En serio y en broma
Iván Tabares Marín
En
la investigación que realicé sobre historia de las religiones me encontré
algunos datos simpáticos que quiero compartir. Pero comienzo con un apunte del inolvidable
Facundo Cabral. Dijo el Señor: “No
desearás la mujer de tu prójimo… ni a tu prójimo.”
Se
cuenta que paseaba el Papa Gregorio I por Roma y quedó tan impresionado por la
belleza de algunos esclavos expuestos para la venta que preguntó por el origen
de los mismos. Le respondieron que eran
“angli” (ingleses). El Sumo Pontífice
sonrió con malicia y mirando al cielo exclamó: “Non angli sed angeli” (no ingleses sino ángeles).
Cuenta
Jalil Gibrán que semanas después de las bodas de Canaán paseaba Jesús por las
calles de Nazaret cuando un vecino lo
detuvo y le dijo: “Señor, qué bueno que me lo encuentro. Esta semana se casa mi hija y nos gustaría
que usted nos acompañara”. Jesús lo miró
con cierta indiferencia y replicó: “¿es que no tienen vino?”.
Así comentó el escritor Fernando Vallejo la
declaración del Vaticano en el sentido de que la tercera revelación de la
Virgen de Fátima se refería al atentado de Ali Agca contra el Papa Juan Pablo
II: “¡Valiente misterio! ¡De qué
sirvió! Ni evitó el atentado ni murió el
Papa. ¡Para qué tuvo la Virgen de Fátima
a media humanidad en vilo por tantos años con semejante pendejada! ¡Qué
desilusión, compadre! No vuelvo a rezar el rosario”.
El
movimiento de los cátaros o puros se caracterizaba por vivir de manera estricta
el Evangelio, pero fue considerado hereje por la Iglesia y por eso lo
persiguió. Por allá en 1233, los
inquisidores interrogaban a un sospechoso en el sur de Francia. El hombre alegaba: “¿cómo pueden pensar que
soy un hereje? Yo como carne, blasfemo,
engaño, soy infiel a mi esposa: soy un cristiano como cualquiera otro.”
En
la Edad Media muchos hombres eran castrados para cuidar el harem de los
poderosos o simplemente para cumplir funciones como sirvientes. En Bizancio era muy común que los eunucos se
dedicaran a la vida religiosa. Sin
embargo, “había monasterios que no estaban dispuestos a aceptar eunucos ni
muchachos jóvenes en sus comunidades, presumiblemente porque temían que
provocaran perturbaciones sexuales”. El
emperador de Oriente León VI prohibió el matrimonio de eunucos con mujeres.
Cuando
los primeros evangelizadores cristianos llegaron a la China, muchos nativos se
preguntaban: “si Dios se había revelado, ¿cómo es que ha permitido que pasen
tantos años sin informar a los chinos?
Si Saulo de Tarso, mejor conocido como Pablo, apareciera hoy
en Jerusalén diciendo, como hace veinte siglos, que Jesús se le apareció y le
encargó la misión de predicar su mensaje, con seguridad sería detenido por la
policía y conducido a un hospital
siquiátrico para ser sometido a tratamiento especializado con el diagnóstico de
Síndrome de Jerusalén.
Los
creyentes de todas las religiones se inventan curiosas artimañas para hacerles
trampas a sus estrictas normas. Al judío
se le recomienda que no realice trabajo alguno el sábado, pero que puede pagar
a otro para que lo haga. El Dalai Lama
nos dice que se puede visitar a una prostituta siempre que sea otro el que
pague. Los musulmanes chiíes ofrecen
“matrimonios temporales” vendiendo a los hombres la autorización para tomar una
esposa durante una o dos horas profesando los votos habituales para después
divorciarse de ella cuando han terminado.
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