De la forma como el Gobierno nacional logre
reglamentar la desmovilización de las
FARC depende en buena medida su objetivo de lograr los votos suficientes en el
plebiscito refrendador. Se trata de
evitar el enorme número de colados o falsos militantes que ya vimos en la
entrega de los paramilitares. Es curioso
que el número calculado de paramilitares en aquel entonces coincida con el de
guerrilleros activos hoy, unos 7000 según informes de prensa.
Si el grupo de paramilitares reintegrados a la vida
civil, y que nos cuestan billones de
pesos, llegó a unos 26.000 aproximadamente, nos aterramos todos al calcular el
número de guerrilleros que acudirán para recibir los beneficios económicos. El problema se agrava con los milicianos,
colaboradores, proveedores y simpatizantes de las FARC pues no se conoce su
número ni se ha determinado a quienes entre ellos podrán contar con los
beneficios del Estado. ¿Los milicianos
excluidos ingresarán al ELN?
Reclutadores de falsos paramilitares se presentaron en
Manizales en tiempos del expresidente Uribe Vélez, respaldados, según ellos,
por un político pereirano. El inscrito debía comprometerse a entregar al
reclutador una parte del dinero recibido.
Es muy probable que en este momento sean muchos los incluidos en las
nuevas listas de los frentes de las FARC para engañar al erario cuando no
existe un método adecuado para rechazarlos, como sigue sucediendo con los
falsos desplazados y pensionados, los falsos beneficiarios del ICBF, del sistema de salud,
de los damnificados de los desastres naturales, etc.
Debe ser poco el interés del Gobierno para identificar
a los falsos guerrilleros; su objetivo es firmar el acuerdo de La Habana a como dé lugar sin considerar mucho
los costos o las implicaciones para el futuro de los colombianos. Las posibilidades son infinitas. ¿Regresarán a la vida civil los 7.000
guerrilleros calculados? ¿Cuántos de
ellos harán el doble juego de firmar para recibir el dinero pero continuarán
delinquiendo en el ELN o en bandas criminales sin la coartada ideológica? ¿Hay
algún mecanismo para evitar que muchos “elenos” aparezcan como “farianos”?
Mientras más información recibimos sobre los
compromisos del Estado para lograr el acuerdo con los guerrilleros, aumenta el
número de colombianos desilusionados . A
manera de chantaje el Presidente Santos ha decidido que el triunfo del “No”
marcaría el fin del proceso, cuando ese sería el momento de corregirlo para que
unas verdaderas mayorías lo apoyemos, como lo quieren las mismas FARC. Dos frentes han expresado públicamente que no
se acogerán a los acuerdos de La Habana;
pero ninguno ha dicho que los acoge.
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