martes, 28 de abril de 2015

https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=982884518468778620#editor/target=post;postID=6482019105995721483;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=2;src=postname

 Cultura de la paz

Iván Tabares Marín                            

Primero fue la marcha organizada por el buenazo de Mockus para proclamar que la vida es sagrada; la marcha denunciada por los uribistas porque el profe recibe dinero de Juampa a través de una corporación.  La reacción de los mamertos y enemigos del Centro Democrático convirtió esa marcha en una manifestación sectaria.   Por otro lado, cuando se utiliza la expresión  “sagrado”,  adivinamos una gran carga ideológica o religiosa que mueve resentimientos.

Luego fue el foro por la paz, en el que casi todos los oradores venían de la izquierda recalcitrante,  los mismos que hace apenas unos pocos lustros eran guerrilleros o defendían la violencia como partera de la historia o justificaban todas las formas de lucha en el intento por tomar el poder.  No faltó quien fue considerado por la revista El malpensante como uno de los pontífices de la secta marxista en Colombia, el mismo que sostuvo hace apenas unos meses en su columna de prensa que todas nuestras instituciones son terroristas, pero no las Farc-Ep.

Más tarde, apareció el gran “oso” de Piedad e Iván disfrazado de futbolista para enseñar a los “imbéciles” colombianos que la paz se hace con agresividad y violencia gratuitas.   El amigo personal de Hugo Chávez y de los regímenes terroristas, con su mirada baja y  su aspecto taciturno, como si ocultara algo, fue el último payaso de la izquierda y de la Presidencia para enseñarnos su espantosa cultura de la paz.

Cuando se habla de cultura nos referimos a fantasías, a mitos, a cuentos chinos y a engaños.  Esas elaboraciones del imaginario son las impulsoras de la evolución del homo sapiens y de nuestra historia, según una interesante teoría que acaba de lanzar un judío, llamado Yuval Noah Harari, en su texto De animales a dioses, de editorial Debate.  No es la materia o la violencia, como enseñan los marxistas, tampoco el espíritu o las ideas, como postulaban los idealistas, los factores que crearon la sociedad humana.  

Nuestra especie dio sus grandes pasos cuando apareció un individuo o una organización con un mito y logró convencer a un gran número de personas sobre la verdad del mismo.  Ese mito generó la solidaridad necesaria entre los creyentes para realizar los grandes cambios sociales.  Toda organización social, religiosa, política, empresarial o criminal se funda sobre una ilusión.   Los amigos de Maradona o de la guerrilla y los contratistas de Juampa no tienen autoridad para crear nuestros mitos de la cultura de la paz.



No hay comentarios:

Publicar un comentario