martes, 9 de junio de 2015

La Metáfora de Don Quijotehttps://www.blogger.com/blogger.g?blogID=982884518468778620#editor/target=post;postID=3375400577807241453

 La metáfora de Don Quijote

Son varios los eventos señalados por los historiadores como el comienzo de la era moderna en Occidente: el descubrimiento de América, la Reforma, el Renacimiento y la invención de la imprenta.   Sin ninguna duda, en la lista debemos incluir la publicación de Don Quijote de la Mancha, la inmortal obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

Don Quijote se había pasado la vida leyendo novelas de caballeros andantes  y salió con su escudero Sancho Panza para verificarlas.  Quería acomodar las realidades a su esquema mental caballeresco y romántico a pesar de los continuos reproches de su fiel escudero.   Se creía un noble dispuesto a salvar el mundo de sus monstruos e injusticias en un sentido intento por conquistar a su amada, la bellísima Dulcinea.   A medida que transcurre la trama, el viejo empieza a curarse de su locura, a entender que las palabras y las cosas no se identifican y que su dignidad es similar a la del inculto Sancho.  La aventura es un fracaso y, al final, el caballero de la triste figura es derrotado.

No pudo entender el viejo hidalgo que la mitología que extravió su mente había tenido vigencia unos cuatro siglos atrás, en el corazón de la Edad Media, en ese tiempo romántico de juglares, de atracos y caminos inseguros, de valientes caballeros protectores de los débiles, y de poetas que cantaban a la mujer fascinante.  La nueva etapa de la historia, la moderna, necesitaba otros mitos que le dieran sentido y motivaran a muchos hombres y mujeres a construir una nueva sociedad.   Don Quijote es el pregonero de la nueva era.   Era el momento de crear nuevas leyendas que ya no asustaran a Sancho, al pueblo.

Esa parece un metáfora perfecta para interpretar el mundo en que vivimos.   El Quijote sigue siendo vigente.  Cuando creíamos ver un mundo de jueces limpios, de gobernantes preocupados por los derechos humanos, de ciudadanos respetuosos del contrato social, de una economía con oportunidades para todos y, en definitiva, de unos sacerdotes castos entregados a servir al que considerábamos el único Dios, nos hemos encontrado, otra vez, que las palabras y las realidades no cuadran, que necesitamos una nueva mitología que nos dé los medios para realizar el mundo que anhelamos. El gastado discurso de los derechos ya no funciona.  Necesitamos refundar la República, aunque sea con esos  ****  de las FARC.







  

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