lunes, 20 de abril de 2015

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Libertad de cátedra
  
Iván Tabares Marín

Con motivo de la polémica desatada entre el expresidente Álvaro Uribe y un profesor de la Universidad Libre, como también del cuestionamiento a que vienen sometidas las altas cortes, pienso que un ligero comentario sobre la facultad de Derecho en la época de mi paso por allí es oportuno.

Desde la primera clase de Filosofía del Derecho, dictada por un magistrado del Tribunal Superior, pasé por una decepción enorme al darme cuenta de que el profesor no tenía ni idea del tema, dada mi condición de titulado en esa materia.  Como expresé mi inconformidad, el profesor me echó de su clase con el argumento de que mi participación “iba a dañar al grupo”. 

En otra cátedra, Criminología, tuve una frustración parecida.   Cuando los alumnos expresamos a la profesora, también magistrada del Tribunal Superior, nuestra convicción  de que el programa estaba muy desactualizado, se creó una crisis de marca mayor.  Al año siguiente, el grupo de Criminología se negó escuchar el curso de la magistrada quien debió renunciar.

El profesor de Pruebas llegaba unos minutos antes de la hora asignada, llenaba el tablero con una cita del texto –sí, ¡era una clase de un solo libro!- y luego dedicaba la hora a explicar el párrafo.  Como esa “metodología” parecía una falta de respeto, los estudiantes de dos cursos vetamos al maestro.   Después de varias semanas, la Facultad, sin diálogo alguno, lanzó un ultimátum a los inconformes estudiantes: “o vuelven a clase con ese profesor o pierden la materia”.    Así actúa la Masonería.

Otros cursos importantes para el ejercicio del Derecho eran también un desastre, aunque a estudiantes y directivos no parecía importarles: Medicina Legal, Metodología de la Investigación, Economía Marxista, Derecho Tributario.   De alta calidad eran los cursos de derecho Civil, Laboral, Administrativo, Penal y Procesal, entre otros.  Tal vez a los futuros abogados solo les interesaba el título, único requisito para llegar a una alta corte, y los directivos actuaban por motivos distintos al de dar una buena formación. 


Los actuales magistrados estudiaron en algunas universidades de ese nivel y fueron elegidos por componendas políticas y no por méritos. A veces, como hoy, los profesores lanzaban comentarios sectarios para ridiculizar a otros  partidos distintos al suyo; pero como entonces no teníamos teléfonos celulares, las impertinencias quedaban reducidas a chistes flojos.   Hacer comentarios tontos para ganar el aplauso de los copartidarios no es libertad de cátedra; como tampoco lo es adoctrinar  al alumno o ridiculizar al adversario.

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