martes, 12 de julio de 2016

UN TINTO PARA OPPENHEIMER O EL FRACASO DEL PROCESO DE PAZ


Andrés Oppenheimer expresa en un ejemplo muy elemental los retos a que debemos responder como Estado y los errores reiterados por nuestros gobernantes, incluidos los acuerdos de La Habana: cuando usted paga un tinto en cualquier sucursal de Starbucks, el 3 por ciento de ese dinero va a manos de caficultor, en tanto que 97 restante va los bolsillos de quienes pusieron la tecnología, la intermediación y los servicios que hicieron posible el negocio; debemos decidir si seguimos compitiendo por el 3 por ciento o si nos metemos en el negocio de la tecnología y los servicios.
Esa misma idea viene siendo repetida en muchos medios nacionales e internacionales para recordarnos que ya no estamos en la primera revolución industrial y que no podemos seguir viviendo de la caficultura o de la exportación del petróleo porque nos va a dejar el tren de la historia otra vez.  El futuro no está en las fábricas tradicionales con patronos y sindicatos que se reúnen para discutir los salarios bajo la inspiración de las mitologías capitalista o marxista, respectivamente.  No, el futuro está en el manejo y control de la información, en internet, en la economía simbólica o de la creatividad, de las nuevas aplicaciones y de los nuevos servicios.  Porque somos un país atrasado y eternamente equivocado nuestros hijos prefieren estudiar Derecho, Medicina o cualquier ingeniería: nada qué ver.
Es la misma situación planteada por el autor del libro Por qué fracasan los países, James A. Robinson.  El profesor de la universidad de Harvard y experto en economía latinoamericana y africana, cuestionó los diálogos de La Habana porque, en su opinión, se basaban en la redistribución de la tierra y en una reforma agraria, lo que no haría más que prolongar el conflicto; “la reforma agraria es de suma cero: o lo tengo yo y tú no, o al contrario”.  En los términos de Oppenheimer, vamos a seguir apostándole al 3 por ciento de la taza de café para dejar a otros países el 97 restante. 

La Silla Vacía reunió más de 20 opiniones expresadas en los diarios colombianos, casi todas en contra de Robinson, en las que no faltaron los insultos, y apenas unas tres ponderaban ese aporte para evitar un desastre en el posconflicto.  Los mamertos y los incondicionales seguidores del Presidente Santos lograron apagar el debate y, en nombre del valor sublime de la paz, Colombia sigue avanzando al despeñadero.  El llamado hacia una reforma educativa radical, en que coinciden Robinson y Oppenheimer, no ha servido para nada porque a la inepta Gina Parody solo le interesa calmar a FECODE para que no bloquee con sus paros los acuerdos con las guerrillas y, por eso, perdimos otra vez la oportunidad de evaluar a los maestros.  El poder sindical, que es el mismo poder de la guerrilla, aprovechó la obsesión de un presidente y la mediocridad de sus asesores para posponer nuestras esperanzas y burlarse de la ignorancia del pueblo.

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