Oseas era un
profeta de Israel que por mandato de Yahvé se casó con una prostituta. En la interpretación más corriente del texto,
se trata de una metáfora de la relación de Dios con su pueblo que continuamente
le es infiel cuando adora a otras deidades.
En sexología, el complejo de Oseas corresponde al Síndrome de la madona
prostituta, padecido por aquellos varones que solo pueden tener relaciones
sexuales pagas y no se las permiten con su esposa, como si el sexo fuese algo
sucio o pecaminoso.
Existen otras
versiones del complejo de Oseas. Conocí
el caso de un profesional que tomó muy en serio la ideología marxista y se casó
con una obrera; pero como esa unión funcionó mal, asumió la línea China del
camarada Mao y se casó con una campesina, enlace que tampoco duro mucho tiempo.
¿Qué hay en nuestro inconsciente que nos lleva a tomar decisiones equivocadas,
tanto a las mujeres como a los hombres, en el momento de elegir pareja? Muy posiblemente la elección es el resultado
de nuestras cualidades y de nuestros defectos, lo que en términos religiosos
podemos resumir en la frase de Jesús: “el que mucho tiene, mucho se le dará; el
que poco tiene, lo poco que tiene se le quitará”. En términos sicológicos: la persona madura,
amará a personas maduras; quien tiene problemas de identidad encontrará alguien
con todo tipo de complejos y trastornos emocionales.
Dejemos la
Biblia y volvamos a la lucha de clases en la cama. Jean Paul Sartre, el gran filósofo
existencialista, se volvió, como el MOIR, seguidor de la revolución campesina y
criticaba a Marx por no haber tenido en cuenta que el hombre no nace cuando
recibe el primer salario sin plusvalía; no podemos entender al ser humano si no
comprendemos su infancia, su deseo y sus frustraciones. Tal vez el Dr. Freud nos puede explicar mejor
que el mismo Marx por qué un campesino se hace guerrillero. Quizás el maestro Eduardo Escobar pensaba en
estas cosas cuando dio una de las mejores definiciones de “mamerto” que yo haya
leído: es aquella persona que no ha podido resolver el problema de su vida,
pero que vive convencido de que puede enseñarles a los otros la forma de
enfrentarla.
Todas esas ideas desordenadas complicaron mi
cerebro por una segunda lectura que hice del libro La locura lúcida, del
psiquiatra Carlos E. Climent, subtitulado Antisociales, narcisistas y borderline (estos últimos son aquellos
pacientes que se encuentran es el límite de lo normal y lo patológico en su
comportamiento emocional). Ese texto
muestra el incremento tan grande de los problemas psiquiátricos no sicóticos en
nuestra comunidad, cómo pasan desapercibidos y cómo nunca consultamos al
especialista. Quienes sufren esas tres
patologías son expertos en camuflarse, convencer a los otros y seducirlos en
tal forma que la sus parejas y su familia no alcanzan a darse cuenta, muchas
veces, de que son sus víctimas. La
violencia intrafamiliar y los conflictos de pareja tienen una explicación
psiquiátrica que hemos ignorado
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