sábado, 27 de agosto de 2016

EL NARCISISMO DE LAS MINORÍAS




Por algunos comentarios expresados en la edición virtual de mi nota sobre la educación sexual como algo imposible, conviene retomar la cuestión del narcisismo de las minorías, calificativo que no inventé y que parece poco conocido en nuestro país. 

El narcisismo de las minorías es universal y podemos encontrar sus efectos todos los días.  Piénsese, por ejemplo, en los adjetivos usados por estos movimientos para autocalificarse como orgullo gay, dignidad cafetera, poder negro, etc.; qué tal “el orgullo que siento de haber nacido en mi tierra” de un colombiano maltratado en un país extranjero, o la justificación de un grupo de mineros bolivianos, mimados por Evo, para asesinar a un alto funcionario del Estado; las Madres de la plaza de mayo se creyeron mejores que el resto de los argentinos para saludar con mucha satisfacción el ataque terrorista de 9/11, lo mismo que los sindicatos de ese país cuando realizaron una marcha, pocas semanas después, encabezada con las imágenes del Che Guevara y Osama bin Laden; la chocante reacción paranoica de la Ministra Gina Parody y el discurso agresivo y descalificador de Claudia López, en el debate del Congreso, contra las mayorías que expresaron públicamente su inconformidad contra la cartilla de Colombia Diversa y la ONU.


El maestro Estanislao Zuleta utilizaba un término muy simpático para explicar el narcisismo: somos euyóicos.  Es decir, creemos que nuestra manera de ser o de pensar es la correcta, la adecuada, la buena o el modelo, aunque en realidad esa forma de vernos no es más que una ilusión porque, en sentido estricto, ese yo no es más que una extravagancia o una creación de nuestro cerebro.  Entiendo que todos nos molestamos cuando leemos ese último comentario por primera vez porque nuestra religión, el sentido de pertenencia a una nación y hasta el sentido de la vida se apoyan en la existencia de la subjetividad como lo más real.

Ahora bien, si el narcisismo personal es una ilusión, también lo es el narcisismo de las minorías o de cualquier comunidad, como continuación o proyección de aquel.  Cuando entendemos esto, empezamos a comprender todo el pensamiento moderno; a apreciar la estupidez de toda vanidad; a darnos cuenta de que la discriminación del otro es una tontería y es, entonces, cuando todos estaremos de acuerdo con esta sentencia de Jacques Derrida:

“Por lo tanto, no vacilo en apoyar, por modesta que sea, causas tales como las de las feministas, los homosexuales, los pueblos colonizados, hasta el momento en que desconfío, hasta el momento en que la lógica de la reivindicación me parezca potencialmente perversa o peligrosa.”

La mayoría de los colombianos defendemos nuestra Constitución Nacional porque reconoce y valora los derechos de las minorías; pero no somos conscientes de la forma como esas minorías tienden a abusar de los títulos recibidos o de los beneficios otorgados.  El narcisismo de las minorías indígenas, desplazadas, homosexuales, feministas, políticas y demás le están haciendo daño a la Nación, y no podemos caer en su juego. 

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