miércoles, 6 de julio de 2016

LAS FARC, UN INSTRUMENTO DE DIOS



Cuando Luis Alfredo Garavito, alias La Bestia, El Loco, El Monje o El Cura, fue acusado de violar y asesinar a más de 200 niños colombianos, se publicó en el periódico del Sindicato del Seguro Social un artículo en el que se acusaba al Estado colombiano de ser el responsable de esos crímenes con el argumento de que al pobre Alfredito se le habían negado las oportunidades para dedicarse a otra cosa y portarse bien.  La nota, me pareció, correspondía a esa “libertad” de que creen gozar los militantes de la izquierda para expresar cualquier estupidez en nombre del Materialismo Dialéctico pues, al fin y al cabo, el marxismo no es más que un juego de metáforas, como muchas otras filosofías, según escribió Wittgenstein.  Cualquier coronel venezolano acomplejado, el “Mono Jojoy”, un chofer de bus sin universidad y hasta Evo que no lee tienen la última palabra en la “ciencia” de los modos de producción y de la lucha de clases.
La misma lógica del sindicalista se tomó el cerebro del Alcalde de Cali cuando nos propuso a todos los colombianos un acto de contrición perfecta y que le pidiéramos perdón a las FARC porque nosotros, el Estado, le habíamos negado a sus milicianos y guerrilleros la oportunidad de ganarse el salario mínimo en otro negocio.  Algunos columnistas mamertos corrieron a celebrar semejante “genialidad” en medio de la euforia generalizada porque la promesa se había cumplido, el mesías ya viene, y la paz, por fin, ha sido anunciada con trompetas por los ángeles del Señor.
Mas no solo los colombianos decimos pendejadas en los momentos de “efervescencia y calor”.  Después del genocidio judío de la Segunda Guerra Mundial, algunos rabinos, intérpretes autorizados de la palabra de Yahvé, legitimaron el comportamiento de los nazis como expresión de la voluntad de Dios para castigar al sionismo y a quienes, entre los hebreos, habían intentado adelantar la venida del Mesías.  “El genocidio ha sido la obra de un Dios Justo para salvar al pueblo de Israel”, se escuchaba en las sinagogas (Véase el texto La edad de la nada, de Peter Watson).   Lo mismo dijeron el Alcalde de Cali y el sindicalista en otro contexto.

 Al marxista, al rabino y al Alcalde no les preocupa el método científico ni la concordancia de su discurso con la lógica o la sensatez; por el contrario, ellos buscan impactar, impresionar o engañar a la platea apelando a la ignorancia o a las pasiones más desenfrenadas cuando es necesario.  La retórica es la misma.  Su semiología les permite todo en el juego de las responsabilidades porque saben que nada produce mejores dividendos en la audiencia, emocionada por la llegada de la paz o la salida de los campos de concentración, que culpabilizar a la víctima. Para el Alcalde de Cali, las FARC son el instrumento de Dios, como para el sindicalista, una metáfora de la justicia social.

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