El paso inicial
del Primer Ministro griego para renegociar la deuda externa de su país no le
dio resultado. Luego se las quiso dar de
“vivo”; pero el intento resultó fallido también. Le pidió a Alemania que indemnizara la patria
de Sócrates y Aristóteles por los crímenes
cometidos allí por los nazis en la segunda guerra mundial. Ángela Merkel le respondió que ya había
pagado y que los griegos habían firmado en conformidad.
En Colombia tenemos al menos dos ejemplos de grupos inconformes con la indemnización. Uno, es el de los indígenas, quienes
decidieron tomarse algunas haciendas en el departamento del Cauca, como lo han
hecho otras veces, porque consideran que las tierras recibidas del Estado no
son suficientes y porque, de todas
formas, cuando los blancos españoles llegaron aquí, todo el territorio les
pertenecía.
Otro caso es el de las guerrillas. Como su intención era tan noble, dicen ellos,
pues estaban luchando por el pueblo, no
han cometido delito alguno y por
tanto no pagarán un solo día de cárcel, no van a indemnizar a nadie y el Estado
va a quedar en deuda con ellos. Van más allá y no se ruborizan cuando aseguran
que el resto de colombianos somos los responsables de sus crímenes porque
nosotros creamos las condiciones de injusticia que los obligó a tomar las
armas. Es tan cruel la situación que el
Gobierno ya extendió su mano al sector privado para que colabore en los gastos del posconflicto.
Como inteligencia militar sospecha de que tras el
movimiento indígena se encuentran los milicianos de las FARC y como el primer
ministro griego cree en el socialismo del siglo XXI, este problema de las deudas
tiene un denominador común: la ideología comunista o de izquierda. En La Habana se enfrentan, pues, dos
ideologías. Una, la del Estado, cuyo
ordenamiento jurídico establece responsabilidades individuales o
personales. Otra, la guerrillera, en la
que el fin justifica los medios y en la
que no hay culpa. Y como los subversivos nos van a hacer un favor, debemos
pagarles con privilegios.
Ahora, como Juampa está ansioso por firmar el acuerdo,
los guerrilleros aprovechan. No se
necesita mucha imaginación para pensar en penas alternativas para las FARC,
distintas a las propuestas por el antiguo militante comunista y que ahora juega
de Fiscal. Enviar a los comandantes
guerrilleros a jugar bombón con los
niños en los parques no es suficiente
sanción. Si los acuerdos no satisfacen a
la derecha…
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