martes, 9 de junio de 2015

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¿Es el ateísmo posible?

Iván Tabares Marín

Europa entera no puede ocultar su estupor.   Todos allí buscan una explicación para el comportamiento de unos quince mil jóvenes, de las naciones más prósperas del mundo y con mejor calidad de vida, que decidieron dejarlo todo para meterse en el ejército del Estado Islámico con el propósito de matar a los infieles y crear un nuevo sultanato en los territorios de Irak y Siria.  Muchos de ellos están ansiosos por ser mártires de la causa, como los cristianos de la Iglesia primitiva.

Como los europeos, hemos experimentado algo parecido los colombianos en los últimos años cuando hemos visto llegar sacerdotes y  jóvenes extranjeros simpatizantes de la izquierda, como Tanja, cargados de romanticismo, también dispuestos a sacrificar su vida por los más pobres que son víctimas, no ya del Demonio, sino de la economía de mercado y el imperialismo yanqui que huele a azufre según dijo Hugo Chávez. No nos equivocaremos si concluimos que tanto en los europeos de la yihad como del ELN o de las FARC-EP opera el mismo proceso mental, la misma sicología, el mismo sueño alienante y hasta la misma ideología, aunque la una sea religiosa y la otra política.

A unos y otros, profetas y políticos, clero y partidos, los mueve el mismo deseo redentor; todos creen obedecer a un mandato superior trascendente y espiritual o profano y popular.  Aunque los guerrilleros se declaren ateos, parecen venerar a otro dios, una especie de Cristo místico, símbolo de la plebe.  Fue el genial Thomas Hobbes (1588- 1679) quien primero afirmó la identidad de la religión y la política en la medida en que comparten las mismas raíces en la naturaleza humana.  ¿Cómo no van a ser la misma cosa religión y política si el exguerrillero expresidente de Uruguay, José Mujica, parece la reencarnación del pobre de Asís?

Si avanzamos un poco, tenemos que concluir que el ateísmo no es posible.  ¿Cómo puede ser  posible, si quien toma un fusil se parece tanto a quien toma una cruz para salvar a sus hermanos?  El asunto parece, más bien, una cuestión semántica.  ¿O será que la teología tampoco es posible? Religión y política no son más que intentos del hombre para llenar esa falta o vacío que nos constituye: son las ilusiones que mantienen la esperanza.  Ese miedo fundamental que somos nos lleva a la parroquia y a la plaza pública con el deseo inconsciente de encontrar una respuesta que  no llega.



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