martes, 7 de julio de 2015

Memoria histórica 

Como un as bajo la manga, un plan B, una cortina de humo o el más ingenuo de los artificios para tratar de contrarrestar la reacción popular contra la farsa de los diálogos de paz en La Habana, Juampa y los inmaculados guerrilleros concebidos sin pecado han lanzado el embeleco inútil de una comisión de la verdad, especie de catarsis engañosa o supuesta garantía absoluta de que la barbarie no se volverá a repetir, con el único propósito real de calmar los ánimos y de tratar de distraer a una comunidad que pierde la paciencia.

Una comisión absolutamente inútil porque no va a servir para juzgar a los implicados en los hechos desconocidos hasta ahora por los jueces. Inútil, porque los delegados de las guerrillas mantendrán el discurso de la fallida comisión histórica, tan distinto al del 90% de los colombianos y, por ello, la “verdad” no logrará consenso.  Inútil, porque los elementos desconocidos de la barbarie paramilitar-ejército-guerrilla son pocos, a diferencia de lo que pasó durante los regímenes totalitarios como el argentino o el surafricano en los que tal comisión sí estaba justificada. 

Una comisión de la verdad debe comenzar por el restablecimiento de la cátedra de Historia en nuestros colegios, contexto imprescindible para que todos comprendamos.  Será una verdad parcial, una gran mentira, si no recordamos a Pol Pot, la barbarie de la revolución cultural de Mao, los genocidios de Stalin o los fusilamientos arbitrarios ordenados por el Che Guevara en Cuba.  Sin historia, se mantendrá oculta la responsabilidad de los maestros y las universidades públicas en el adoctrinamiento de quienes en Colombia iban a repetir los campos de concentración de Hitler.  Por la historia entenderemos la estupidez de unos colombianos que intentaron aquí desde 1964 lo que ya había fracaso en otros muchos países y sigue fracasando en Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Esta nueva puesta en escena de Juampa y sus amigos parece más sospechosa por su precocidad, cuando los temas más importantes aun no se ha definido en La Habana después de tres años de “carreta” y cuando sabemos que la comisión de la verdad requiere un largo debate de unos tres semestres en el Congreso para ser aprobada y unos tres años  o más para que cumpla su misión; pero sobre todo, que se haya firmado el acuerdo y aprobado por el pueblo.






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