Iván Tabares Marín
En una nota anterior utilicé la interpretación del
mito del paraíso para explicar el surgimiento de la conciencia humana a partir
de un estado animal, según un análisis hecho por Erich Fromm. Gracias a la
ciencia tenemos hoy una visión mejor del sentido de ese pasaje de la Biblia, no
entendido como mito sino como recuerdo o historia de lo que realmente pasó. Se entiende mejor ese texto si lo concebimos
como el paso dado por el homo sapiens, nosotros, de recolectores y cazadores a
la condición de agricultores. Eso
sucedió en Oriente Próximo hacia el año 9.500 antes de Cristo. Aunque
el Génesis se escribió después del siglo VI antes de Cristo, hace unos 2.500 años, recogía creencias de culturas
anteriores.
Recordemos que aun hoy la expresión “conocer” puede
tener una connotación sexual, como cuando María dice al ángel: “¿cómo puede ser
eso si yo no conozco varón?” Por
tanto, el árbol de la ciencia y la sensación de desnudez experimentado por Adán
y Eva significan que el hombre había entendido las implicaciones de la relación
sexual ya que hasta esa época no había
comprendido el fenómeno de concepción.
Fue esa la época de las primeras domesticaciones, como la del perro, que
hicieron que el hombre entendiera.
Apareció el sentido de la paternidad y se inició la familia monógama. El culto a los ancestros tomó fuerza.
La vida de los recolectores y cazadores era deliciosa,
con una dieta fácil aportada por la naturaleza, tiempo para el ocio y poligamia. En cambio, con la agricultura, el peor fraude
soportado por la humanidad, las cosas se complicaron: se dañó la dieta, aumentó
el hambre, hubo inseguridad, aparecieron la propiedad privada y las clases
sociales, debimos trabajar, en fin,
fuimos expulsados del paraíso. Hasta el
parto de las mujeres se complicó porque la vida sedentaria de los agricultores
estrechó el canal del parto, y ellas “parirán sus hijos con dolor”.
También la Paleontología y la Arqueología nos enseñan
hoy que en ese tiempo nació la religión como la conocemos hoy para dejar atrás
el chamanismo y otras formas de animismo (todas las cosas y los animales tienen
espíritu o alma). Aparecen el culto a la
diosa y al toro, símbolos de la fertilidad, tan importantes en los pueblos bíblicos. También los dioses adquieren características
humanas (antropomorfismo). En este
contexto, la caída es el paso dado por el hombre cuando se hizo agricultor o
sedentario y comenzó a sufrir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario