miércoles, 22 de abril de 2015

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La venganza de la Corte

Iván Tabares Marín

Como lo han señalado algunos columnistas, el cohecho es la forma “normal” o corriente de gobernar en Colombia.   “Si tu me das el voto, yo te doy una empresa estatal, un puesto o una notaría”.   Así mandan alcaldes, gobernadores y  presidentes.  Para recordar un caso reciente, la reelección del presidente Santos usó los mismos procedimientos de compra-venta empleados por el gobierno de Uribe en el caso de Yidis Medina, la aseadora que logró llegar al Congreso: “Gina, deja el Sena, ve a recoger votos y tendrás un ministerio para ti y otro para tu compañera”.  Precisamente en estos días se destapó el caso de la corrupción en las altas cortes y vimos como allí también impera el mismo procedimiento: “si me das 500 millones, yo selecciono tu tutela o la guardo en mi escritorio el tiempo que necesites”.

No pretendo legitimar el comportamiento del expresidente Uribe, pero no puedo guardar silencio por las sanciones tan severas impuestas por la Corte Suprema a sus ministros, cuando Ernesto Samper Pizano o Andrés Pastrana y todos sus ministros ni siquiera fueron investigados por los daños que le hicieron al país.  El primero, financiado por la mafia y afanado en comprar conciencias para que no lo bajaran del trono; el segundo, dedicado a recorrer el mundo mientras le entregaba buena parte de nuestro territorio a la guerrilla para que se reorganizara. 

Para explicar la conducta parcializada de la Corte, uno no puede menos que pensar en su venganza porque Uribe Vélez ordenó investigar a algunos magistrados con claros vínculos con la mafia.  El poder judicial no le perdona que haya ordenado interceptar sus teléfonos y comunicaciones, procedimiento perfectamente justificado por el comportamiento criminal de los magistrados descubierto en los últimos días.

Por otro lado, son evidentes las motivaciones políticas de quienes se han dedicado a perseguir a Uribe y sus amigos.  Para el Fiscal, antiguo militante de la izquierda y defensor de oficio de las FARC,  ningún proceso es tan importante o prioritario como aquellos en que puedan estar vinculados los uribistas.   Como “rebelarse vende”, la cultura comunista no solo se ha apoderado de  alguna revista importante y de buena parte de los columnas de nuestra prensa, sino que también es el lugar común de los muchachos alienados por las redes sociales.   Cuando la guerrilla quiere negociar, las cortes, el Fiscal y Juampa parecen invitarnos a tomar el fusil como última opción ante tanto abuso de poder.


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