martes, 13 de septiembre de 2016

EL GOL DE URIBE



Los mamertos de todo el país no podían estar más disgustados por un artículo de prensa publicado por James A. Robinson antes de Navidad en El Espectador.

Él es un profesor de  la Universidad de Harvard, experto en política y economía latinoamericana y africana, considerado como uno de los mejores en este campo.  Con su colega fdel Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Daron Acemoglu, publicó en 1212 el libro Por qué fracasan los países.  Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. 

La tesis del artículo que enloqueció a la izquierda es esta: “La redistribución de la tierra no puede ser la forma de resolver los conflictos en Colombia, porque por su naturaleza la reforma agraria es de suma cero: o lo tengo yo y  tu no, o al contrario.  Nada es más propenso al conflicto”.  En otros términos –es mi interpretación- los diálogos de paz de La Habana, soportados por la reforma agraria que quieren los comunistas y los terroristas narcotraficantes de las Farc, son inútiles y nos llevan al abismo.  Gol de Uribe.

Como no soy economista, no pretendo confirmar o destruir ese planteamiento, aunque rogaré a todos los dioses que esté equivocado.  Simplemente quiero referirme a la forma burda como intentamos destruir las palabras del otro con todo tipo de insensateces ideológicas cuando no tenemos nada  para aportar al debate.  Es posible que tres columnistas del periódico citado tangan razón cuando califican las conclusiones del Profesor  como cínicas, estúpidas e inmorales; pero sería al menos más elegante y racional que presentaran sus teorías sin insultos.

Como era de esperarse, no faltó la reacción, esa sí con altura y sin insultos, del economista Salomón Kalmanovitz, quien no pudo resistir a su vieja militancia en la izquierda para encontrar argumentos contra la propuesta de Robinson.  Rodolfo Arango también intervino en el debate que según él debe continuar: “Mucho de lo que afirma el profesor de Harvard es cierto y bien intencionado”.  Sin embargo, cree Arango que ese análisis “yerra por falta de contexto histórico y por reduccionismo económico”. 

La tesis de Robinson ha tenido otros argumentos: muchos desplazados no quieren regresar al campo; el hecho de darle tierra a un campesino no tiene, por sí mismo, mayor implicación económica en un mundo tecnificado y competitivo; es condenarlo a la miseria.  Debates como este generan más escepticismo con relación a los acuerdos de paz de La Habana.




No hay comentarios:

Publicar un comentario