Iván Tabares Marín
Las recientes noticias que llegan de Grecia y España
permiten simplificar el proceso político y económico a que se encuentran
sometidos todos aquellos países que, como el nuestro, son pobres y deben
convivir con la globalización, las leyes del mercado y la corrupción de los políticos. Como no hay plata para enfrentar tantos
problemas, los partidos políticos tradicionales apuestan a los préstamos
internacionales para mantener el país a flote y facilitar las “mordidas”. Además, todos aprendieron que la mejor manera
de mantenerse en el trono y ganar votos es poner en práctica el populismo. Y como Dios decidió no colaborar con los
gobernantes, a la gente ya no le asusta el infierno y no tiene inconveniente en
dedicarse a delinquir. Hasta las altas
cortes son empresas criminales.
En este panorama, llega un momento en que la economía
no aguanta, aparecen los líderes de izquierda portadores una receta siempre
fundamentada en la estatización de la economía y en la radicalización de la más
sencilla forma de gobernar: el subsidio.
Como hay niños muriendo de hambre, todo está permitido en economía para
los “zurdos” de todo el mundo, aunque ello implique generar miseria, inflación
y desempleo.
Entonces, a renegociar la deuda o no pagarla
(Argentina y Grecia); buscar la solidaridad de los rusos, de los chinos y de
todos lo regímenes musulmanes que apoyan el terrorismo (Venezuela, Grecia y
Nicaragua); nacionalizar todo lo que se pueda (Bolivia y Venezuela), reinventar
el culto a la personalidad (Corea del Norte y Venezuela) y siempre señalar al imperialismo yanqui como
el demonio responsable de todos nuestros males.
Varios países latinoamericanos ya vivieron ese drama,
Grecia apenas lo empieza y España será la próxima víctima. En Colombia
estamos en la fase de gastar de manera irresponsable y de buscar
artificios para crear nuevos subsidios.
Entre el subsidio por desplazamiento y por Familias en Acción, el Estado
entrega mensualmente un salario mínimo; a eso súmele el subsidio por cada hijo
escolarizado y por cada menor de seis años, por el niño desnutrido, por el
abuelo que ya no tiene plata para beber o por el bachiller pilo que quiere ir a
la Universidad de los Andes. Los pobres
se están llenando de hijos para no perder una de las limosnas oficiales; no
quieren trabajar para no perder los beneficios. Generamos un país sin vergüenza, sin
dignidad y sin incentivos para luchar.
La izquierda ya viene a repetir la misma película venezolana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario