Como lo habían denunciado algunos expertos, los
diálogos de La Habana se fundamentan en una Reforma Agraria, francamente
anacrónica por razones técnicas y económicas, pero que obedece al intento,
loable por cierto, de las FARC para aparecer como los líderes de la lucha por
los derechos de campesinos, indígenas y afrodescendientes. En palabras de Andrés Oppenheimer, queremos seguir compitiendo por el 3 por
ciento del valor de un tinto, que es lo que recibe el agricultor, y les
vamos a dejar otros el 97 por ciento
restante, representado en tecnología y servicios.
En este contexto, una curiosa inquietud fue planteada
por Margarita Velásquez en el especial de revista Semana sobre los desafíos de
la paz en el análisis de 100 periodistas: “¿pero con quiénes (una reforma
agraria), si la mayoría ya se fue del campo? Y quienes se quedaron –dicen otros- no tienen
mejor tecnología que el azadón, carecen de créditos en los bancos y pertenecen
a la tercera edad. A pesar de las
promesas del Gobierno para mejorar el campo, todo indica que se trata de una
labor imposible en los términos planteados en los acuerdos de paz de La Habana.
Por otro lado, llama la atención que los supuestos
“representados” por las FARC acaban de realizar un paro porque, según sus
líderes, ellos tienen otras luchas no planteadas en La Habana, dando la
apariencia de que no hay vínculos entre las marchas campesinas y las guerrillas
aunque sus ideologías son muy parecidas, por no decir idénticas. Movimientos como Congreso de los Pueblos
intentan cambiar radicalmente nuestro orden institucional enfatizando el campo
como base de nuestro futuro, incurriendo en los mismos errores de la reforma
agraria habanera, ignorando a las mayorías urbanas del país y despreciando los
enfoques modernos del desarrollo centrado en la educación y en los desafíos de
la cuarta revolución industrial. Y si
las cosas no se hacen como sus líderes quieren, paralizan el país. La extorsión y el terrorismo de las FARC van
a ser sustituidos por el paro campesino en la vieja estrategia de combinar
todas las formas de lucha de la izquierda.
Para hacer más difícil el voto ilustrado en el plebiscito,
cada mes aparece un nuevo grupo social o partido que dice representar los intereses
de los campesinos como si no fueran suficientes el Polo, la UP, el Partido
Comunista, los Progresistas de Petro, Dignidad Cafetera, la Alianza Verde, la
Marcha Patriótica de alias Teodora, el Movimiento Bolivariano, el Congreso de
los Pueblos, las diversas organizaciones étnicas, el Partido Clandestino de las
FARC, etc. Algunas de esas
organizaciones tienen la misma estructura de las FARC, con una camarilla “ilustrada”,
cuatro gatos, y un grupito de adoctrinados o contratados que movilizan la
cantidad suficiente de activistas ignorantes para bloquear carreteras o hacer
paros que pongan en jaque al gobierno y lograr a las malas sus pretensiones. Un futuro no muy amable…
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