martes, 21 de julio de 2015

En serio y en broma

Iván Tabares Marín 

En la investigación que realicé sobre historia de las religiones me encontré algunos datos simpáticos que quiero compartir.  Pero comienzo con un apunte del inolvidable Facundo Cabral.  Dijo el Señor: “No desearás la mujer de tu prójimo… ni a tu prójimo.”

Se cuenta que paseaba el Papa Gregorio I por Roma y quedó tan impresionado por la belleza de algunos esclavos expuestos para la venta que preguntó por el origen de los mismos.  Le respondieron que eran “angli” (ingleses). El Sumo Pontífice sonrió con malicia y mirando al cielo exclamó: “Non angli  sed angeli” (no ingleses sino ángeles).

Cuenta Jalil Gibrán que semanas después de las bodas de Canaán paseaba Jesús por las calles de Nazaret cuando un vecino  lo detuvo y le dijo: “Señor, qué bueno que me lo encuentro.  Esta semana se casa mi hija y nos gustaría que usted nos acompañara”.  Jesús lo miró con cierta indiferencia y replicó: “¿es que no tienen vino?”.

 Así comentó el escritor Fernando Vallejo la declaración del Vaticano en el sentido de que la tercera revelación de la Virgen de Fátima se refería al atentado de Ali Agca contra el Papa Juan Pablo II:   “¡Valiente misterio! ¡De qué sirvió!  Ni evitó el atentado ni murió el Papa.  ¡Para qué tuvo la Virgen de Fátima a media humanidad en vilo por tantos años con semejante pendejada! ¡Qué desilusión, compadre! No vuelvo a rezar el rosario”.

El movimiento de los cátaros o puros se caracterizaba por vivir de manera estricta el Evangelio, pero fue considerado hereje por la Iglesia y por eso lo persiguió.  Por allá en 1233, los inquisidores interrogaban a un sospechoso en el sur de Francia.  El hombre alegaba: “¿cómo pueden pensar que soy un hereje?  Yo como carne, blasfemo, engaño, soy infiel a mi esposa: soy un cristiano como cualquiera otro.”

En la Edad Media muchos hombres eran castrados para cuidar el harem de los poderosos o simplemente para cumplir funciones como sirvientes.  En Bizancio era muy común que los eunucos se dedicaran a la vida religiosa.  Sin embargo, “había monasterios que no estaban dispuestos a aceptar eunucos ni muchachos jóvenes en sus comunidades, presumiblemente porque temían que provocaran perturbaciones sexuales”.  El emperador de Oriente León VI prohibió el matrimonio de eunucos con mujeres.

Cuando los primeros evangelizadores cristianos llegaron a la China, muchos nativos se preguntaban: “si Dios se había revelado, ¿cómo es que ha permitido que pasen tantos años sin informar a los chinos?

Si Saulo de Tarso, mejor conocido como Pablo, apareciera hoy en Jerusalén diciendo, como hace veinte siglos, que Jesús se le apareció y le encargó la misión de predicar su mensaje, con seguridad sería detenido por la policía y conducido  a un hospital siquiátrico para ser sometido a tratamiento especializado con el diagnóstico de Síndrome de Jerusalén. 

Los creyentes de todas las religiones se inventan curiosas artimañas para hacerles trampas a sus estrictas normas.  Al judío se le recomienda que no realice trabajo alguno el sábado, pero que puede pagar a otro para que lo haga.  El Dalai Lama nos dice que se puede visitar a una prostituta siempre que sea otro el que pague.  Los musulmanes chiíes ofrecen “matrimonios temporales” vendiendo a los hombres la autorización para tomar una esposa durante una o dos horas profesando los votos habituales para después divorciarse de ella cuando han terminado.









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