La locura lúcida
Iván
Tabares Marín
No
es frecuente que una enfermedad mental sea considerada como prioridad pública
en la misma forma como puede serlo una infecciosa, aunque en el caso de la
personalidad antisocial debiera serlo, no solo por su incremento exagerado en
nuestra sociedad, sino también porque un programa bien orientado en este campo
nos permitiría disminuir la criminalidad y descongestionar las cárceles. Esa es una conclusión que usted puede obtener
del excelente texto La locura lúcida, escrito por el siquiatra egresado de Harvard,
el Dr. Carlos E. Climent, editado por Panamericana.
A
diferencia de lo que pasa con la mayoría de las enfermedades, este trastorno
pasa desapercibido para familiares, amigos y allegados por la capacidad que
estos pacientes tienen de manipular a los otros y de racionalizar su
comportamiento, como también por esa tendencia de todos a justificar a las
personas que amamos. Viven tan bien
camuflados los sicópatas que nunca nos imaginamos que uno de esos antihéroes o
malos de las telenovelas y películas pueda estar conviviendo con nosotros.
El
vecino que no recoge los desechos de su mascota, el funcionario público que
cobra una “mordida” por su trabajo o el conductor borracho; el médico que
engaña a sus pacientes con una droga que solo él vende y que no está incluida
en el Plan Obligatorio de Salud; el esposo de la infanta Cristina de España o
el seductor o la seductora que engañó a toda una empresa; el vecino que no
respeta a nadie y pone todo el volumen a su equipo de sonido, y en fin todo
aquel que no respeta las normas, desprecia a los demás, es frio y calculador,
puede ser un enfermo mental y puede terminar en la cárcel. El antisocial desconoce las normas, no paga
sus obligaciones, es insensible, un parásito; no reconoce méritos en otros, no
acepta críticas, no se arrepiente de nada; es impulsivo, irritable, agresivo,
culpabiliza a los otros, abusa de su familia y allegados; es irresponsable e
incapaz de amar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario