que cerraría su vida.  Acababa de ser condenado a muerte por un tribunal revolucionario de las FARC-EP por el delito de indisciplina.  Algunos camaradas asistentes a la ejecución comentaron con prudencia que iba a morir por ingenuo o por amor, más que por lo que decía el expediente.

Todos sus compañeros recordaban la historia.  Tomás era un joven campesino de la vereda Los Naranjos, en un lejano municipio del Caquetá, Colombia, dedicado a colaborar con la comunidad en cuanto proyecto se proponía.  Sus cualidades de líder eran evidentes y le habían ganado el respeto y la admiración de todos.

Un día llegó a la zona una mujer un poco mayor que el muchacho al que convirtió en objeto de sus deseos.   Loco de amor accedió a acompañarla al campamento guerrillero y se vistió de camuflaje con la condición de que siempre estuviese  cerca de la chica.  Para su sorpresa, ella, llamada Irma, cambió la pasión  por indiferencia y luego por rencor.   Hasta la trasladaron a otro campamento para evitarle el contacto con el enamorado.  Las protestas del chico colmaron la paciencia del comandante del frente, quien con gran enojo montó un rápido consejo de guerra para liberarse de ese estorbo.

El día de la ejecución Tomás despertó atado de un árbol.  Mientras examinaba su corta vida, no podía entender la situación  absurda en que se encontraba cuando su único pecado había sido amar a una mujer.  Su dolor se hizo insoportable al levantar su cabeza y ver entre los asistentes el rostro que consideraba más hermoso.  Irma alzó su fusil, se paró con absoluta frialdad frente al muchacho y esperó la orden de su comandante…

(La narración anterior se refiere a hechos reales, contados en el libro Operación Gato Negro, aunque los nombres y algunos detalles son creaciones del autor)