“La idea de
que se hable de mí en la posteridad me impulsa a una especie de anhelo de
inmortalidad”
Aunque la
frase anterior parece pronunciada por el Presidente Santos, no lo es; es de
Cicerón, el senador y cónsul romano que enfrentó en el año 63 a C. a su enemigo
político Catilina con un discurso que hasta el día de hoy ha suscitado
numerosas controversias. Cualquiera
puede confundirse con la autoría de aquella cita porque tiene la imagen reciente
de nuestro Presidente obsesionado por firmar un acuerdo de paz a cambio de lo
más parecido a la inmortalidad como puede ser el premio Nobel, aunque para ello
ponga en peligro el futuro de la nación, más del 70 por ciento de los
colombianos reprueben su gestión y la mitad de sus súbditos negarán el
plebiscito refrendador.
También se ha
dicho de Santos lo mismo que en aquella época se le criticó a Cicerón: “utilizó
los problemas del Estado para su propia gloria”. No obstante, el triunfo del cónsul sobre
Catilina marcó el comienzo de su decadencia hasta cuando fue cruelmente
asesinado durante la guerra civil desencadenada por el magnicidio de Julio
César pocas años después. ¿Pasará Santos
con honores a la historia o serán los acuerdos de La Habana el principio de su
decadencia? Y si esto último sucede,
¿encontrará los votos de otro Uribe para reivindicarse en la pelea política?
Hay más
analogías en la Historia de la Roma antigua con la situación actual de nuestra
patria. Así como Santos titubeó un discurso para señalar a los familiares y
amigos de Uribe Vélez como delincuentes encarcelados o a punto de serlo, al
mismo tiempo que se exhibía como el líder limpio y honesto, rodeado de una
familia ejemplar y unos amigos políticos intachables, Cicerón utilizó las
informaciones –las “chuzadas” de ese tiempo- de sus espías para denunciar a su
adversario como el más peligroso enemigo de la República. Catilina no encontró otra salida que huir y
unirse a su ejército para ser derrotado y muerto pocos días después.
Era tal el
poder que Cicerón había logrado entonces -a punta de lo que ahora llamamos
“mermelada”- que se “blindó” por medio de decretos dictatoriales
extraordinarios y el vociferante apoyo de muchos senadores (Roy, Benedetti,
Velasco…) para ejecutar de manera sumaria con falsos testigos a los seguidores
de Uribe (Catilina) porque atentaban contra la seguridad del Estado y eran
guerreristas. Nadie ha podido definir
cuál de los dos, Uribe o Santos, representa los verdaderos intereses de la
democracia. ¿Qué habría pasado si la
pelea (el plebiscito) la hubiese ganado el otro? El triunfo de Cicerón preparó una nueva
guerra civil que habría de llevar al fin de la República y al establecimiento
de un emperador o populista, Octavio Augusto (Timochenko)
“El
enfrentamiento entre Cicerón y Catilina ante el senado es el momento culminante
de toda la historia”, escribe Mary Beard en su texto SPQR, Una historia de la
antigua Roma, Planeta, Julio del 2016.