Iván Tabares Marín
Como lo han señalado algunos columnistas, el cohecho
es la forma “normal” o corriente de gobernar en Colombia. “Si tu me das el voto, yo te doy una empresa
estatal, un puesto o una notaría”. Así
mandan alcaldes, gobernadores y
presidentes. Para recordar un
caso reciente, la reelección del presidente Santos usó los mismos
procedimientos de compra-venta empleados por el gobierno de Uribe en el caso de
Yidis Medina, la aseadora que logró llegar al Congreso: “Gina, deja el Sena, ve
a recoger votos y tendrás un ministerio para ti y otro para tu compañera”. Precisamente en estos días se destapó el caso
de la corrupción en las altas cortes y vimos como allí también impera el mismo
procedimiento: “si me das 500 millones, yo selecciono tu tutela o la guardo en
mi escritorio el tiempo que necesites”.
No pretendo legitimar el comportamiento del
expresidente Uribe, pero no puedo guardar silencio por las sanciones tan
severas impuestas por la Corte Suprema a sus ministros, cuando Ernesto Samper
Pizano o Andrés Pastrana y todos sus ministros ni siquiera fueron investigados
por los daños que le hicieron al país.
El primero, financiado por la mafia y afanado en comprar conciencias
para que no lo bajaran del trono; el segundo, dedicado a recorrer el mundo
mientras le entregaba buena parte de nuestro territorio a la guerrilla para que
se reorganizara.
Para explicar la conducta parcializada de la Corte,
uno no puede menos que pensar en su venganza porque Uribe Vélez ordenó
investigar a algunos magistrados con claros vínculos con la mafia. El poder judicial no le perdona que haya
ordenado interceptar sus teléfonos y comunicaciones, procedimiento
perfectamente justificado por el comportamiento criminal de los magistrados
descubierto en los últimos días.
Por otro lado, son evidentes las motivaciones
políticas de quienes se han dedicado a perseguir a Uribe y sus amigos. Para el Fiscal, antiguo militante de la
izquierda y defensor de oficio de las FARC,
ningún proceso es tan importante o prioritario como aquellos en que
puedan estar vinculados los uribistas. Como “rebelarse vende”, la cultura comunista
no solo se ha apoderado de alguna
revista importante y de buena parte de los columnas de nuestra prensa, sino que
también es el lugar común de los muchachos alienados por las redes sociales. Cuando la guerrilla quiere negociar, las
cortes, el Fiscal y Juampa parecen invitarnos a tomar el fusil como última
opción ante tanto abuso de poder.
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