Un capítulo poco conocido de la historia de la Iglesia
Católica, pero sin duda muy importante porque pudo haberlo cambiado todo, es el
protagonizado por una organización de humanistas y religiosos queintentaron en Nápoles, después del año 1535, conciliar
las doctrinas y críticas de Martín Lutero y otros reformadores con los dogmas
católicos.
Aunque nada tiene que ver con la Federación de
Cafeteros, su fundador y líder se llamaba Juan de Valdés, un español con
antepasados judíos que debió huir de España por las amenazas de la Inquisición
para radicarse en Nápoles, el territorio italiano que por esos tiempos todavía
estaba bajo el dominio español. Entre
quienes conformaron el colectivo, conocido como los espirituales o spirituali, había sacerdotes,
humanistas, nobles y cardenales.
Vittoria Colonna, una teóloga laica, su amigo el escultor y pintor
Miguel Ángel Buonarroti y una prima de
aquella, Giulia Gonzaga, una hermosa mujer que se metió a un convento cuando
enviudó, también participaron en las reuniones clandestinas del grupo.
El movimiento era favorable a algunas de las
propuestas de Lutero como su énfasis en
la fe como único medio de lograr la salvación, sus críticas a la corrupción del
clero y la necesidad de una revisión del dogma.
Sin duda el papa Pablo III (1534- 1549) dio impulso a los rebeldes
católicos al honrar con el cardenalato a algunos de ellos. Ese mismo papa aprobó en 1539 la Compañía de
Jesús, en la que los spirituali contaban
con simpatizantes.
Los diálogos entre católicos y protestantes en 1540,
con activa participación de los espirituales, fracasaron. Los amigos de Miguel Ángel debieron huir ante
el riesgo de ser llevados a la hoguera.
Pocos años después se inició el concilio para enfrentar la Reforma, la
Compañía de Jesús se convirtió en el principal ejercito para ello y luego comenzaron
las guerras entre católicos y reformados.
Este capítulo de la historia será motivo de muchas
discusiones en los próximos dos años porque nos preparamos para conmemorar los
500 años de la Reforma. En 1517, ese monje genial, Martín Lutero, pegó en la
puerta de la capilla del castillo de Wittemberg las 95 tesis de críticas a la
Iglesia, con lo que no solo estaba creando una nueva versión del cristianismo sino
que estaba iniciando la época moderna.
Al traducir la Biblia al idioma de cada nación y establecer que la fe es
una relación personal con Dios, el mundo cambió.
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