El señor Carlos Alonso Lucio,
antiguo militante del M 19 y exasesor de los paramilitares, pasó por uno de los
procesos psicológicos más interesantes al convertirse en pastor de una de las
sectas cristianas de más difusión en Colombia.
Por esa misma experiencia han pasado filósofos, estadistas,
delincuentes, soldados, líderes religiosos, místicos, poetas, santos y monjes;
pero, lo que es más sorprendente, la mitología de todas las culturas presenta
numerosos casos del mismo fenómeno, llamado por el historiador inglés del siglo
pasado Arnold J. Toynbee el movimiento del retiro y retorno o Re-Re.
El retiro puede ser
voluntario, como en el caso del anacoreta dedicado a la meditación en el
desierto, o debido a circunstancias ajenas al sujeto, como cuando es
secuestrado o privado de la libertad en una cárcel. Nadie ha podido explicar los factores reales
que llevan a estas personas al convencimiento de haber recibido un llamado
sobrenatural para dedicar su vida a la salvación del mundo o a la transformación de sus instituciones. Moisés, Jesús de Nazaret, San Pablo, Sidarta
Gautama o el Buda, Mahoma, San Benito, el Papa Gregorio Magno, Hitler y el Che
Guevara, entre muchos otros, para no hablar de Royne Chávez, el esposo de
Marbelle, o de un tal Garavito, violador y asesino de casi dos centenares de
niños en el Eje Cafetero, se ausentaron por un tiempo y volvieron absolutamente
“transformados”.
Uno de los casos más
llamativos de Re-Re fue el protagonizado por Saulo de Tarso o Pablo,
considerado por algunos investigadores como el creador del Cristianismo. El episodio de su conversión se repite en
tres apartes de uno de los libros más fantásticos e imaginarios de la Biblia,
los Hechos de los Apóstoles, escrito hacia el año 85 o 90, unos 20 o 25 años
después de su muerte. De la correlación
cronológica establecida para las sagradas escrituras se deduce que Jesús murió
en el año 30 y que Saulo dejó de perseguir a los seguidores del Galileo para
convertirse en uno de ellos hacia el año 35, cuando se acercaba a la ciudad de
Damasco y escuchó una voz al caer de su caballo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?” Es por lo menos curioso que
en ninguna de sus cartas cuente esa anécdota y, mejor, se limita a decir que el
resucitado se le apareció y le encargó la misión de predicar. También por sus cartas sabemos que estuvo peregrinando
por Arabia, su patria Cilicia y Siria, y que después de unos diez años apareció
en Jerusalén para reunirse con Pedro y Santiago, el hermano de Jesús, antes de
comenzar sus viajes misioneros. Retiro y
retorno.
En el caso de Alonso Lucio no
sabemos si se le apareció un arcángel o el mismo Jesús aunque se me ocurre que
el prodigio fue obra del amor de esa maravillosa mujer que es Viviane Morales. De todas maneras, cuando en el futuro nadie
recuerde lo sucedido y uno de los fieles de su secta quiera contar el evento de
la transfiguración podrá escribir: En aquel tiempo, Carlos Alonso se acercaba
en un campero al pequeño poblado de Ralito para reunirse con los sanguinarios
paramilitares. De pronto su carro chocó
contra un árbol y se escuchó una voz misteriosa: “Lucio, Lucio, ¿por qué me persigues?” Cuando el hombre despertó era otra persona.
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