miércoles, 7 de septiembre de 2016

DE UNA GUERRILLA DE DERECHA A OTRA DE IZQUIERDA




Siempre he considerado ambiguos los calificativos de izquierda y derecha aplicados a los movimientos guerrilleros, en particular al M-19, dados sus claros vínculos con el peronismo y con la ANAPO del General Rojas Pinilla. Significativo es el vínculo del médico Carlos Toledo Plata, uno de los fundadores del M-19, con esos dos movimientos de derecha.  También debemos recordar la importancia del catolicismo y su teología de la liberación en la organización revolucionaria gaucha como la ruptura que se dio entre las FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias, y la izquierda marxista. En Colombia, además, se complica el análisis si algunos líderes del M-19, como Iván Marino Ospina, fueron expulsados de las FARC.

Toda esa confusión obedece, sin duda, a que estos movimientos revolucionarios aparecieron en nuestra América cuando el descrédito del marxismo era un hecho en todo el mundo, aunque su fracaso definitivo no se hizo evidente hasta el año 1989 con la simbólica caída del Muro de Berlín.  Es la misma confusión que apreciamos en todos esos partiditos de la mal llamada izquierda colombiana, en los que cabe toda la gama del espectro político siendo los casos del Polo y de la Alianza Verde los más llamativos.  Por eso, tal vez, presenciamos el desacuerdo entre Navarro Wolff y Gustavo Petro cuando este empezó a incurrir en todo tipo de errores y arbitrariedades en su paso por la alcaldía de la Capital.

Si el enredo es grande entre los líderes de ese sancocho llamado Polo Democrático Alternativo, mayor es entre los ciudadanos mal informados que nada saben de ideologías.  No, para el pueblo todos esos movimientos contestatarios, sean de derecha o izquierda, son la esperanza o la vía adecuada para expresar su impotencia y su protesta contra una casta política tradicional descaradamente corrupta e inepta.  Al menos dos ejemplos confirman el planteamiento anterior.  Uno, cuando Petro se retiró del Polo, organizó su partidito y obtuvo los votos de los inconformes bogotanos, mientras Aurelio Suárez, el candidato oficial del Polo, apenas sí superó el uno por ciento de los votos. Dos, Pasto y Nariño han sido gobernados, con excelentes resultados, por militantes de la izquierda, pero ninguno tiene una clara tradición marxista.  Recordemos los últimos cinco gobernadores de Nariño: Parmenio Cuéllar, Eduardo Zúñiga, Antonio Navarro Wolff, Raúl Delgado y Camilo Romero; todos ellos han realizado una excelente gestión que contrasta con los desaciertos de “Lucho” Garzón, Clara López, el nieto del General Rojas Pinilla y Gustavo Petro en Bogotá.

La conclusión me parece obvia: si las FARC hacen las cosas bien, podemos apostar que sin mucho esfuerzo podrán tomarse indefinidamente las alcaldías de Pasto y Bogotá como la gobernación de Nariño; pero la condición para que eso suceda es elemental: que sus elegidos actúen como Navarro y no como Petro.  Mas si a la Presidencia logran llevar un personaje con el estilo de Petro, el castro-chavismo se tomaría a Colombia, y quienes votaron “sí” en el plebiscito se arrepentirán de haberlo hecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario