jueves, 21 de julio de 2016

LAS FARC VAN POR LA ALCALDÍA DE BOGOTÁ



Ramón Jimeno cree tener la fórmula para que las FARC lleguen a la alcaldía de Bogotá por vía electoral, según una nota publicada en la edición especial de revista Semana sobre los desafíos de la paz, titulada “Las FARC, por Bogotá”:
1. 1    Los guerrilleros deben recoger el perenne descontento urbano contra el clientelismo, la corrupción y la ineficiencia de los gobernantes.
2.     “Superar la vieja izquierda hiperdividida, cada día más anacrónica y reaccionaria, corresponsable del desastre de Bogotá”
3.     Aprovechar el respeto que las guerrillas irradian “por haberse jugado la vida por el cambio”, tal como se demostró en los ochenta cuando fueron solas a las elecciones y obtuvieron el 5 por ciento de los votos.
4.     Superar el estigma “narcoterrorista” que la extrema derecha uribista les aplicó.
5.     Deben gobernar con los que nunca han gobernado, “con talento independiente y despolitizado”.
Esa propuesta me parece muy inteligente porque, entre otras cosas, recoge la experiencia de otros países, no solo latinoamericanos, y también porque es la antítesis de la posición de aquellos, muchos, que niegan toda posibilidad de éxito electoral a los subversivos en Colombia.
Del primer punto se deduce que la izquierda no es una ideología sino, más bien, una postura emocional, un resentimiento, una frustración, una rabia reprimida contra todo, una adolescencia eterna, una contracultura… Prueba de ello es el triunfo electoral de los guerrilleros en los países donde han firmado acuerdos de paz y donde los partidos comunistas no habían logrado muchos votos. En el caso colombiano, recordemos que, en las elecciones de 1980, los mamertos apenas obtuvieron 50.000 votos, en tanto que después de la reinserción de guerrillas de derecha e izquierda llegaron a sumar millones y se tomaron la alcaldía de la Capital.  En países sin tradición guerrillera, como Venezuela o España, el Movimiento Bolivariano y Podemos, respectivamente, acceden al poder por los mismos motivos propuestos por Jimeno y con las mismas banderas.  De aquí surge el segundo punto.
En el tercer elemento de la fórmula, Ramón Jimeno califica como “respeto” a lo que no es más que el arquetipo guardado en el inconsciente colectivo de los cristianos y que los lleva a estar siempre a la expectativa por el regreso del redentor o el mesías, mucho más atractivo si se parece al héroe de las rancheras y corridos, dispuesto a imponer la justicia con su fusil y por las malas, como el bravo chofer de bus venezolano.
Finalmente, el antiguo editor de El Espectador les recomienda a las FARC algo que parece contradictorio, pero que en realidad se acomoda muy bien a la lógica del resentimiento: deben gobernar con los que nunca han gobernado y no son políticos; podemos agregar que, si desconocen las matemáticas y las propuestas de los economistas, mejor.  No importa que improvisen o que ignoren toda la ciencia burguesa y la vieja Constitución Nacional inventada por los verdugos del pueblo.  El problema no es económico ni político; es de oportunismo y mitología inconsciente.


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