Como un as bajo la manga, un plan B, una cortina de
humo o el más ingenuo de los artificios para tratar de contrarrestar la
reacción popular contra la farsa de los diálogos de paz en La Habana, Juampa y
los inmaculados guerrilleros concebidos sin pecado han lanzado el embeleco
inútil de una comisión de la verdad, especie de catarsis engañosa o supuesta
garantía absoluta de que la barbarie no se volverá a repetir, con el único
propósito real de calmar los ánimos y de tratar de distraer a una comunidad que
pierde la paciencia.
Una comisión absolutamente inútil porque no va a
servir para juzgar a los implicados en los hechos desconocidos hasta ahora por
los jueces. Inútil, porque los delegados de las guerrillas mantendrán el discurso
de la fallida comisión histórica, tan distinto al del 90% de los colombianos y,
por ello, la “verdad” no logrará consenso.
Inútil, porque los elementos desconocidos de la barbarie
paramilitar-ejército-guerrilla son pocos, a diferencia de lo que pasó durante
los regímenes totalitarios como el argentino o el surafricano en los que tal
comisión sí estaba justificada.
Una comisión de la verdad debe comenzar por el
restablecimiento de la cátedra de Historia en nuestros colegios, contexto
imprescindible para que todos comprendamos.
Será una verdad parcial, una gran mentira, si no recordamos a Pol Pot,
la barbarie de la revolución cultural de Mao, los genocidios de Stalin o los
fusilamientos arbitrarios ordenados por el Che Guevara en Cuba. Sin historia, se mantendrá oculta la
responsabilidad de los maestros y las universidades públicas en el
adoctrinamiento de quienes en Colombia iban a repetir los campos de
concentración de Hitler. Por la historia
entenderemos la estupidez de unos colombianos que intentaron aquí desde 1964 lo
que ya había fracaso en otros muchos países y sigue fracasando en Venezuela,
Cuba y Corea del Norte.
Esta nueva puesta en escena de Juampa y sus amigos parece
más sospechosa por su precocidad, cuando los temas más importantes aun no se ha
definido en La Habana después de tres años de “carreta” y cuando sabemos que la
comisión de la verdad requiere un largo debate de unos tres semestres en el
Congreso para ser aprobada y unos tres años o más para que cumpla su misión; pero sobre
todo, que se haya firmado el acuerdo y aprobado por el pueblo.
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