Una Babel virtual
Iván Tabares Marín
Uno de los principios básicos de la ciencia nos dice
que los conceptos aplicables a nuestro mundo espacio-temporal no se pueden
utilizar para describir el mundo de lo infinitamente pequeño ni el mundo
considerado como un todo
Así, cuando se trata del electrón, tendríamos que
llegar a resultados contradictorios como que la micropartícula está al mismo
tiempo en dos lugares distintos o que a veces se comporta como energía y otras
como masa. También nos dicen los
físicos cuánticos que el comportamiento de las corpúsculos del átomo se
modifica por el instrumento que utilizamos para mirarlos. La teoría de la
relatividad, por su parte, nos muestra un universo completamente distinto al
que descubrió Isaac Newton. Con las propuestas
novedosas de mundos paralelos y otras, el conocimiento se complica mucho y se
limita más el valor de las palabras. No
sabemos nada o, mejor, nuestro lenguaje poco nos sirve.
Por otro lado, si nuestras palabras cubren un mundo
tan pequeño, tampoco podemos extrapolarlas y tratar de expresar el mundo espiritual
o de Dios. Por otra vía, el filósofo
Emmanuel Kant llegó a la misma conclusión:
nada podemos afirmar de Dios o del alma.
Y hasta los orientales chinos e hindúes terminaron convirtiendo sus religiones en una moral
y nunca intentaron elaborar una teología.
Dios es, nos enseña la Biblia cristiana; pero nada más podemos especular
sobre él; nuestras palabra no sirven; Dios es inefable. Aquí está la explicación para la posición de
los agnósticos en materia religiosa.
Un paseo por las redes sociales me llevó a escribir
esta nota pues se ha vuelto insoportable, para creyentes y agnósticos, la
manera como cada quien utiliza el nombre de Dios como un comodín, adaptable a
cualquier circunstancia o capricho.
Todos abusamos de los códigos o del lenguaje. La oportunidad de opinar de lo divino y
humano en internet ha desatado la iniciativa de los ignorantes. La mayoría de los comentarios son
desconcertantes.
El referente más común es el
de las ideologías políticas o religiosas.
En las redes no se define el código desde el cual hablamos por lo que se
tiene la sensación de estar en la versión virtual de la torre de Babel. A un marxista le responde un uribista, luego
se entromete un católico y el ateo no se queda atrás. Mil idiomas incompatibles; pero a nadie
parece preocuparle ese caos. Se trata de
estar ahí… de escapar a la soledad… Babel.
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